Navarra, mucho más que una batalla identitaria, por Javier Lesaca Esquiroz

Sorprende la extrañeza que ha producido la victoria política del nacionalismo vasco en Navarra. La llegada a la presidencia de la Comunidad foral de un miembro del PNV o de Batasuna era sólo cuestión de tiempo. Tarde o temprano iba a ocurrir. Y lo ha hecho enmascarado en Geroa Bai, la marca blanca del PNV en Navarra, y de Uxue Barkos, una periodista de la ETB, la televisión pública de la Comunidad Autónoma Vasca, financiada con más de 160 millones de euros públicos todos los años.

Uxue Barkos (En el centro). (Foto: EAJ-PNV, Flickr)

Uxue Barkos (En el centro). (Foto: EAJ-PNV, Flickr)

El nacionalismo vasco (PNV y Batasuna), al igual que todo movimiento político y social de vocación totalitaria, ha basado su estrategia política en priorizar la construcción nacional frente a la defensa de las libertades y los derechos individuales de los ciudadanos.

No ha tenido reparos en utilizar todas las herramientas y estrategias de ingeniería social a su alcance (incluido el presupuesto público) para moldear, manipular, comprar voluntades y conformar la sociedad y la opinión pública a su antojo. Por eso, desde la llegada de la Transición a España, los partidos nacionalistas vascos han afrontado sus aspiraciones anexionistas en Navarra como un asunto generacional; como una mera cuestión de tiempo y de maduración política.

La estrategia del nacionalismo vasco para llegar al poder en Navarra ha contado con dos actores. Por un lado, el PNV, desde el lado más institucional, se ha encargado de diseñar y ejecutar políticas que le permitieran influir y controlar dos pilares claves de la sociedad navarra: la educación y la opinión pública. A través de entramados empresariales afines y mediante la utilización de recursos públicos de la Comunidad Autónoma Vasca, el PNV ha tejido en Navarra una tupida red educativa y de medios de comunicación que han trabajado de manera constante y astuta durante 30 años por cambiar la realidad política, social, incluso demográfica de la Comunidad foral. Su última creación ha sido precisamente la puesta en marcha de Geroa Bai, el partido de Uxue Barkos, un producto de marketing político pagado, diseñado y controlado desde la sede del PNV en Bilbao.

Sin embargo, esta estrategia del PNV en Navarra no hubiera tenido ningún éxito si no llega a ser por la estrategia complementaria puesta en marcha por la izquierda abertzale en Navarra. Mientras el PNV trabajaba por madurar el proyecto político del nacionalismo vasco desde el frente institucional, Herri Batasuna y ETA se encargaban del trabajo sucio. Sólo en Navarra en los últimos 30 años, ETA ha cometido 400 atentados, ha asesinado a 42 ciudadanos (13 asesinatos están aún sin resolver) y herido y amenazado a miles (gran parte de los cuales han huido de sus municipios, incluso de Navarra).  Todos y cada uno de estos actos terroristas han sido justificados y amparados (hasta hoy en día) por los dirigentes de Batasuna, hoy reciclados en dirigentes de Bildu.

Esta eliminación física del rival político, y la consiguiente socialización del terror y del pánico, ha ido acompañada de prácticas totalitarias como la monopolización del espacio público, el entrismo y control de las asociaciones culturales, festivas, deportivas, sindicales…, la manipulación política de la Historia, el adoctrinamiento y la apología del odio a menores, la deshumanización del rival político, la constante difamación, humillación y hostigamiento a políticos y representantes de proyectos no nacionalistas o la imposición de símbolos de otras comunidades en Navarra. Actitudes y estrategias copiadas de los peores episodios de la historia de la Europa del siglo XX.

Es cierto que en octubre de 2011, la presión policial obligó a ETA a abandonar su estrategia de atentados terroristas. Sin embargo, el proyecto político y la vocación totalitaria de la izquierda abertzale se mantienen intactos y en absoluto han sido derrotados. De hecho, el actual dirigente de Bildu en Navarra, Adolfo Araiz, fue el responsable de la mesa nacional de Herri Batasuna durante los sangrientos años de plomo de la organización terrorista (1991-1997); mientras que el responsable de Sortu en Navarra es Vicente Goikoetxea Barandiarán, alias “Willy”, ex número dos del jefe de ETA Mikel Antza. Ninguno de los dos ha demostrado jamás el más mínimo arrepentimiento.

Esta doble y complementaria estrategia del PNV y Batasuna se ha mantenido de manera  constante y eficaz durante más de 30 años, hasta que finalmente ha logrado sus frutos. Sin embargo, el objetivo final del nacionalismo vasco no es el de gobernar Navarra. No se van a conformar con eso.

(Foto: Montecruz Foto / Flickr)

(Foto: Montecruz Foto / Flickr)

Controlar el ejecutivo foral es sólo la primera fase de una estrategia política pensada para enfrentar a los navarros, romper los vínculos que unen a Navarra con España y construir un nuevo proyecto político y jurídico basado en la entelequia identitaria y cultural de Euskal Herria, que supondría, de facto, la creación de un Kósovo en los Pirineos. Es decir, la implantación de una auténtica ruina democrática, política, social y económica.

No es casualidad que las primeras medidas planteadas con la llegada del ejecutivo de Uxue Barkos hayan sido la paralización de la educación en inglés en el sistema público de enseñanza, el fortalecimiento de la educación en euskera, el cambio legislativo que permita que la ikurriña ondee en las instituciones navarras, la captación de la televisión pública del País Vasco en Navarra, o el cierre del campo de entrenamiento del ejército del aire español en las Bardenas Reales. El nacionalismo vasco aprovechará los próximos cuatro años de Gobierno en Navarra para proseguir con su plan de construcción nacional de Euskal Herria y, por consiguiente, la progresiva destrucción del Estado de Derecho y de Imperio de la Ley que actualmente representa España. Y lo hará con mayor fuerza que nunca: desde las instituciones públicas y utilizando recursos públicos.

Detener la maquinaria de propaganda y de ingeniería social del nacionalismo vasco en Navarra no va a ser tarea fácil. Liberar y vacunar las mentes de las nuevas generaciones de navarros del bombardeo de doctrina nacionalista al que han sido y serán sometidos requerirá también de un plan y de una estrategia.

Será difícil liberar Navarra del nacionalismo sin una estrategia a la que se sumen todos aquellos que crean que el sistema jurídico y político español y europeo es el mejor garante de las libertades, los derechos y el progreso de todos los ciudadanos. Y, de la misma forma que el nacionalismo ha avanzado robando espacios de libertad e imponiendo derechos colectivos por encima de derechos individuales, la mejor forma de combatirlo será invirtiendo la estrategia: ganando espacios de libertad individual y denunciando los atropellos en nombre de la identidad colectiva.

El futuro de Navarra se va a jugar durante los próximos cuatro años en la defensa de las libertades de lo ciudadanos navarros. En la libertad de lo padres para elegir el centro y el idioma en el que quieren educar a sus hijos; en la libertad de los ciudadanos para poder expresar libremente sus ideas políticas sin ser insultados y amenazados; en la libertad de los ciudadanos por poder expresarse y trabajar (incluido el trabajo en la administración) en el idioma que más les convenga o interese; en el derecho de los ciudadanos por tener unos medios de comunicación libres y plurales; en el derecho de los ciudadanos de que las instituciones que financian con sus impuestos no se dediquen a fomentar enfrentamientos identitarios ni a proyectos partidistas de construcción nacional; en el derecho de emprender y trabajar en un entorno de mayor libertad posible y libres de trabas administrativas, etc.

Evitar que Navarra sufra un cisma social y de convivencia que provoque  la próxima gran crisis política y territorial de España, dependerá de la habilidad que la propia sociedad tenga para convencer a los ciudadanos navarros de que lo que verdaderamente está en juego es mucho más que una guerra identitaria de banderas e idiomas. Lo que realmente está en juego en Navarra no es sólo el legado cultural e histórico de uno de los reinos más antiguos de Europa, sino que es el propio sistema de derechos y libertades que ha permitido la convivencia y el progreso de una de las comunidades más ricas, prósperas y solidarias de Europa.

Javier Lesaca Esquiroz

[Periodista]

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