Una sanción obscena, por Eugenio Nasarre

Sanción Obscena

La muerte de Sócrates, de Jacques-Louis David, 1787

He recabado información de fuentes de la máxima solvencia. Y me han confirmado que, efectivamente, está previsto por la dirección del Grupo Popular de la Asamblea de Madrid que a los tres diputados del PP que no votaron conforme a las directrices del Grupo en la proposición no de ley relativa a los “vientres de alquiler” se les impondrá la sanción “establecida en las normas del Grupo para los casos de indisciplina”. En dichas normas se prevé que si la indisciplina provocara la pérdida de la votación, la sanción se doblaría. Y este es el supuesto que se pretende aplicar.

No me lo podía creer. Y todavía no salgo de mi asombro. Confieso que me  avergüenza pertenecer a un partido capaz de cometer tal dislate y de despreciar el significado y valor del voto en conciencia en materias de gran alcance ético y que afectan a convicciones jurídicas y morales muy hondas. Creer que un partido político y un grupo parlamentario son como un cuartel, en el que rige como criterio máximo  la “obediencia debida”, es más que un grave error. Es más que asumir una concepción autoritaria de la política. Es sencillamente vivir fuera de los tiempos y hacer imposible la existencia de un partido moderno. Mantener estas prácticas es radicalmente incompatible con cualquier propósito regenerador de la vida pública. Y perseverar en ellas, mientras se proclaman los compromisos de “regeneración, transparencia, participación”… y bla bla bla, pertenece a la peor de las hipocresías.

La sanción prevista en las normas del Grupo Popular de la Asamblea de Madrid es descabellada. El agravamiento de la pena en función del resultado de la votación escapa a cualquier consideración jurídica. Hace depender la sanción del comportamiento de terceros. En efecto, si tres diputados del Grupo socialista, por ejemplo, hubieran votado a favor de la moción, la sanción se reduciría a la mitad. ¿Quién ha concebido una norma tan arbitraria e injusta?

Pero en este caso, además, los tres diputados de la Asamblea de Madrid van a ser sancionados por haber votado con el mismo criterio con que lo hicieron hace escasos meses sus compañeros de partido en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento Europeo ante la misma cuestión debatida. No está de más recordar la razón del sentido del voto: “por ser contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como una materia prima”. No estamos en presencia de una cuestión baladí. Estamos ante un debate en el que están en juego principios que afectan al sentido mismo de la dignidad humana. ¿Se puede exigir a los miembros de un partido que, por obediencia debida, cambien el sentido del voto mantenido hasta ahora por su partido, forzándoles a votar, además, en contra de sus convicciones? ¿No es éste un caso extremo de banalización de la política? ¿No es éste un ejemplo mayúsculo del deslizamiento de la política hacia un descarnado pragmatismo al servicio del puro poder?

Una sanción se impone porque la conducta del sujeto sancionado merece reproche. Los que dicten la sanción tienen que justificar el carácter reprobable del comportamiento de los tres diputados. El PP de Madrid tiene un Comité de derechos y garantías de sus afiliados. Este caso es tan emblemático por afectar a derechos esenciales de los afiliados y de sus representantes que debería ser abordado por el Comité. El PP de Madrid no puede resignarse a aceptar sin más tan penoso y lamentable episodio.

Muchos de los males que estamos padeciendo estos días (y el bloqueo de la situación política tras las elecciones del 20D no es ajeno a ellos) obedecen a los vicios que se han ido enquistando en los comportamientos de nuestros partidos políticos. Una auténtica regeneración democrática exige, por encima de todo, cambiar comportamientos viciados. La libertad es el oxígeno de la política democrática. El PP no ha sido capaz hasta ahora de amparar el voto en conciencia de sus afiliados que ejercen funciones representativas en todos los casos que afectan a sus convicciones morales. Ha llegado el momento de dar este paso. Este vergonzoso episodio debe ser el último en que esenciales derechos de los afiliados y sus representantes en cualquier partido moderno  se vean conculcados.

Eugenio Nasarre | Consejo Asesor de Floridablanca
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