Mercurio, a las puertas del Cielo, por Nacho Plata

(Foto: Daniel López García)

Mercurio, el mensajero de los dioses, ha llegado a nosotros disfrazado de profe activista con ceño fruncido (y coleta). Y vaya si este político ha subido la temperatura de la política española. Si una cosa hay que agradecer al nuevo Pablo Iglesias es su uso de la pluma y el micrófono, de la praxis y la teoría, coloreando con tintes politológicos el barro de la política en España. Iglesias acaba de publicar un artículo en The New Left Review. Si tienen tiempo, léanlo, y si no lo tienen, también, léanlo. Mientras tanto, les dejamos algunas ideas tras nuestra lectura.

(Foto: John W. Schulze)

(Foto: John W. Schulze)

El artículo empieza con la interpretación de Iglesias de la Historia reciente: a finales de los años 70 se empezaba a atisbar la hegemonía neoliberal mientras la URSS entraba en decadencia. En ese contexto global se produjo la transición española, proceso en el cual las élites franquistas transmutaron y la izquierda comunista fue traicionada por sus líderes y por los socialistas, relegándoles poco a poco a la marginalidad. La caída de la URSS, el triunfo del neoliberalismo como doctrina económica y la llegada de la socialdemocracia a varios gobiernos parecían haber dejado sin espacio a la izquierda “comunista” europea. No así a los movimientos de la izquierda Latinoamericana, que tras los ajustes estructurales promovidos por el FMI y el Banco Mundial, resurgieron con movimientos populares fortalecidos en países como Bolivia y Ecuador (curioso el olvido de Venezuela). Como en su día lo hicieron las políticas del Consenso de Washington, las medidas de austeridad en Europa del sur tras la crisis del 2008 abrieron un nuevo espacio para la izquierda, dando paso a las conquistas electorales de Syriza o Podemos. Se puede estar más o menos de acuerdo con esta interpretación de los hechos, pero lo interesante comienza ahora: su narración de cómo en este escenario Podemos comenzó a asaltar los cielos.

Iglesias explica la importancia central de la comunicación política en su formación teórica y práctica, así que vamos a aprovechar tres conceptos básicos de la teoría de la comunicación para diseccionar su escrito: el emisor, el canal de transmisión y el mensaje. Podemos, a través de Pablo Iglesias – cara en las papeletas de las elecciones europeas – (el emisor), creó un discurso dicotómico de oposición a las élites (mensaje) a través del uso de su programa de televisión “La Tuerka” y su creciente aparición en todas las tertulias de televisión (el canal de transmisión). El experimento, metódicamente pensado y ejecutado, excedió de las previsiones con unos resultados solo achacables a unas mentes brillantes. Sólo por conocer la estrategia y su ejecución de la mano de Pablo Iglesias ya merece la pena leer el artículo. Sin embargo, aún hay más. Por lo – mucho – que dice, y por lo que calla, este artículo da algunas claves fundamentales para pensar la política actual en España.

La importancia del mensajero

En su artículo, Pablo Iglesias achaca el triunfo de Podemos a las políticas de ajuste fiscal, que promovieron la caída del apoyo electoral a los partidos tradicionales, vendidos irremediablemente a la doctrina neoliberal. Es cierto que PP, PSOE y CiU han perdido mucho apoyo electoral, pero no ha sucedido lo mismo con el PNV. Al contrario de lo que vaticinaba en su artículo, el PNV ha salido reforzado en las elecciones del 24-M. Una respuesta muy plausible es que el PNV, a diferencia de los otros partidos conservadores, no ha tenido ningún escándalo de corrupción. Esto es importante, porque parece que lo fundamental en el discurso polarizante creado por Podemos, más fundamental que las políticas de ajuste, es la corrupción, que es exógena a Podemos. Lo importante no es tanto el mensaje, sino la “pureza” del mensajero. Esto es clave, porque a Mercurio le ha surgido la competencia con Albert “Hermes” Rivera, y explica que la respuesta para intentar neutralizar al nuevo mensajero (marca blanca del PP, fascistas enmascarados, etc.) no se haya hecho esperar. Conclusión: quien pierda la legitimidad como mensajero, pierde el partido.

El canal como partido político

En un extracto memorable, nuestro Mercurio dice “The second key to this hypothesis was La Tuerka. From the start, within our modest means, we understood La Tuerka as a ‘party’. People no longer engage politically through parties, we thought, but through the media.” Podemos entendió dónde estaba el espacio público y creó el instrumento para instalarse en él: La Tuerka. Fue más inteligente que UPyD, que nunca dejo de quejarse del silencio al que le sometían los medios de comunicación, pero quizá no tanto como el PNV. Si, de nuevo el PNV. Como explicaba hace décadas el sociólogo Ander Gurrutxaga en “La visibilidad del éxito nacionalista”, el PNV creó la estructura de los Batzokis como instrumento de comunicación, como canal y centro donde se crea lo público, lo político. Por supuesto, los tiempos han cambiado y los Batzokis se vacían, pero para eso se crearon, una vez llegado al poder, los dos canales de ETB. Pablo Iglesias sabe bien cuál es el canal para asaltar los cielos, y por eso – como se quejaba su compañero Monedero – “no hay tiempo para reunirse con un pequeño círculo porque es más importante un minuto de televisión”.

¿Y el mensaje? ¿Qué pasa con el mensaje?

Captura de pantalla 2015-06-28 a la(s) 23.58.06De todas las partes que merecen ser citadas – que son muchas – hay un párrafo central en el artículo (¿hemos dicho ya que deberían leerlo?). Daria para una o más entradas, y merece ser transcrito de manera literal:

[…] When we insist on talking about evictions, corruption and inequality, for example, and resist getting dragged into debates on the form of the state (monarchy or republic), historical memory or prison policy, it doesn’t mean that we don’t have a stance on those issues or that we’ve ‘moderated’ our position. Rather, we assume that, without the machinery of institutional power, it makes no sense at this point to focus on zones of struggle that would alienate us from the majority, who are not ‘on the left’. And without being a majority, it is not possible to get access to the administrative machinery that would allow us to fight these discursive battles in other conditions, while intervening with public policies.

Pablo Iglesias admite que se resisten a hablar de la monarquía, la memoria histórica o la política penitenciaria, no porque sean moderados ni porque no sean de izquierdas, sino precisamente, para atraer a aquellos “que no son de izquierda”. Y eso que no son esas las cuestiones más sensibles para muchos votantes que no se consideran de izquierdas… Pero es que, de nuevo, Mercurio tiene claro cuál es el camino para asaltar los cielos, porque sin mayorías, no es posible acceder a “la maquinaria administrativa que nos permitirá luchar las batallas discursivas en otras condiciones, al tiempo que intervenimos en las políticas públicas”. Pedro Sánchez, tome nota, porque usted está en medio de la escalera hacia el cielo, y aunque se oiga a Podemos decir que su enemigo es el PP de los recortes, sólo obtendrán la victoria si superan al PSOE mandándolo a la pasokizacion. Albert Rivera, tome nota, y recuerde las batallas que Iglesias se resiste a pelear: sólo hay sitio para un semidios en el Olimpo.

Mercurio sabe bien que no va al cielo para ser mensajero de “los que no son de izquierda”, sino para convertirse en el Zeus gramsciano, dueño de la voz y la plata. Sí, seguramente un poco apocalíptico, pero no lo decimos nosotros, lo dice Pablo Iglesias, quien por cierto “nunca pensó que llegarían tan lejos”. Pues imagínense ahora, que sí que se ven, a las puertas del cielo.

Nacho Plata

[@plata_nacho]


floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Qué opinas de la estrategia de Pablo Iglesias de moderar el discurso para acercarse a votantes que no son de izquierdas? ¿Estás de acuerdo con que el éxito de las nuevas formaciones no radica en las políticas de recortes que se han llevado a cabo sino en los casos de corrupción? ¿Minusvalora a Albert Rivera como adversario político?

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