¿Qué presidente es Mariano Rajoy?, por Ignacio Ibáñez

James Barber, profesor de la Universidad de Duke, publicó en 1972 The Presidential Character: Predicting Performance in the White House [1], un libro que pronto se convertiría en un estudio de referencia para analizar los rasgos psicológicos de los presidentes y predecir su rendimiento como líderes del país. Para ello, Barber analizó la personalidad de los presidentes estadounidenses mediante dos ejes analíticos. El índice positivo-negativo evaluaría cómo el presidente se vería a sí mismo frente a los retos que supone el cargo. Por ejemplo, el optimista se vería ilusionado ante la idea de sacar al país adelante en momentos de crisis, mientras que el pesimista lo vería como un vía crucis que habría de transitar para demostrar su valía. El índice activo-pasivo evaluaría la ambición del presidente o falta de ella para, por ejemplo, realizar reformas estructurales.

De la confluencia de estos dos ejes resultan cuatro categorías: (i) activo-positivo: presidentes con grandes ambiciones para el país, optimistas, que saben adaptarse bien a los cambios y disfrutan en el ejercicio de su cargo; (ii) activo-negativo: presidentes con baja autoestima, pesimistas, cuadriculados e incluso agresivos, que buscan pasar a la posteridad realizando hercúleas obras; (iii) pasivo-positivo: presidentes equilibrados, tímidos que cumplen con su trabajo pero que no toman la iniciativa, de ambiciones modestas y que siempre buscan ser queridos, lo que les lleva a entablar peligrosas amistades y ser fácilmente influidos por quien se gana su confianza; y (iv) pasivo-negativo: presidentes que evitan los conflictos, odian su trabajo y se refugian en la burocracia.

¿En qué categoría encuadraría usted al presidente Mariano Rajoy?

Rajoy aprueba a los 23 años las oposiciones de registrador de la Propiedad e inmediatamente se afilia a Alianza Popular, siendo elegido diputado por Pontevedra en las elecciones autonómicas de 1981. En 1986 ya es diputado nacional. Tras pocos meses en Madrid, vuelve a Galicia como vicepresidente de la Xunta pero una moción de censura lo devuelve a su despacho de registrador en 1987. Resurge de sus cenizas políticas al calor del refundado PP, consigue un acta de diputado y dirige las diferentes campañas electorales que el PP va ganando desde 1994 hasta llegar a la Moncloa en 1996 (también dirigió la de 2000). Así, en esos más o menos 20 años, Rajoy se perfila como un buen estratega. Obtiene un puesto laboral estable, escala posiciones en su partido, sin alharacas, y aprovecha electoralmente el descontento de los españoles ante la galopante corrupción socialista de los 1990. Decían sus compañeros que era “un chico muy valioso, inteligente y flexible” aunque “nunca se podía esperar de él que tomase la iniciativa”, ni que se implicase excesivamente en las críticas de su partido al PSOE de los GAL y la corrupción [2].

Al frente del ministerio de Administraciones Públicas de la primera legislatura de Aznar se encarga, como responsable de política autonómica y local, de tener contentos a los socios que el PP ha elegido para gobernar, CiU, CC y PNV. Como ministro de Educación prefiere evitar el tan temido conflicto social y dejar para la siguiente legislatura—y el siguiente ministro—la reforma educativa. Tras la mayoría absoluta de 2000, ejerce de vicepresidente primero y ministro de la Presidencia, de ministro del Interior—desde donde impulsa la Ley de Partidos de 2002 contra ETA y su entorno—, y de portavoz del gobierno, coincidiendo con las crisis de Perejil, del Prestige y de Irak. Rajoy emerge de esta etapa como hombre de confianza del líder, hombre de concordia, hombre que rehúye de grandes conflictos pero también de grandes proyectos. Como resumiría después el periodista José María García, un hombre que “por donde pasa no mancha, pero tampoco limpia” [3].

© Elentir / Flickr

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En septiembre de 2003 Aznar finalmente desvela que en su famoso cuaderno azul se esconde el nombre de Rajoy como candidato presidencial para las elecciones de 2004. El 11-M trastoca la pronosticada victoria convirtiéndole en jefe de la oposición, puesto que revalida tras el nuevo fracaso electoral de 2008 y la “noche de los cuchillos largos” en el Congreso de Valencia.

La crisis económica se instala en España ante un gobierno socialista en caída libre. En esta etapa, Rajoy cambia el paso: de una oposición dura frente al empuje ideológico y político de la izquierda, a una oposición pacata que aguarda, pétrea de tan comedida, que caiga el gobierno por su propia incompetencia. Antes de pisar la Moncloa deja claro que es un hombre normal, “apasionado de los deportes, introvertido y discreto” [4], ajeno al riesgo—y a la política, según algunos—y amigo de sus amigos, pues al final “la vida es resistir y que alguien te ayude”.

Estos años al frente del gobierno parecen confirmar que Rajoy es, de acuerdo a la tipología de Barber, un presidente pasivo-positivo. Con sentido común, resiliente y previsible, gusta de mandar mensajes optimistas a los ciudadanos, aunque sean esporádicos y sin preguntas. Pero no es proactivo: sus dos únicas reformas exitosas durante la legislatura, la del sector financiero y la laboral, han sido ineludibles respuestas a la crisis. En otros ámbitos—aborto y familia, deuda pública, politización de la justicia, presencia de ETA en las instituciones, administración territorial y unidad nacional, política fiscal, lucha contra la corrupción, democratización interna de los partidos—, y a pesar de la mayoría absoluta obtenida en 2011 y de las 13 CC.AA. que gobierna el PP, Rajoy ha preferido dejar las cosas como estaban, realizar cambios superficiales o seguir políticas socialdemócratas en lugar de liberal-conservadoras. Veremos si esa pasividad optimista resulta del agrado de los españoles en las múltiples citas electorales que traerá 2015.

[1] Barber, James David, The Presidential Character: Predicting Performance in the White House; ed. Pearson (1972), 4ª ed. 2008.

[2] Hermida, Xosé, “Un señor como Dios manda”; El País, 19/11/11. http://politica.elpais.com/politica/2011/11/19/actualidad/1321725018_864847.html

[3] “José María García afirma que Telemadrid y TV3 son las cadenas más manipuladas”, Formula TV, 05/12/11. http://www.formulatv.com/noticias/22531/jose-maria-garcia-afirma-telemadrid-tv3-cadenas-mas-manipuladas/ 

[4] Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, vol. XLII, ent. Mariano Rajoy Brey (pp. 763-766), p. 766; ed. RAH, 2013. 

Ignacio Ibáñez

[ Floridablanca]

 


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