Reflexiones desde la 6Q1, por Antonio Spok

La sala 6Q1 es una sala del Parlamento Europeo dedicada a Loyola de Palacio, antigua ministra del gobierno de España y vicepresidenta de la Comisión Europea que en mi opinión ha representado el ideal de lo que debe ser un afiliado y un dirigente del Partido Popular. Loyola fue ejemplo de valentía, honestidad, entrega y trabajo y debería servir de referencia cuando se habla de la renovación del centro-derecha. Desde la 6Q1 y como homenaje a Loyola, pretendo presentar ciertas reflexiones que contribuyan a armar una concepción liberal conservadora de la política exterior de España y de la Unión Europea.

Parlamento Europeo (Foto: Diliff / Creative Commons)

Parlamento Europeo (Foto: Diliff / Creative Commons)

Mi primera reflexión giraría en torno a la concepción que defiende que la política exterior debe ser una política consensuada entre los principales partidos políticos por ser una política de Estado. Con esta expresión nuestros principales partidos políticos -el Partido Popular cuando está en el Gobierno y el PSOE cuando está en la oposición- subrayan que la política exterior no debería ser utilizada políticamente pues afecta a España en su conjunto y a sus intereses vitales. Este argumento despierta los siguientes comentarios: ¿Es la política exterior la única política de estado? Por ejemplo, la política de educación, ¿no es política de Estado?, ¿Utilizan los partidos la política de educación con fines partidistas?

Es obvio que en la política exterior influyen ciertos factores que determinan su diseño y ejecución, (razones de carácter histórico, cultural, económico, demográfico y político) que limitan la capacidad de decisión  de todo gobierno en materia exterior. Sin embargo y a pesar de lo anterior, todo gobierno tiene cierta capacidad para aplicar su programa político y su ideología a la política exterior. Otra cosa es defender que la política exterior deba ser consensuada para esconder una hipotética falta de voluntad del gobierno para desarrollar una política exterior que se adecúe a su ideal programático o peor aún para obviar el hecho que se carece de una idea clara de lo que se quiere hacer en el exterior.

Una consecuencia de entender la política exterior como una política consensuada es defender su continuidad. La continuidad de la política exterior es en muchas ocasiones positiva -piénsese en el Reino Unido- si descansa sobre un análisis profundo de lo que son los verdaderos intereses nacionales y su defensa pero la continuidad en política exterior es mala si expresa una ausencia de toda voluntad o ambición exteriores o, peor aún, si lo que manifiesta es un total desconcierto ante lo que está pasando. Veamos un ejemplo: cuando el gobierno de Zapatero dijo que quería volver al «corazón de Europa» defendía el total alineamiento de nuestro país con Francia y Alemania en un momento en que se estaba negociado la distribución del poder en las instituciones europeas, lo que fue en contra de nuestros intereses. Lo que preocupa y entristece es que el gobierno actual destaque que quiere «más Europa» sin explicar el por qué ni el para qué. Y como los objetivos no son claros corremos el peligro de practicar una política europea continuista respecto a la del gobierno socialista que tenía muy claro lo que quería.

Y por último quiero acabar planteando otro interrogante. ¿Cómo deberíamos definir en términos liberal-conservadores la política exterior de España? Desde luego no pretendo dar aquí una respuesta exhaustiva, pero sí me gustaría ir avanzando, con toda la prudencia, el realismo y el  pragmatismo necesarios, varios ejes indispensables que deberían configurar tal política: la dignidad de la persona y su libertad, la libertad política y económica, el reformismo y el atlantismo.

Antonio Spok | pseudónimo
FLORIDABLANCA CAFÉ

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