Liberalismo para las clases medias, por Isabel Benjumea

Isabel Benjumea durante su intervención en la convención de Conservatives International (Foto: Floridablanca)

Isabel Benjumea durante su intervención en la convención de Conservatives International (Foto: Floridablanca)

(Intervención de Isabel Benjumea en la conferencia Conservatives International, Miami, 26 de mayo de 2017)

La desigualdad legítima e ilegítima

El debate en torno a la desigualdad es un debate que en los países desarrollados está preocupando más que el de la lucha contra la pobreza. Fundamental y afortunadamente, porque la pobreza extrema ha sido erradicada gracias al capitalismo.

Partiendo de este punto, cabe preguntarse si la desigualdad es legítima o ilegítima. Y aquí, en mi opinión, es dónde reside el quid de la cuestión.

La desigualdad es legítima cuando es fruto de las diferencias de capacidad, esfuerzo y uso de las oportunidades. Y es ilegítima cuando deriva de la falta de oportunidades. Entonces, la pregunta es: ¿tienen igual acceso las personas a dichas oportunidades? ¿hay movilidad social? Y si la respuesta es negativa, ¿es el liberalismo el responsable?

Creo que, efectivamente, hay más desigualdad ilegítima que en tiempos pasados. También creo que el crecimiento de ésta no es consecuencia del liberalismo, sino de la ausencia de éste.

Consecuencias de nuestra incomparecencia: más desigualdad y más populismo

La desigualdad en el acceso a las oportunidades es lo que pone en situación de debilidad una de las grandes conquistas de nuestras democracias: el ascensor social. El ascensor social se regía por unas reglas comúnmente aceptadas y reconocidas: el mérito, el esfuerzo y la constancia tienen una recompensa. Y esa recompensa consiste en ascender económica y socialmente, en mejorar tus condiciones de vida. Es, por otro lado, el instrumento sobre el que crecieron y se consolidaron las clases medias, que son las grandes perdedoras de la crisis junto con los millennials (de primera y segunda oleada, 1980-1990 y 1990-2000).

¿Y qué tiene que ver esto con el liberalismo?
Isabel Benjumea durante su intervención en la convención de Conservatives International (Foto: Floridablanca)

Isabel Benjumea durante su intervención en la convención de Conservatives International (Foto: Floridablanca)

El liberalismo pone fin al Antiguo Régimen. Con la llegada del liberalismo, las oportunidades ya no están al alcance de unos pocos en función de su linaje, las oportunidades están al alcance de todos en función de sus capacidades. Puedes llegar a ser por lo que haces y no por quién eres.

Pero esa gran victoria perece por nuestra incomparecencia, la desidia por presentar unos argumentos que nos parecen incontestables, y la inteligencia de nuestros adversarios ideológicos y políticos para aprovechar la oportunidad. Y lo cierto es que, a pesar de que nuestras ideas han sido las que más prosperidad han generado en la historia de la humanidad, de que la globalización y el libre mercado han conseguido que 750 millones de personas hayan salido de la pobreza extrema en los últimos 40 años, nos hemos olvidado de las razones de nuestro éxito, de su base.

Voy a ir un paso más allá: tal vez nos hemos centrado demasiado en el liberalismo económico y hemos olvidado que éste forma parte de algo mucho más comprehensivo, de un liberalismo político que es una aproximación vital de la que la economía no se puede desgajar. Sólo así, se puede explicar que hayamos guardado silencio ante las alianzas que se han formado en algunos países entre el poder económico, el poder político, el poder judicial y, en ocasiones, el poder mediático. Es decir, hemos dejado el poder en manos de unos pocos y hemos olvidado uno de los principales rasgos del liberalismo: limitar el poder y garantizar los derechos individuales a través conceptos como el Rule of Law y o el Rechtsstaat.

No debe sorprendernos, por tanto, y desde luego en España, que falten oportunidades: al haber renunciado a explicar que se generan con libertad y responsabilidad, el acceso a las mismas se ha vuelto más limitado. Y con ello, el ascensor social se ha debilitado.

Pero, además, hay otro problema. Las oportunidades se limitan aún más en función de la edad. En España, el poder adquisitivo de los millennials va a ser menor que el de generaciones pasadas; y la carga impositiva, mayor. Ustedes se imaginan lo que es tener que asumir para un joven que 1) el esfuerzo, el mérito y el trabajo no implica un reconocimiento (ascensor social), 2) que vas a vivir peor que tus mayores y 3) que en parte vas a vivir peor para sostenerles (gasto social: sanidad y pensiones). ¿Ustedes encuentran aquí algún incentivo? ¿No tienen la sensación de que se penaliza la ambición y el afán de superación? Como pueden imaginar, el Estado de bienestar es también parte del problema. No su existencia -cuyos orígenes los encontramos en Alemania y Reino Unido-, pues ha evitado en Europa más de un problema de índole social, sino su elefantiásico tamaño y la falta de valor político para encarar su reforma. Falta liberalismo político y la explicación de su importancia para nuestra prosperidad. Es decir, falta explicar que limitando el poder del Estado y reduciendo su tamaño podemos, todos, tener más oportunidades y vivir mejor.

Hemos perdido la batalla de ideas sobre la desigualdad

Hemos perdido la batalla de las ideas por dos razones:

  • En primer lugar, porque no hemos sido capaces de articular y diseñar estrategias conjuntas entre afines, entre quienes defendemos, aun con matices, las mismas ideas liberal-conservadoras, destinadas a influir en la opinión pública y, por ende, en las decisiones de los gobernantes. Como me decía el otro día un buen amigo, “no se puede vender como a uno le gusta comprar”. No podemos aspirar a influir si nos quedamos en nuestras atalayas y no estamos dispuestos a confrontar nuestras ideas con nuestros adversarios. Tenemos que trabajar por nuestras ideas, pero tenemos que estar dispuestos a adaptar el mensaje al medio y hacer pedagogía. No podemos dar por hecho que la opinión pública viene formada. Lo cierto es que muchas malas ideas se han instalado en nuestras sociedades, y que la manipulación y desinformación son herramientas que el socialismo utiliza hábilmente por doquier.
  • En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, porque hemos permitido crecer al populismo a costa de inflar y desvirtuar la legítima indignación de los ciudadanos, quienes han interiorizado sus mensajes por nuestra incomparecencia ideológica.
Volver a los basics para volver a reconectar

Aunque nos gustaría a todos, estoy segura, que pudiéramos revertir de un chasquido de dedos las falsas percepciones que sobre el liberalismo existen hoy en la mayoría de sociedades occidentales, lo cierto es que nuestro camino pasa irremediablemente por una empinada ladera. Las ideas son semillas que solo florecen con el tiempo.

No trato de invitar al pesimismo, todo lo contrario: propongo un optimismo realista, convencida de la fortaleza de nuestras ideas y consciente de las dificultades.

Solo si encuadramos nuestras acciones -vengan del ámbito académico, político o de los think-tanks- en una estrategia meditada, innovadora y común, podremos recuperar el terreno perdido. Necesitamos, y esta Conferencia está siendo un perfecto foro para ello, ser sinceros con nuestras debilidades, meditar a fondo sobre los problemas de nuestras sociedades, recuperar los principios fundamentales del liberal-conservadurismo –los basics– como base sobre la que delinear soluciones innovadoras a los problemas de nuestro tiempo, y comprometernos, juntos, a sembrarlas en nuestros diferentes ámbitos de actuación, para que germinen y florezcan.

        Isabel BenjumeaApp-Twitter-icon

Directora de Floridablanca

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