Un debate necesario: reivindicación del Partido Popular, por Eugenio Nasarre Goicoechea

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Foto © El País

No se podría entender la trayectoria de la democracia española que se inauguró con la Transición sin el papel esencial  desempeñado por el Partido Popular. El PP logró, sobre todo a partir del inicio de los años noventa, convertirse en la expresión política del centro-derecha de España. Mantuvo durante más de dos décadas una amplia base social, a la que supo representar políticamente en torno a unas ideas básicas, que configuraron un auténtico y potente proyecto nacional para España. El Partido Popular sirvió, también, para el impulso y modernización de la familia de partidos populares de Europa, comprometidos en hacer realidad los ideales de los “padres fundadores”, que diseñaron un destino común en paz y libertad para los europeos.

El Partido Popular, concebido como la “casa común” del centro-derecha, es necesario para la democracia española. Si se debilita, se fragmenta o se produce en él una mutación que le aleje de su genuino proyecto histórico, la democracia en España se deslizará por derroteros indeseables. Ahora se pone en solfa el modelo de bipartidismo, que ha permitido la alternancia y la modernización de la vida española. Una gran nación necesita un sistema de partidos fuertes que respondan a las corrientes históricas que han ido configurando la realidad nacional. ¿No nos importa ver lo que sucede en Alemania, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos y sus modelos de partidos? Mas el mantenimiento de grandes partidos nacionales es una tarea ardua, que exige una tensión ideal permanente, fortalecer los principios en que se sustenta, avizorar los signos de los tiempos, representar la solidaridad entre las generaciones y procurar siempre la cercanía de su complejo electorado.

Los resultados de las elecciones del 24 de mayo son muy graves. Todos lo sabemos y ya no es posible practicar la política del avestruz. El gran aviso lo dieron los electores en los comicios europeos del pasado año. ¿Se atendió aquel mensaje? ¿Se intentó entender lo que significaba? ¿Se hizo un análisis sincero y profundo de los cambios que en la sociedad española se estaban experimentando, mientras atravesábamos la más severa y prolongada crisis económica de los últimos tiempos? ¿Por qué no se hizo lo que cualquier gran partido tiene la obligación de hacer? Los resultados del 24 de mayo son el segundo gran aviso. Y ahora sí que ya no podemos eludir lo que se debió llevar a cabo hace un año.

He hablado, como todos, con mucha gente estos días. En primer lugar, con los afiliados del PP. Se logró ser uno de los partidos con más ancha afiliación entre las grandes formaciones europeas. Ha sido el capital político más importante que ha tenido el PP. He percibido que los afiliados están desconcertados y viven un profundo malestar. Ahora, ni siquiera en muchos casos sabemos quiénes son y dónde están. Por eso, el primer círculo del debate necesario ha de ser con y entre las personas que generosamente mostraron su adhesión y compromiso con el proyecto del partido popular.

El debate debe ir mucho más allá de los afanes de estos días. Claro que nos debe preocupar la gobernabilidad de nuestras corporaciones locales y no podemos soslayar la presencia de las nuevas fuerzas emergentes.

© PP Madrid

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Por cierto, tuvimos la oportunidad en esta legislatura de reformar la actual legislación electoral local, la peor imaginable en un horizonte de fragmentación política, para dar paso al modelo existente en las democracias de nuestro entorno (Francia, Italia, Portugal): la elección del alcalde a dos vueltas. No se hizo y ahora nos lamentamos de esa falta de coraje y de inteligencia política.

El debate ha de hacerse mirando al futuro y tiene que ser auténticamente intergeneracional. Y debe de huir como de la peste de dos actitudes inservibles: la tecnocrática y la inmovilista. Oigo a muchos que el proyecto del partido popular se ha desdibujado. Y no se trata de que no se haya podido cumplir un programa ante circunstancias verdaderamente adversas. Se trata de que los motivos de la razón de ser de un gran partido de centro-derecha, que pretende fortalecer esta democracia, reforzar las bases de una sociedad abierta, y ensanchar las libertades se han nublado en nuestro horizonte. Si eso es así –como lo creo-, el problema fundamental del PP es que debe reencontrarse a sí mismo.

Eugenio Nasarre Goicoechea
FLORIDABLANCA CAFÉ

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