Ser liberal-conservador · El Estado de Derecho

Ser liberal6El Estado de derecho representa la clave de bóveda de cualquier sociedad libre. Gracias a la preminencia del imperio de la ley, los individuos están protegidos frente a la arbitrariedad de aquellos que son más fuertes o que detentan el poder. Esta protección, en forma de ordenamiento jurídico que permite que el individuo pueda actuar de acuerdo a sus propios planes sin perjudicar los de otros, queda garantizada a través del principio más importante del Estado de derecho: la igualdad ante la ley.

Si nos regimos por leyes y no por el arbitrio del gobernante de turno, si estas leyes son imparciales y si todos estamos sometidos a ellas por igual, su aplicación se universaliza, con lo que todos sabremos a qué atenernos al vivir en sociedad. Sabremos, por ejemplo, que no está permitido matar o que si concluyo voluntariamente un contrato, debo cumplirlo. Estas certezas son pieza fundamental de nuestro desarrollo, pues impiden abusos y nos permiten actuar de acuerdo a nuestros fines y deseos. Así, estamos razonablemente seguros de que se nos retribuirá por nuestro trabajo al final del mes y que nuestro ahorro, consumo o inversión se verán sometidos a unas reglas que no cambiarán de manera súbita o veleidosa. Esta capacidad de previsión nos permitirá reducir y gestionar mejor los riesgos a la hora de tomar decisiones.

El Estado de derecho asegura el mayor espacio de libertad posible para los seres humanos y sus interacciones en sociedad. Las leyes arbitrarias, injustas, parciales, son por lo tanto contrarias a lo que el Estado de derecho representa, porque en lugar de proteger la libertad de los individuos, la reducen o eliminan. Por ello, otro elemento básico del Estado de derecho es la posibilidad de acudir a un juez para que nos proteja de ese tipo de leyes y de aquellos que las redactan. A su vez, para asegurar la imparcialidad de la tutela judicial, la separación de los tres poderes del Estado es crucial. La alternativa es corrupción, “capitalismo de amiguetes” y oligarquía o tiranía. Por eso es lógico que, para evitar ese negro panorama y optar en cambio por la libertad y la prosperidad, cuando a Milton Friedman le preguntaron en los años noventa qué tres consejos daría a los países que estaban transitando del comunismo al capitalismo, contestara: “Estado de derecho, Estado de derecho y Estado de derecho”.

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