La santa paciencia de la derecha española, por Luis Asúa

En una memorable cena, le pregunté al profesor Stanley G. Payne que era lo que  más le chocaba de la historia reciente de España.  Me contestó sin dudarlo: «La paciencia de la derecha. En cualquier otro país habría saltado mucho antes. En España la izquierda sobrepasa unos límites que serían imposibles en Francia, EEUU, Alemania, Inglaterra.»

Añadiría que tenemos la peor izquierda de Europa. Una izquierda muy poco civilizada que pivota entre Besteiro/Felipe González y Largo Caballero/Zapatero, u hoy el centro izquierda de Rivera y Podemos, porque Pedro Sánchez que probablemente viene del ”Felipismo”, no sabe ni él mismo hacia dónde va, ni donde ubicarse. No se puede gobernar un país con tan pocos diputados propios y unos compañeros de viaje como los que se echó al coleto el día de la moción de censura. Gallardón, que de estas cosas sabe algo, aconsejaba ante todo no hacer el ridículo: es lo único que los españoles no tragan. Si el único proyecto de Sánchez consistía en llegar a ser presidente, podía haber planteado una estrategia de gobierno para preparar unas elecciones a los pocos meses. Hoy no hay más percepción de Gobierno que sus paseos en el Falcon oficial.

Volvamos a la paciencia de la derecha española. Todavía hay algún iluminado sostiene que el PSOE de la República era socialdemócrata, ocultando al PSOE bolchevique del golpe del 34, las elecciones de febrero del 36 o de las checas. Un PSOE que se llevó por delante a un jefe de la oposición, Calvo Sotelo; y no acabó con el resto porque estaban avisados.  Esto no es memoria, sino historia. No hay ningún partido en Europa que se presente con tanta sangre en su historia. Pero, gracias a la paciencia de la derecha española, Spain aún es different en esto.

La paciencia lleva a tolerar la destrucción de las instituciones, que se vaya como dice Juan Van Halen al Congreso de los diputados en playeras. O que los mil muertos de ETA estén ya en el olvido. Que a alguno le hagan gracia las tonterías de Pablo Iglesias. O que Carmena sacara algo más de un veinte por ciento de los votos en el barrio más rico de Madrid. Y no abogo por un clasismo desde la derecha, pero tampoco creo que la solución (si es que hace falta a nivel general, con lo bien que vivimos y lo igualitaria que es nuestra sociedad) sea aún la lucha de clases como sostiene nuestra trasnochada izquierda nacional.

Alguno se sorprende que tras el zarandeo al que ha sido sometida la derecha, haya surgido un fenómeno como VOX. La derecha española soporta un infierno fiscal para pagar un gasto público descontrolado cuando no dadivoso o corrupto. Se priorizan colectivos afines (feministas, LGTB, inmigración) y se ignora a la familia. Se impone por ley la versión de izquierdas de la historia. La corrección política establece un ideal de ciudadano: urbanita, ciclista, sin ambiciones, laico, vegetariano, multicultural, casi uniformado… mientras se persigue al que no se encaja en este ideal.  Todo lo que huela a tradición o cristianismo, apesta para los poderes públicos.

Por intentar dar una explicación a este fenómeno. La derecha española tampoco es un ejemplo de modernidad y visión de estado. Ha pecado de una visión excesivamente patrimonial, que podría resumirse en dejar que los negocios sean para los más ambiciosos y reservar para el resto una calidad de vida excepcional. Estas son las razones, suficientes, para mantener la calma a toda costa. El “arriolismo” quizás haya sido la máxima expresión de esta corriente: un mezquino ir tirando para no despertar la caja de los truenos.

Desde hace muy poco, desde que se acabó aquello tan español de “o Corte o Cortijo”, los asuntos públicos se delegaban en los militares, y hoy en el alto funcionariado. Casi como caricatura, la paz para algunos de la derecha se mantiene cuando a unos les dejan ganar dinero, otros gobernar y los de abajo rechistan poco y con simpatía. Ese “campechanismo” paciente tiene su reflejo en el tuteo borbónico o en el Quijote cuando escribe Cervantes: “Espantose el primo, así del atrevimiento de Sancho Panza como de la paciencia de su amo…”.

Una derecha que abraza tarde, a mediados del siglo XIX, el nacionalismo, pues antes se consideraba cosa del diablo. Y lo abraza con ¡impaciencia! y acaparando todos los símbolos y su narrativa. Desaloja del nacionalismo español a la izquierda que se hace internacional y muy radical. La prueba de la falta de visión de nuestra derecha es el poco énfasis que se hace en la Instrucción Pública, pues la tasa de analfabetismo se mantiene vergonzosamente alta hasta los primeros años de la democracia.

Ahora supongo y gracias en parte a la irrupción de VOX, tendremos una década de fuerte derechización del electorado (una especie de versión moderna del franquismo sociológico) donde se dirimirá –tendrían que empezar a pensar en un pacto a largo plazo- el poder entre VOX, PP y Ciudadanos. Hay una gran oportunidad para el liberalismo, pues puede ser el único común denominador de estas tres fuerzas políticas. Después vendrá el péndulo hacia la izquierda, que esperemos sea la versión moderna y europea de González y no de lo que vino después. Desgraciadamente en la izquierda la modernidad es lo excepcional, y lo trasnochado lo habitual. No en balde, reitero, tenemos la peor izquierda de Europa.

Luis Asúa 

 

 

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