¿Por qué no emprendemos más en España?, por Gonzalo Fernández

Era el primer día de clase en el Master del IESE y todos los alumnos nos presentamos y contábamos al resto en qué trabajábamos. Cuando acabó la ronda de presentaciones me quedé sorprendido porque yo era el único que tenía negocio propio. Es normal que en un MBA no haya muchos emprendedores, pero un porcentaje tan bajo puede ser representativo de lo que ocurre en el país.

No hace falta consultar los rankings y las estadísticas para saber que España no está entre los países más emprendedores del mundo, lo que debería llamar la atención porque nos sobra talento y conocimiento (como lo demuestra el hecho de que en nuestro país el porcentaje de la población con estudios universitarios esté por encima de la media europea).

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Entonces, ¿Por qué no emprendemos más? Quizás se trata de un problema de actitud cuyas causas tienen que ver con la educación y la mentalidad de nuestra sociedad:

  1. El empresario no está bien visto.

Está de moda hablar de los emprendedores, especialmente entre los políticos, pero no deja de ser una forma de cambiar el nombre a los empresarios, y esto ocurre porque todavía hay mucha gente que asocia al empresario con la ambición desmedida, la explotación del trabajador, la especulación o la búsqueda del enriquecimiento rápido.

Sólo tienes que preguntar a un niño o una niña qué quiere ser de mayor y te encontrarás con  futbolistas, doctoras, bomberos, escritoras, policías, veterinarias, y un sinfín de profesiones, pero ninguno te dirá que quiere ser empresario.

Es muy triste porque la mayoría de los empresarios no sólo buscan ganar dinero, generalmente son gente que quiere hacer realidad sus ideas, desarrollar un producto novedoso, mejorar un servicio o simplemente ganarse la vida haciendo algo que le gusta.

  1. Se penaliza el fracaso.

En países como Estados Unidos, haber intentado montar una empresa aunque haya salido mal se valora como una experiencia positiva porque se aprende más de los fracasos que de los éxitos.

Sin embargo, en España seguimos sin valorar esa experiencia y el emprendedor que ha tenido que cerrar su negocio es percibido como un fracasado.

  1. El diferencial de riesgo.

Comenzar una empresa tiene implícito un alto riesgo respecto a trabajar por cuenta ajena. Sin embargo, en España el diferencial de riesgo es aún mayor. Trabajando para una empresa no sólo tienes un salario asegurado, también tienes una indemnización (bastante alta si llevas muchos años en la misma empresa) así como la prestación por desempleo en caso de ser despedido. Y si eres funcionario, la posibilidad de ser despedido es remota.

En cambio, el emprendedor que no consigue sacar adelante su empresa pierde su dinero, no tiene indemnización y no cobra la prestación por desempleo. Tiene que haber un sistema de protección al trabajador y coberturas de desempleo, pero un sistema de protección tan desproporcionado se convierte en una barrera para emprender.

  1. No se forma para emprender.

Ni en el colegio ni en la universidad se fomenta el emprendimiento entre los alumnos. En la actualidad hay iniciativas en algunas universidades que han creado asignaturas específicas o talleres prácticos, pero son insuficientes y restringidas a estudios relacionados con la empresa.

Un sistema educativo basado sólo en la obtención de conocimientos no favorece el emprendimiento, hace falta una educación práctica en la que el alumno tenga que desarrollar habilidades y no sólo adquirir conocimientos.

Por otra parte, la creación de empresas está asociada en muchos casos a las afinidades, las aficiones y los gustos de los emprendedores. Un dentista puede querer montar su clínica, una ingeniera una empresa de tecnología, un mecánico su propio taller o una licenciada en historia del arte un negocio relacionado con el arte. Sería muy recomendable que en la etapa escolar,  en todas las carreras universitarias y en toda la formación profesional, se fomente el emprendimiento y se dé formación práctica para que la gente pueda dedicarse a lo que le gusta creando su propia empresa.

  1. No hay facilidades administrativas.

Entre las dificultades que se encuentran a la hora de crear una empresa, normalmente, se suelen destacar aquellas que suponen una demora. Esto es, las relativas al exceso de burocracia, el capital inicial, pagar las cuotas de autónomos, etc. Si bien es verdad que los trámites se están simplificando y agilizando, todavía seguimos siendo un país rezagado si nos comparamos con otros países.

Sin embargo, y en mi opinión, esta no es una barrera importante para emprender. Si una persona lanza un negocio y no es capaz de superar estas pequeñas dificultades, mejor que no emprenda porque no va a ser capaz de superar las verdaderas dificultades.

Soy optimista respecto al futuro emprendedor en España. Una de las pocas cosas buenas que nos ha dejado la crisis es que mucha gente ha tenido que emprender, aunque sea por necesidad. Además, las cosas están cambiando y el trabajo por cuenta ajena no es una opción tan segura como hace años, lo que hace que los jóvenes vean su futuro profesional con otra perspectiva.

Gonzalo Fernández

[CEO de www.farmalover.com]


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¿Estás de acuerdo con estos puntos? ¿Qué más crees que hace falta para impulsar el emprendimiento en nuestro país? ¿La administración pública hace todo lo necesario para facilitar la labor de montar una empresa? ¿La percepción sobre los empresarios ha cambiado en España? 

 

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