Vox populi, vox diaboli

julio 06, 2015

Si los resultados de las elecciones griegas celebradas hace ahora escasos meses anunciaban una etapa de incertidumbre, el resultado del “referéndum” convocado hace menos de una semana por el Gobierno griego revelan que la anunciada etapa ha pasado a ser una constatación que afecta a todos y cada uno de los miembros de la Comunidad Económica Europea.

(Foto: Lorenzo Gaudenzi / Creative Commons)

(Foto: Lorenzo Gaudenzi / Creative Commons)

El Gobierno de Alexis Tsipras ha demostrado ser un gobierno populista. Hay quien se mostrará contrario al adjetivo, alegando que no es tal sino un ejemplo de democracia. En la mayoría de los casos, la argumentación a favor del “ejemplo de democracia” se ampara en el referéndum obviando que este es, en palabras de Giovanni Sartori, “un modo de decidir viciado por defectos intrínsecos”.

No es difícil encontrar algunos “defectos intrínsecos” en el referéndum griego. El primero de ellos es la carga emotiva impulsada por el propio Gobierno de Syriza. Basta con observar el lenguaje negativo usado por sus ministros: “lo que hacen con Grecia tiene nombre: es terrorismo”; “El FMI tiene una responsabilidad criminal en la situación actual de Grecia”; etc. El segundo, es el poco tiempo del que han dispuesto los ciudadanos griegos y sus representantes para hacer campaña a favor del SÍ o del NO, lo que les ha impedido atender a más argumentos que los propiamente pasionales o, si se prefiere, a asentar lo escuchado con el fin de meditarlo y decidir fríamente sobre su futuro (y el del resto de europeos, ya que afecta a todos los miembros de la Comunidad Europea). El tercero, y último, es de carácter logístico, es decir, de asegurar que todos los ciudadanos puedan votar de acuerdo a criterios de proximidad respecto de sus casas, de información, etc. En este último caso, sorprende recordar cómo se han elaborado y preparado referendos como, por ejemplo, el relativo a la Constitución Europea en 2005.

Todo referéndum debe garantizar no sólo que el ciudadano pueda participar, sino también que disponga del tiempo y la información necesaria para poder decidir libremente porque, si bien el pueblo no siempre tiene la razón, si tiene el derecho de equivocarse. En caso contrario, ante una ausencia de información y tiempo, el referéndum pasa de ser la vox populi a la vox diaboli.Sello

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