Tomar parte, de Isabel Benjumea

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Una sociedad fuerte y participativa es pieza esencial para lograr cualquier cambio político y para preservar los valores de libertad e igualdad que fundamentan nuestra democracia.  Prueba de ello la encontramos en nuestra propia Historia, donde en ciertos momentos determinantes hemos visto  a los españoles unirse para defender dichos principios y valores: las Cortes de Cádiz, la Constitución de 1876 y la Constitución de 1978 son sólo algunos ejemplos. En todos estos momentos encontramos a grandes personalidades históricas con convicción en sus ideas y el valor de defenderlas que junto con el esfuerzo de todos hicieron posible que la libertad y el progreso echaran raíces en nuestro país.

Pareciera, sin embargo, que hoy en España hemos perdido el hábito de tomar parte, de aceptar responsabilidades y asumir aquello que tanto se escucha pero pocos interiorizan: que los derechos van acompañados de obligaciones. La obligación de participar no es un imperativo legal, claro que no, pero en sociedades democráticas, avanzadas y maduras como la nuestra debería ser un imperativo moral. Libertad y responsabilidad son dos caras de una misma moneda.

Tomar parte, y aquí radica su dificultad, supone posicionarse y asumir riesgos pero supone también la oportunidad de lograr grandes cambios. Frente a esta actitud encontramos el inmovilismo o el derrotismo.  No debemos olvidar que si dejamos de defender aquello en lo que creemos puede que otros aprovechen ese espacio para destruir todo lo que tanto esfuerzo llevó construir.

Son muchas voces las que alertan sobre el riesgo de que la brecha entre sociedad e instituciones llegue a ser tan grande que para cuando queramos reaccionar sea demasiado tarde. Pero como ya decía Oscar Wilde “el descontento es el primer paso en el progreso tanto de los individuos como de las naciones”  y es por esto por lo que en Floridablanca creemos que existe una oportunidad maravillosa de tomar el testigo de generaciones pasadas,  y por lo tanto dar el primer paso.

El proyecto Floridablanca, que hoy presentamos y que toma el nombre de uno de nuestros grandes ilustrados, nace desde la sociedad siguiendo el ejemplo de los liberales del siglo XIX que decidieron tomar parte en la defensa de su país, por un futuro mejor.

Floridablanca nace consciente de la crisis social y  política que vivimos y de sus consecuencias. Nacemos convencidos, por lo tanto, de la urgencia del momento. Nuestra intención no es otra que asumir los retos y responsabilidades de nuestro tiempo y proponer soluciones.  Para lograrlo queremos recuperar para la sociedad el debate de ideas que consideramos abandonado. Queremos demostrar la importancia de las ideas, y reivindicar que existen ideas buenas e ideas malas y que sólo gracias a las buenas ideas, ideas inspiradas en los principios liberales y humanistas, se podrán alcanzar los objetivos que nuestra sociedad demanda: la transparencia y el buen gobierno, la igualdad ante la ley, la separación de poderes, la soberanía nacional, la unidad y el crecimiento económico.

Por lo tanto, hoy comenzamos a “tomar parte”, nos posicionamos y asumimos el desafío que supone defender las ideas, principios y valores en los que creemos firmemente. Estamos convencidos de que sólo así podremos lograr dar respuesta a los problemas de nuestro tiempo.

Si crees en algo, defiéndelo.

Si algo no te gusta, cámbialo.

Si algo es injusto, denúncialo.

Y lo más importante, si fracasas en tu intento: vuelve a intentarlo.

 

Isabel Benjumea

[Floridablanca]

 

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