Robotización y futuro de la economía española, por Jaime Gormaz

«Sólo el cambio perdura”

Heráclito de Éfeso

Hoy en día, quizá resulta un tópico decir que vivimos en la era de la globalización y del cambio tecnológico. Afirmar que la tecnología está cambiando la forma de vivir, pensar y actuar de los ciudadanos no es una novedad. Sin embargo, la vertiginosa velocidad con la que se está produciendo este cambio nos lleva a plantearnos que aquel futuro que parecía tan lejano está más cerca de lo que pensábamos.

En el año 2015, DeepMind, una creación de Google, se convirtió en el primer ordenador capaz de vencer a un profesional del Go, uno de los juegos más complejos ideados por el ser humano. DeepMind aprendió, con ayuda humana, a analizar miles de movimientos en un tiempo récord.

En el año 2017, DeepMind mejoró su desarrollo a partir de un nuevo sistema, AlphaGo Zero, un sistema basado en la inteligencia artificial de nueva generación y con capacidad de desarrollo propia, sin ayuda humana. Desde una página en blanco y simplemente enseñándole las reglas de varios juegos (Go, ajedrez, shogi…), empezó a jugar millones de partidas contra sí mismo. En cuestión de apenas 24 horas alcanzó un nivel de juego fuera del alcance humano, batiendo sin dificultades a las mejores máquinas creadas hasta el momento.

La rapidez, alcance y consecuencias de la inteligencia artificial y otras tecnologías actualmente en desarrollo son incuestionables. Y que estas tecnologías tendrán un impacto extraordinario sobre el futuro del mercado de trabajo también está fuera de toda cuestión.

Amazon es la compañía que está liderando la revolución del uso de robots para sustituir algunos de los puestos de trabajo ocupados hasta el momento por humanos, pero no es la única compañía ni mucho menos. En el año 2016, la compañía de Jeff Bezos ya disponía de 45.000 robots y un año más tarde contrató alrededor de 75.000 nuevos robots. Siguiendo esta tendencia, se estima que en el año 2018 los robots supondrán cerca del 20% de sus puestos laborales. Y Amazon es la octava compañía de Estados Unidos por número de empleados.

El espectacular crecimiento de esta multinacional estadounidense en los últimos años no sólo la ha convertido en un gigante del sector retail, sino que la ha convertido, ante todo, en un modelo de éxito basado en la mejora constante de las ratios de eficiencia y productividad. Y la incorporación de robots a su producción ha tenido un papel decisivo en estas ratios.

La economía norteamericana, por supuesto, no es ajena a este fenómeno. La sustitución de empleados por robots para cubrir determinados puestos de trabajo y ganar así competitividad es una realidad muy presente en las estrategias de las compañías y en la opinión pública. Máxime si tenemos en cuenta que, en el año 2017, el sector del comercio minorista en Estados Unidos, uno de los motores de la economía del país, perdió 170.000 puestos de trabajo. El “efecto Amazon” es uno de los múltiples factores que explican este dato.

A nivel regulatorio ya está habiendo importantes repercusiones. Un ejemplo de ello es que la ciudad de San Francisco, a través de su Consejo de Supervisión, limitó el uso de robots por parte de las compañías de reparto. El impacto de los robots sobre la circulación en la ciudad llevó a las autoridades a prohibir su uso en las zonas más pobladas de la ciudad, limitando su uso a las zonas con menor densidad. El debate sobre mayor o menor regulación en este ámbito está sobre la mesa.

Según la consultora McKinsey&Company, a través de su informe Jobs lost, Jobs gained: workforce transitions in a time of automation, la tecnología reemplazará alrededor de 800 millones de trabajadores en todo el mundo de aquí al año 2030. El impacto de la automatización en cada país dependerá principalmente de su nivel de renta, demografía y estructura productiva.

Para España, este informe plantea que, según un escenario “de cambio moderado”, el 22% de las horas trabajadas serán sustituidas por la automatización. Este dato no significa que el 22% de los trabajadores serán reemplazados por máquinas, pero sí que desplazará muchas tareas que de una u otra manera afectarán a nuestros empleos.

El trabajo es una de las cuestiones que más preocupan a las personas. La pérdida o el cambio de trabajo es un factor que provoca gran incertidumbre y angustia a los ciudadanos y las familias, dada su influencia en el bienestar y las expectativas de futuro. El enorme impacto social que la revolución de los robots tendrá sobre el futuro del mercado de trabajo debe ser una prioridad de todos los gobiernos.

Cabe, por tanto, plantearse cuál debe ser la visión del Gobierno y las administraciones en España a la hora de afrontar esta realidad. Una opción es tratar de hacer frente a lo inevitable a través del proteccionismo regulatorio, blindando puestos de trabajo que tarde o temprano desaparecerán, lo quieran o no las Administraciones.

La segunda opción consiste en diagnosticar la realidad del mercado laboral español y nuestra estructura demográfica y productiva, y constatar cuáles son los sectores y puestos de trabajo más afectados y en qué forma. Solo así podrán implementarse políticas públicas que contribuyan a adaptar las capacidades y habilidades de los trabajadores, ganando competitividad e incrementando nuestro nivel de renta.

Es responsabilidad de las autoridades españolas plantear el debate sobre muchas de las cuestiones que van a afectar a nuestro mercado laboral en los próximos años:

  • En España, ¿cuáles son los puestos de trabajo más susceptibles de ser reemplazados por robots y en cuánto tiempo tendrá lugar este proceso?
  • ¿Qué impacto regulatorio tiene la entrada de robots dadas las fortalezas y debilidades de nuestra fuerza laboral?
  • ¿Cuál será el impacto sobre la evolución de las rentas del trabajo y sobre el salario mínimo?
  • ¿Cuál va ser el impacto económico sobre las cotizaciones sociales y sobre las pensiones futuras
  • Teniendo en cuenta que el uso de robots tiene importantes beneficios en términos de ganancias de eficiencia y competitividad, ¿debería incentivarse desde el Gobierno y las administraciones españolas?

Son muchas las preguntas a plantear que no tienen fácil respuesta. Pero, sin duda, cuanto antes intentemos resolver éstas y otras cuestiones, mayor capacidad tendremos en España para aprovechar las ventajas y minimizar los inconvenientes que la revolución de los robots tendrá sobre nuestra economía y nuestro bienestar futuro.

Jaime GormazApp-Twitter-icon

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