Abraham Lincoln

junio 23, 2015

Abraham_Lincoln_O-55,_1861-cropA lo largo de los siglos, un número muy limitado de hombres han trascendido su tiempo y circunstancias, y por su influencia en la historia y su impacto en las vidas de su generación y de las futuras, se han elevado a la categoría de mitos o héroes eternos. Abraham Lincoln es uno de ellos. Lincoln fue el verdadero heredero y continuador de la labor que los Padres Fundadores llevaron a cabo y proclamaron en la Declaración de Independencia y en la Constitución de los Estados Unidos de América. El hombre que -en sus propias palabras- amaba a su nación por ser suya, “pero sobre todo por ser libre” lideró a la Unión en la Guerra de Secesión e hizo posible la supervivencia de los Estados Unidos. Y haciéndolo, hizo cierta la implantación en la práctica de la idea original de los Padres Fundadores, extendiendo por primera vez a todos los hombres, ciudadanos de los Estados Unidos, independientemente del color de su piel, de su origen y su credo, las palabras y la promesa contenidas en la Declaración de Independencia:

“Sostenemos estas verdades por ser evidentes en sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que fueron otorgados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para asegurar esos derechos son instituidos los Gobiernos entre los Hombres, derivando sus poderes del consentimiento de los gobernados. Que cuando quiera que cualquier forma de Gobierno se convierte en destructiva para aquellos fines, es el Derecho del Pueblo alterarla o abolirla, e instituir un nuevo Gobierno, sosteniéndose su fundacion en dichos principios y organizando sus poderes de la manera que a ellos les parezca más adecuada para hacer efectiva su seguridad y su felicidad”

Hombre de firmes convicciones y sólidos principios, adquiridos desde la experiencia de su propia vida y del estudio autodidacta, defendió de manera irrenunciable los derechos naturales de los hombres, las libertades individuales, los límites al ejercicio del poder, el Gobierno limitado, y la importancia de la defensa del marco constitucional y del respeto por el Estado de Derecho:

“Lo he dicho muchas veces, no hay un hombre que crea más que yo en el principio del auto-gobierno, que yace en la misma base de todas mis ideas sobre el Gobierno, desde el principio hasta el fin. Niego que ningún hombre haya llegado nunca más lejos en su eficiencia apelando a dicho principio. Pienso que he dicho en su presencia que creo que cada individuo está naturalmente dotado para hacer lo que le place consigo mismo y con el fruto de su trabajo, mientras no interfiera con los derechos de ningún otro hombre, que cada comunidad, como cada Estado, tiene el derecho de hacer exactamente lo que le plazca con todo lo que le concierne mientras no interfiera en los derechos de ninguna otra comunidad o Estado, y que el Gobierno general, sobre dicho principio, no tiene derecho a interferir en nada más que en la clase de cosas que conciernen a la totalidad. Esto lo he dicho siempre”[1].

De origen muy humilde, se hizo a sí mismo trabajando muy duro para progresar y mejorar las circunstancias de su vida. Creció en un ambiente rural en Indiana, donde se trasladó su familia desde Kentucky cuando sólo contaba ocho años. Dos años más tarde falleció su madre, hecho que le impactó profundamente y que probablemente le dejó aquel halo trágico y melancólico que muchos describieron en él después, y que le acompañaría toda la vida. Desde joven tuvo que pelear para salir adelante, y las duras condiciones de vida existentes en la frontera y las dificultades económicas forjaron su carácter y su afán de superación:

“Era una región salvaje, con osos y otros animales salvajes aún en los bosques. Cuando llegué a la mayoría de edad no sabía mucho. Aún, de alguna manera, podía leer, escribir y garabatear…pero eso es todo”.[2]

Trabajó en la granja, fue comerciante en maderas, en el ferrocarril, empleado de almacen, de tienda de ultramarinos, y a lo largo de los años, desarrolló un extraordinario afán de conocimiento que le llevó a leer distintas obras, entre cuyas preferidas se cuentan según sus biógrafos la Biblia, Robinson Crusoe, Shakespeare, la poesía de Robert Burns y los libros de historia, en particular la de los Estados Unidos.

Lincoln veneraba la labor de los Padres Fundadores y en repetidas ocasiones demostró su admiración hacia ellos, así como una firme voluntad de defender y extender su legado, y el de las generaciones pasadas, como luego demostró con la obra de su vida:

Primer discruso inaugural de Lincoln en el Capitolio aún si finalizar

Primer discruso inaugural de Lincoln en el Capitolio

“Nos encontramos bajo el gobierno de un sistema de instituciones políticas que conducen más esencialmente a los fines de la libertad civil y religiosa que cualquiera de los que nos cuenta la historia de los tiempos pasados. Nosotros, remontando el escenario de la existencia, nos encontramos hoy como los herederos legales de estas bendiciones fundamentales. Hoy no trabajamos duro en su adquisición o en su establecimiento, sino que son un gran legado que nos dejó una vigorosa, valiente y patriótica –aunque ahora llorada y desaparecida- raza de antepasados. Suya fue la tarea, y noblemente la llevaron a cabo, para poseer ellos mismos y a través de ellos, nosotros, esta buena tierra, y para levantar sobre sus colinas y valles un edificio político de libertad e igualdad de derechos. Sea la nuestra transmitir estos a la última generación que el destino permita al mundo conocer. La gratitud a nuestros padres, la justicia hacia nosotros mismos, el deber hacia la posteridad, y el amor por nuestra especie, todos ellos nos exigen imperativa y fielmente realizar esta tarea”[3]

Estudió derecho de forma autodidacta y lo ejerció como abogado durante algunos años, aunque comenzó a interesarse cada vez más por la política. En 1832 se presentó a la Casa de Representantes de Illinois pero la elección se suspendió por la Guerra contra Halcón Negro, el líder indio que se sublevó contra la adquisición por parte de la Unión de las tierras habitadas por varias tribus. Lincoln se alistó voluntario en una compañía y llegó a alcanzar el rango de Capitán. Más tarde se presentó de nuevo a la Casa de Representantes del Estado de Illinois, en la que fue reelegido varias veces. Tras ocho años en el cargo se presentó a Senador y, a pesar de ser derrotado, obtuvo una enorme popularidad durante los debates electorales, popularidad que le permitió más tarde ganar la nominación nacional de candidato del Partido Republicano a las elecciónes presidenciales en 1960, en la que obtuvo la victoria. Lincoln se vió compelido a ejercer la dolorosa tarea de liderar a su nación en medio de una guerra civil, y la grandeza que mostró en el desempeño de esa terrible tarea nos da la medida de su talla como hombre y como líder.

Lectura de la Proclamación de Emancipación por el Presidente Lincoln

Lectura de la Proclamación de Emancipación por el Presidente Lincoln

Tuvo que recurrir a la fuerza y a la guerra para preservar la Unión pero siempre lo hizo como ultima ratio, y quiso y supo buscar siempre la manera de avanzar también en el fortalecimiento de dicha Unión, desde la fortaleza de su discurso, desde la fuerte apelación a los principios, a la obligación moral. Muchas veces, enfrentándose incluso a sus rivales fuera y dentro de su propio partido, el republicano, el cual contribuyó a crear y fortalecer enormemente. En su discurso siempre hizo un llamamiento a la concordia, al entendimiento, a la unidad nacional. Si bien tuvo que luchar para defender la nación con las armas, también lo supo hacer con las palabras, las emociones, mediante la fuerza de las ideas y de la defensa y la apelación a los valores y los principios en los que creía, y a los que nunca renunció. Uno de estos principios fue el de la libertad natural de los hombres, que le llevó a desarrollar una férrea oposición y lucha contra la esclavitud, “si ésta no es el mal, es que no existe el mal”-escribió-, lucha que desarrolló contra viento y marea y que culminó con su firma de la Proclama de Emancipación, orden presidencial que diola libertad a millones de esclavos y que le granjeó enormes dificultades y enemigos internos y externos, pero que llevó hasta sus últimas consecuencias: “Nunca en mi vida me sentí más seguro de que estaba haciendo lo correcto, de lo que me siento ahora firmando este papel”-declaró al hacerlo-.

El cierre de su discurso en su segunda toma de posesión en un buen ejemplo de su grandeza, y de su búsqueda de la unidad, que le llevó a apelar al perdón, la reconciliación y la concordia, una vez que el signo de la guerra estaba claro:

“Sin maldad hacia nadie; con caridad hacia todos; con firmeza en el bien, en tanto Dios nos haga ver el Bien, perseveremos en terminar la tarea en la que estamos; en vendar las heridas de la nación; en cuidar a aquel que haya soportado el peso del combate, y a su viuda y a su huérfano; en hacer todo aquello que permita alcanzar y mantener una paz justa y duradera, entre nosotros y con todas las naciones.”

Abraham Lincoln Memorial, Washington D.C. (Foto: Jeff Kubina / Wikimedia Commons)

Abraham Lincoln Memorial (Foto: Jeff Kubina / Wikimedia Commons)

Murió asesinado apenas unos días antes de que culminara aquella tarea que tan arduamente desarrolló y que con tanto esfuerzo y sufrimiento defendió. Hoy su monumento se yergue impresionante en el National Mall de Washington D.C., junto a la Reflecting Pool, mirando directamente al Obelisco, monumento a George Washington, padre de la nación, y detrás de éste, sobre la colina, al Capitolio, el edificio que representa la voluntad y la soberanía del pueblo americano –We, the People-, de esa nación a la que salvó de la desaparición. Es el tributo que le rinde un pueblo que sabe reconocer a sus héroes y otorgarles y guardarles el lugar que se merecen en la historia. Pocos líderes representan de una forma tan vehemente la defensa irrenunciable de la democracia, de los principios liberales, de la nación de ciudadanos libres e iguales y de la Libertad con mayúsculas, como Abraham Lincoln.

El texto que hemos seleccionado, su célebre Discurso de Gettisburg contiene la esencia de sus convicciones más profundas, las del hombre y las del Comandante en Jefe, aquellas por las que realizó grandes sacrificios y por las que, finalmente, dio la vida. Palabras que permanecen grabadas a fuego en la memoria de la nación americana. Tras su paso por la Presidencia, la Unión y la nación quedaron a salvo, y más de cinco millones de personas, antes esclavos, obtuvieron la libertad. Generaciones enteras desde entonces le recuerdan y rinden tributo, como el propio Walt Withman, quien le dedicó estos versos de despedida tras su muerte:

 ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro temeroso viaje ha terminado,

el barco ha sorteado todos los escollos,

el premio que anhelábamos está ganado;

El puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero está exultante,

mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el navío severo y atrevido.

 

Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!

¡oh las sangrantes gotas de rojo,

donde sobre la cubierta mi capitán yace,

caído, muerto y frío!

 

¡Oh, Capitán!, ¡mi Capitán!, levántate y escucha las campanas,

Levántate, -para ti se ha izado la bandera- para ti vibra la corneta;

para ti ramos y coronas con cintas-

para ti las orillas llenas de multitudes,

Por ti llaman ellos, la oscilante muchedumbre, girando sus rostros ansiosos.

¡Aquí, capitán! ¡querido padre!

Este brazo debajo de tu cabeza;

Debe ser un sueño sobre el puente,

Hayas caído, frío y muerto.

 

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y quietos,

mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,

el navío está anclado sano y salvo, su viaje cerrado y hecho;

De su viaje temeroso, el victoriosa barco, entra en el puerto con el objeto ganado;

Alegraos, Oh orillas y tañidos, oh campanas!

Mas yo, con triste paso,

Camino la cubierta donde mi Capitán yace,

Caído frío y muerto.

Walt Whitman

 

 Discurso de Gettisburg

Abraham_Lincoln_O-116_by_Gardner,_1865“Hace cuatro veces veinte y siete años nuestros padres alumbraron, en este continente, una nueva nación, concebida en libertad y dedicada a la proposición de que todos los hombres han sido creados iguales.

Ahora nos encontramos en una gran guerra civil que pondrá a prueba si esa nación o cualquier otra nación, así concebida y así dedicada, puede perdurar mucho tiempo. Nos hemos reunido en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una porción de esta tierra para el descanso final de aquellos que dieron aquí sus vidas para que esa nación pudiera vivir. Es completamente adecuado y apropiado que así lo hagamos.

Pero, en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar esta tierra. Los valientes, vivos y muertos, que aquí combatieron la han consagrado más allá de nuestro pobre poder de añadir o quitar. El mundo apenas notará ni recordará mucho tiempo lo que nosotros decimos aquí, pero no podrá olvidar lo que ellos hicieron. Más bien somos nosotros los que vivimos quienes debemos aquí dedicarnos al inacabado trabajo que aquellos que aquí lucharon han avanzado tan noblemente hasta ahora. Más bien somos nosotros los que debemos dedicarnos a la gran tarea que nos queda por delante –que de estos muertos a los que honramos tomemos aún mayor devoción hacia aquella causa por la que dieron la última y plena medida de devoción- y que aquí solemnemente resolvamos que estos muertos no habrán muerto en vano, y que esta nación al amparo de Dios tenga un nuevo nacimiento de libertad, y que el Gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo no desaparezca de la Tierra”.

 

Fígaro | pseudónimo
Notas

[1] Abraham Lincoln, “Speech at Chicago, Illinois,” July 10, 1858.

[2] https://www.whitehouse.gov/1600/presidents/abrahamlincoln

[3] The Perpetuation of Our Political Institutions: Address Before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois. January 27, 1838. http://www.abrahamlincolnonline.org/lincoln/speeches/lyceum.htm

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