No es país para primarias, por Alejandro Muñoz González

(Foto: Carlos Delgado / Creative Commons)

(Foto: Carlos Delgado / Creative Commons)

En España no hay primarias. Todos los ensayos han sido adulterados por los aparatos de los partidos. No lo digo como un reproche, hay palabras en política que vienen demasiado cargadas. En España no hay primarias y esto no quiere decir que tengamos que sentir ningún complejo de inferioridad frente a nadie ni que tengamos que creernos menos democráticos que cualquiera.

De un tiempo a esta parte parece que las exigencias de participación han aumentado y la celebración de primarias se ha convertido en un tema recurrente. En política, igual que hay palabras que se cargan de contenido negativo, las hay también que se convierten en fetiches y que con sólo escucharlas producen un efecto balsámico. La palabra “primarias” es una de ellas.

Para los partidos políticos las primarias son un reclamo, una forma de atraer votantes, un particular “dos por uno”. Pero son muy pocos los que están convencidos de las bondades  de unas auténticas primarias.

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(Foto: José Cepeda / Celebración de Callao por las primarias / Flickr)

Votar siempre es un plus y en nuestra muchas veces reducida concepción de la democracia, introducir papeletas en una urna parece ser la única forma de influir. No es cierto. Nuestro concepto de primarias parece ser tan poco exigente como el que tenemos de democracia. Unas auténticas primarias exigen competencia real y que el aparato del partido se reduzca para garantizar la absoluta libertad del votante a la hora de apoyar a un candidato u otro.

Salta a la vista, el sistema político español no está pensado para las primarias. De hecho no está pensado para la competencia interna en los partidos. Si se quieren primarias, (y en este querer debe de ir la reflexión sobre si convienen, si solucionan algo, si aportan legitimidad al sistema), se debe de cambiar el sistema político, desde el sistema electoral hasta el de partidos.

Nunca antes como ahora se ha hablado en España tanto de primarias. Todos los líderes buscan cubrirse con el manto de la participación y el apoyo de las bases. Sin embargo, las fórmulas sobre las que se ha conformado el liderazgo en España desde la Transición son las que están funcionando ahora, al margen de unas primarias tan presentes en las declaraciones como inexistentes en la realidad.

Las primarias sirven para crear líderes y en España la creación de liderazgos ha ido por otros cauces muy distantes a los de las primarias. Ni Pedro Sánchez, ni Albert Rivera, ni Pablo Iglesias han usado las primarias como su principal baza para construir su liderazgo.

Pedro Sánchez tras ser elegido Secretario General tenía la espada de las primarias para elegir al candidato a la Moncloa colgando sobre su cabeza, de pronto unos más que mediocres resultados electorales pero vendidos con astucia y un intenso trabajo interno sobre el aparato le han permitido ser elegido por aclamación saltándose el engorroso trámite.

Tanto Rivera como Iglesias han tenido que lidiar con movimientos internos para mantener el control del partido. Albert Rivera ha podido reclamar los buenos resultados electorales en las municipales y autonómicas, su cara ha estado omnipresente hasta en los municipios más recónditos, para obtener el apoyo mayoritario de los suyos en su particular remedo de primarias.

Mientras en Podemos la auténtica lucha sigue estando en convertirse en un partido con estructuras clásicas o no. La disputa de las últimas semanas va en esa camino, Pablo Iglesias ha dicho que Podemos es él y nadie más. Con esa estrategia quiere demostrar que es mejor ser más eficaz aunque se sea menos democrático. Todo un reto para quienes se consideraban asamblearios.

Lo que quiero decir con todo esto es que los nuevos partidos y los partidos clásicos son iguales y en ellos se producen las mismas luchas de poder. Los líderes de los nuevos partidos se han legitimado en procesos idénticos a los de los clásicos, con control interno y resultados electorales.CLEpA70WsAASze-

Las primarias están lejos de formar parte de la cultura política española. El sistema político no está pensado para ellas, la construcción del liderazgo político ha pasado siempre por el control de los aparatos del partido. Que sería más conveniente establecer procesos para que dentro de los partidos la construcción del liderazgo se hiciera de forma más participativa, desde luego que sí. Y las primarias podrían ser una formula, pero no la única, de conseguirlo.

Pero no deja de llamar la atención que en un país donde el nivel de afiliación a los partidos es tan bajo, se encuentre tan presente este debate. Por muy democráticos que se les exija ser a los partidos mientras no aumente el nivel de implicación de la ciudadanía de poco sirve hacer nada.

Unas primarias auténticas exigirían competencia, con todo lo que esto conlleva, aumento de la participación de las bases y permeabilidad con la sociedad civil. ¿Incluyen estos requisitos debilitar a los partidos políticos y cambiar nuestro modelo político? Esa es la cuestión. Las primarias sirven para crear líderes y deben servir  para democratizar la construcción del liderazgo. Estas primarias de las que hablan todos deben de encaminarse a dotarnos de liderazgos democráticos.

Alejandro Muñoz González

[politólogo y socio fundador del Foro para la Concordia Civil]

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