Por una Europa fuerte y unida

En Floridablanca creemos en el proyecto europeo. En primer lugar, porque el proceso de integración ha sido el medio que ha hecho posible el más largo periodo de paz que el continente recuerda. Tras el desastre que supuso la II Guerra Mundial, Europa se levanta como espacio de concordia entre naciones históricamente enfrentadas.

Europa es mucho más que una mera suma de estados. Es, ante todo, un legado de civilización, una comunidad de valores compartidos: la libertad, la democracia y los derechos humanos están en los cimientos de la construcción europea. Un proyecto construido frente al totalitarismo y al nacionalismo excluyente que siempre han resultado terriblemente destructivos. La libertad, el Estado de derecho y la democracia representativa son los fundamentos políticos de Europa, y sin ellos no se explica la sociedad del bienestar que disfrutamos, resultado de la institución del mercado común.

Los padres fundadores establecieron los principios de un proyecto basado en la confianza, en la voluntad de cooperación y en el consenso. Todos ellos entendieron que la idea de Europa sólo tendría cabida si se sustentaba sobre unos valores y como respuesta a una experiencia histórica, hoy presente en el imaginario social pero desgraciadamente ausente de la memoria colectiva. La ejemplar labor de los padres fundadores se erige hoy como referente para vindicar la continuidad del proyecto común europeo. En tiempos de adversidad e incertidumbre, ellos supieron poner en marcha una idea de futuro y esperanza.

Además, España es inconcebible sin Europa. No se trata solo de nuestra indudable aportación histórica al acervo cultural europeo. Nuestro desarrollo democrático contemporáneo ha estado estrechamente ligado a la comunidad europea. De hecho, la Transición se hizo con el telón de fondo de la integración, un objetivo compartido que ha constituido una de las bases más firmes del consenso constitucional. La recuperación de nuestra vocación europea es, sin duda, uno de nuestros grandes éxitos colectivos de las últimas décadas. Tengámoslo en cuenta, tanto partidos políticos como la sociedad civil.

Es cierto también que el proceso de integración no ha sido fácil, ni ha estado exento de errores. Es mucho lo conseguido, pero también hay cosas que cambiar. La etapa de incertidumbre que se ha abierto no debe llevarnos al pesimismo ni a la inacción. Debemos ser capaces de responder a los cambios que se están produciendo relanzando el proyecto europeo como lo que originalmente fue, una idea de futuro. Hay que recuperar los valores fundacionales y proyectarlos como garantía frente al populismo y las fuerzas disgregadoras. Europa, más que nunca, debe alzarse como espacio de libertad, en su doble dimensión económica y política.

Europa no puede permitirse su propio fracaso. El camino no es la salida sino la reforma. El proyecto europeo está todavía por hacer. Con responsabilidad y liderazgo seremos capaces de construir una Europa más libre, más unida y más solidaria. Todos debemos contribuir, porque nos va el futuro en ello.

Sello

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