WFB, por Manuel Pastor

WFB es, por supuesto, como firmaba sus obituarios, notas y comentarios a sus lectores el inolvidable William F. Buckley Jr. (New York City, 1925 – Stamford, Connecticut, 2008). Acaba de publicarse una excelente biografía suya de Alvin S. Felzenberg, A Man and His Presidents. The Political Odyssey of William F. Buckley Jr.

No voy a hacer aquí una recensión de la obra, sino un comentario personal. Lo primero que me intrigó de la misma es que el autor dedica la biografía de un destacadísimo intelectual conservador (Republicano) americano a un, digamos, importante intelectual liberal (Demócrata) de la misma nacionalidad y de la misma generación: “To the memory of Paul E. Sigmund Sr., 1929-2014. Professor of Politics, Princeton University, 1964-2014. In gratitude” (p. v).

Casualmente conocí al profesor Sigmund. En el verano de 1979 gocé de una breve estancia en la Universidad de Princeton en New Jersey haciendo investigaciones para opositar a una plaza de profesor adjunto de Ciencia Política en la Universidad Complutense. Residía en la famosa Peacock Inn (en la misma habitación que ocupara en sus días Scott Fiztgerald, según me aseguró el manager), y el profesor Sigmund me fue a buscar con su coche para llevarme a un tour por el campus y la biblioteca, y luego invitarme al lunch en el club de los profesores. Posteriormente, en los años ochenta, yo le invité en nombre del Rector a los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander, y contribuyó con un artículo a una obra colectiva que edité: Ideologías y movimientos políticos contemporáneos (Madrid, 1981). En otra ocasión visitó Madrid y tuvimos una comida con otros colegas en un restaurante de Argüelles. Además hemos tenido amigos comunes: mi colega el profesor español Javier Roiz (con el que escribió y editó un libro colectivo sobre EEUU), y mi querida amiga neoyorquina –tempranamente desaparecida- Ardith Dentzer y su familia residente en Larchmont, NY.

WFB con Ronald Reagan

WFB con Ronald Reagan

Al propio WFB tuve la oportunidad de saludarle una vez, pocos años antes de su muerte, en el aeropuerto de Philadelphia cuando esperábamos un vuelo a Madrid.

Creo que WFB conocía bien lo escritos del profesor Sigmund, de gran valor académico, sobre el pensamiento tradicional católico desde la Edad Media, y la política de las democracias cristianas contemporáneas en Europa e Hispanoamérica (Chile en particular). Ambos, WFB y Sigmund, eran católicos y hablaban perfectamente el español, aunque pertenecían, como dije, a partidos rivales: Buckley fue un importante pensador, estratega y consejero del ala conservadora del partido Republicano (y en particular de los candidatos presidenciales Robert A. Taft, Barry Goldwater,  inicialmente Richard Nixon, y Ronald Reagan), mientras Sigmund, de perfil más profesoral, estaba vinculado por matrimonio a la influyente familia de Hale Boggs, muy conectada con el clan Kennedy desde la época de la presidencia de JFK.

Aunque WFB ha tenido excelentes biógrafos (Sam Tanenhaus, John B. Judis, Charles L. Markmann, Linda Bridges & John R. Coyne, Priscilla Buckley, Reid Buckley, Christopher Buckley, y Lee Edwards, principalmente), la obra de Alvin S. Felzenberg me parece la más completa, imparcial y profunda en su análisis político. Es también la que ofrece, a mi juicio, un panorama histórico más completo y agudo de la política estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, como trasfondo a la odisea personal del protagonista biografiado.

WFB, artista de la lengua y experto en las palabras polisilábicas, inventó expresiones ya clásicas en el léxico político americano como “empirical Conservatism”, “anti-anti-comunism” (él fue uno de los primeros conservadores injustamente insultado como “fascista” o “cripto-nazi” por los progres como Gore Vidal), “moral equivalency”, “paradigmatic campaing”, “the Buckley rule”, “the Tablet keeper”, “Welfare populists”, etc., o la famosa y para muchos enigmática frase “to immanentize the escathon”, destilada de la filosofía política de Eric Voegelin.

No feo, pero sí católico y sentimental. Su peculiar conservadurismo católico-libertario, en gran medida inspirado también por personalidades ex comunistas como James Burnham, Max Eastman, Wittaker Chambers, Willmoore Kendall y Frank Meyer, tuvo una marcada impronta de anti-comunismo, anti-progresismo, anti-fascismo y anti-anti-semitismo.

Felzenberg nos revela datos que eran poco conocidos, como su cierta empatía, pese a las diferencias ideológicas, con Lyndon B. Johnson, la amistad personal temprana y duradera con Henry Kissinger (él se lo presentó a Nixon), pero no menciona otro dato curioso: que WFB se consideraba el discípulo americano de Ortega y Gasset, y que durante años pensó y trabajó en una tesis u obra (nunca publicada) que pretendía ser la secuela a La rebelión de las masas del maestro español.

WFB con George Bush padre

WFB con George Bush padre

Gran escritor, autor de varias obras clásicas de pensamiento político, de varias novelas políticas, de centenares (o miles) de artículos y ensayos, agitador político y maestro en debates públicos, con su popular programa televisivo de entrevistas Firing Line, WFB fue también un gran deportista (practicante de vela y de esquí), un melómano (aunque no consideraba que los Beatles produjeran exactamente música) y practicante del clavicordio. Instructor de lengua española en Yale y, brevemente, agente de la CIA.

Junto a su mentor filosófico político (“the permanent and leading intellectual force”) James Burnham, a través de National Review y las respectivas obras de ambos, fueron los principales ideólogos, estrategas y teóricos de la Guerra Fría, que finalmente ganó Occidente bajo el liderazgo del “pupil” de ambos, Ronald Reagan, del que WFB sería una especie de “ministro sin cartera”.

Aunque defendió con pruebas y argumentos a Joe McCarthy (anti-comunista, pero también héroe en la Segunda Guerra Mundial contra el nazi-fascismo) generalmente fue enemigo de los extremistas, de derechas (Robert W. Welch y la John Birch Society, el KKK, etc.) y de izquierdas (comunistas, terroristas de cualquier signo, incluso los demócratas anti-americanos). Quizás su más polémica frase fue la que escribió con motivo de la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII: “Madre, sí. Maestra, no”. Aunque es muy probable que se hubiera ratificado en ella ante las doctrinas del Papa Francisco.

En mi personal opinión previó con lucidez  -Felzenberg sostiene que nunca resolvió en su mente “la tensión entre su elitismo y su populismo” (p. 44)- el advenimiento del populismo de izquierdas, estatista o “Welfare populism”, cuyo modelo era el peronismo argentino (p. 158), y lo diferenció del populismo positivo, de derechas, capitalista democrático, liberal-conservador y anti-Establishment, que representó Reagan (y posiblemente hubiera detectado en Trump).

Sus principales obras de pensamiento político, sin duda, fueron God and Man at Yale: The Superstitions of Academic Freedom (Regnery, Chicago, 1951), Up from Liberalism (McDonell, Obolensky, New York, 1959), McCarthy and His Enemies, con Brent Bozell (Regnery, New York, 1954), Rumbles Left and Right: A Book  About  Troublesome  People and Ideas (Putnam, New York, 1963), Odyssey of a Friend: Whittaker Chambers, Letters to William F. Buckley, Jr. (Putnam, New York, 1969), United Nations Journal: A Delegate´s Odyssey (Putnam, New York, 1974), Gratitude: Reflections on What We Owe to Our Country (Random House, New York, 1990), In Search of Anti-Semitism (Continuum, New York, 1992), The Reagan I Knew (Basic Books, New York, 2008), y Athwart History, ed. by L. Bridges and R. Kimball (Encounter Books, New York, 2010).

Manuel Pastor

CATEDRÁTICO DE TEORÍA DEL ESTADO Y DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UCM, MIEMBRO DEL CONSEJO ASESOR DE FLORIDABLANCA

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