¿Queremos ayudar a los sirios? Terminemos la guerra, por J.D. Gordon

(versión original más abajo)

Niños sirios en un campamento de refugiados (Foto: Freedom House / Flickr)

Niños sirios en un campamento de refugiados (Foto: Freedom House / Flickr)

En un video que se ha hecho viral, Kinan Masalmeh, sirio de trece años, suplicaba a un reportero de televisión en el exterior de la estación central de tren de Budapest: “Los sirios necesitan ayuda. Paren la guerra. No queremos estar en Europa. Simplemente paren la guerra.”

El niño lleva razón al menos a medias. Si realmente queremos ayudar a los sirios debemos parar la guerra.

Ello significaría trabajar sobre el verdadero problema, una solución mucho mejor que los acuerdos sobre cuántos sirios debemos acoger de los cuatro millones que ya han huido. El presidente Obama ha prometido admitir a 10 000 y aunque esto no sea más que una gota en el océano, compromete nuestra seguridad. El Congreso debe negarse.

Porque aceptar ciegamente a emigrantes y refugiados de los que no se puede verificar de forma fiable si tienen vínculos con el terrorismo es jugar con fuego. Ya hemos alcanzado niveles epidémicos de ataques y conspiraciones a ambos lados del Atlántico, y sabemos que los yihadistas se infiltran fácilmente entre los grupos de migrantes y refugiados.

Entonces, ¿qué debemos hacer?

Primero, identificar correctamente la causa de la actual implosión en Oriente Medio, que es la lucha de poder entre saudíes e iraníes por ver quién domina la región y se convierte en líder global del Islam, si los chiíes o sunníes, enfrentados desde antiguo. A ello están dedicando miles de millones de dólares, armas, y peor aún, una ideología extremista, todo lo cual alimenta la violencia crónica.

Manifestación contra el régimen de Bashar Al Assad apoyado por Rusia (Foto: Freedom House / Flickr)

Manifestación contra el régimen de Bashar Al Assad apoyado por Rusia (Foto: Freedom House / Flickr)

Segundo, un debate sincero sobre Oriente Medio y el norte de África. Muchos países como Siria, Iraq o Libia son de facto estados fallidos, improvisados en el siglo XX por las potencias europeas tras la caída del Imperio Otomano. Facciones étnicas y religiosas rivales fueron forzadas a convivir bajo gobiernos que se caracterizan por la opresión y donde reina el caos cuando los dictadores son derrocados.

Tercero, debemos entender la realidad de Siria. El régimen de Al-Assad ha gobernado con mano de hierro desde los primeros años 70. Aunque Basar y los alauitas solo constituyen el 10 por ciento de la población, su rama chií ha estado oprimiendo brutalmente al 75 por ciento de mayoría sunní. Hoy, el Estado Islámico, red terrorista sunní, se ha cobrado la revancha apoderándose de las principales zonas sunníes de Siria e Iraq. Aunque sanguinarios, como sunníes que son tienen más legitimidad que los regímenes chiíes que gobiernan Damasco y Bagdad.

Cuarto, y más importante, debemos trabajar con nuestros aliados europeos y árabes para obligar a Rusia y a Irán a aceptar o que Al-Assar abandone el poder o a que se produzca la partición de Siria. Tres mini-estados permitirían a los alauitas y a otras minorías como cristianos y drusos coexistir en sus tierras natales del Mediterráneo y a lo largo de la frontera libanesa. Los kurdos en el norte junto a la frontera turca; y los sunníes en el resto del territorio colindante con Iraq y Jordania. En otras palabras, podrían congelarse tal como están las líneas de batalla.

Lo mismo respecto a Iraq. Salvo que haya una fuerza de combate sobre el terreno que quiera y sea capaz de reconquistar las zonas sunníes del norte y del oeste del país, no parece que el gobierno chií de Bagdad -que es percibido por la población como un enemigo- tenga muchas posibilidades de recuperar el control. ¿Y por qué deberían las tropas americanas arriesgar sus vidas en ayudar cuando ha sido una década de opresión chií lo que en primer lugar ha impulsado al Estado Islámico? El restablecimiento de las zonas sunníes bajo el mando chií de Bagdad supondría simplemente hacerle el juego a Irán.

Cierto es que esta estrategia deja algunas decisiones difíciles.

Heridos civiles llegan a un Hospital en Alepo (Foto: Voice of America News / Creative Commons)

Heridos civiles llegan a un Hospital en Alepo (Foto: Scott Bobb, Voice of America News / Creative Commons)

¿Cómo destruir al Estado Islámico? ¿Cómo crear una región kurda independiente? ¿Cómo convencer a Rusia y a Irán de que hagan algo?

Para empezar, con una mezcla de liderazgo visionario, firmeza militar, poder económico y habilidad diplomática.

Si sunníes y chiíes gozaran de autonomía en sus respectivas regiones y no se oprimieran unos a otros, saudíes e iraníes tendrían menos incentivos para seguir echando gasolina al fuego.

Países sunníes como Egipto y Jordania podrían entonces comprometerse a desalojar al Estado Islámico, tanto en Siria como en Iraq, mediante tropas e ideas moderadas que terminasen con el extremismo. Un estado sunní moderado puede reemplazar al autodenominado “Califato”, consolidando también las actuales líneas de batalla.

Y si los turcos finalmente se tomaran en serio los males derivados de la emigración de los dos millones de sirios que han llegado a su país, podrían ceder respecto al estado kurdo, incluso si este estuviera al otro lado de su frontera.

Rusia e Irán solo entienden la fuerza. Por eso hacen lo que quieren. Saben que los débiles líderes de la Casa Blanca y de las capitales europeas como Berlín, París o Estocolmo son principalmente de hablar, especialmente buenos aleccionado a los demás sobre los refugiados. Y malísimos entrenando a los combatientes de la oposición siria o enviando a sus propias tropas.

Así que, en vez de una Casa Blanca que somete a los americanos a las muchedumbres provenientes de regiones asoladas por la guerra como en el caso de los hermanos Tsarnaev de Chechenia que atentaron en la maratón de Boston, o Mohammed Abdulazeez de Kuwait que atacó a nuestros marines en Chattanooga, esta debería empezar considerar primero nuestra seguridad. Así debe demandarlo el Congreso.

J. D. Gordon | comandante retirado de la Marina estadounidense y antiguo portavoz del Pentágono. Entre 2005 y 2009 sirvió en el equipo del Secretario de Defensa americano. Senior Fellow Center for a Secure Free Society (SFS)

(Versión en español de José Ruiz Vicioso)


Want to help Syrians? End the war

 

In a video gone viral, 13-year old Syrian Kinan Masalmeh pleads with a television reporter outside the Budapest central train station, “The Syrians need help now. Just stop the war.  We don’t want to stay in Europe.  Just stop the war.” 

He’s at least half right.  If we really want to help Syrians, we must stop the war. 

That would be working on the right problem — a far better solution than hand-wringing about how many Syrians to resettle of the 4 million who’ve already fled.  President Obama has already promised to take in 10,000, and even though it’s a drop in the bucket, still gambles with our security.  Congress should just say no. 

Because blindly accepting migrants and refugees who can’t be reliably vetted for ties to terrorism is playing with fire.  We’ve already reached epidemic levels of attacks and plots on both sides of the Atlantic, and we know jihadists can easily infiltrate migrant and refugee groups. 

So what should we do? 

First, correctly identify the root cause of today’s Middle East implosion.  And that’s the Saudi vs. Iranian proxy war over who’ll dominate there and serve as Islam’s leader globally, ancient rival branches Sunni or Shia.  They’re pumping in billions of dollars, weapons and most importantly, extremist ideology — all fueling chronic violence.  

Second, a candid discussion about the Middle East and North Africa.  Many countries like Syria, Iraq and Libya are de facto artificial states, cobbled together by European powers in the 20th century, after the Ottoman Empire fell apart.  That forced rival ethnic and religious factions to live under one local rule where harsh oppression is the norm.  Once the dictators are pushed aside, chaos reigns.  

Third, we must understand Syria’s reality.  The Al-Assad regime has ruled with an iron fist since the early 1970s.  Even though Bashar and his fellow Alawites make up just 10 percent of the population, their branch of Shia Islam has brutally oppressed the 75 percent Sunni majority. Today the Islamic State, a Sunni terror network, has taken their revenge by capturing the major Sunni areas of both Syria and Iraq, an area the size of Indiana.  Bloodthirsty as they may be, as fellow Sunnis, they’ve got more legitimacy than the Shia regimes which rule Damascus and Baghdad. 

Fourth, and most importantly, we must work with our European and Arab allies to compel Russia and Iran to either coax Al-Assad out of power, or accept a partitioned Syria.  Three mini-states could allow the Alawites and other minorities like Christians and Druze to co-exist in their homelands of the Mediterranean and along the Lebanon border; Kurds in the north along Turkey’s border; and Sunnis throughout most of the rest, bordering Iraq and Jordan.  In other words, the battle lines can basically remain frozen in place. 

Ditto for Iraq.  Unless there’s a ground combat force willing and able to re-conquer the Sunni areas in the northern and western parts of the country, Baghdad’s Shia-led government, considered the enemy by locals, doesn’t have a prayer of ruling it again.  And why should U.S. ground troops risk their lives to help when a decade of Shia oppression fueled the Islamic State’s rise in the first place?  Just placing Sunni areas back under Shia rule in Baghdad would be doing Iran’s bidding. 

Sure, this strategy leaves some tough decisions. 

How to destroy the Islamic State?  How to create an independent Kurdish region?  How to convince Russia and Iran to do anything? 

A mix of visionary leadership, military toughness, economic power and diplomatic resolve for starters. 

If Sunni and Shia have autonomy in their respective regions and aren’t being oppressed by the other, there would be less incentive for Saudis and Iranians to keep pouring gasoline on the fire.  

Sunni powers like Egypt and Jordan could then get engaged to take out the Islamic State, both in Syria and Iraq, with boots on the ground and moderate ideas to stamp out extremism.  A moderate Sunni state can replace the self-appointed «Caliphate,» again freezing the battle lines in place. 

And if the Turks finally get serious to solve the ills associated with 2 million Syrians who’ve flooded their country, they might relent on a Kurdish state — even if across their border.

As for Russia and Iran, they only understand strength.  That’s why they do whatever they want.  They know that weak leaders from the White House to European capitals like Berlin, Paris and Stockholm are mostly just talk, especially good at lecturing others about refugees.  And lousy at training Syrian opposition fighters or sending their own troops.

So instead of the White House subjecting Americans to vulnerable masses from war torn regions like the Tsarnaev brothers from Chechnya who blew up the Boston Marathon, or Mohammed Abdulazeez from Kuwait who attacked our Marines in Chattanooga, they ought to start looking out for our safety first.  Congress must demand it.

 

J. D. Gordon | retired Navy commander and former Pentagon spokesman who served in the Office of the Secretary of Defense from 2005-2009. Senior Fellow Center for a Secure Free Society (SFS)

Publicado originalmente en www.thehill.com

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