La victoria de Otegui, por Javier Lesaca Esquiroz

La puesta en libertad de Arnaldo Otegui no es una derrota del Estado. Al contrario. El ex terrorista de ETA y líder político de la Batasuna que se dedicó a justificar el asesinato de cientos de ciudadanos ha cumplido su condena de acuerdo con el Estado de Derecho y el Imperio de la Ley. Otegui, como cualquier ciudadano español, puede ejercer dentro de la legalidad sus derechos y sus libertades.

La fortaleza y el orgullo de ser español consiste precisamente en defender eso. Que todos los españoles somos libres e iguales ante el Imperio de la Ley y el Estado de Derecho.

España es un proyecto político radicalmente opuesto al proyecto de Arnaldo Otegui, ETA y la Izquierda abertzale. Otegui representa a un movimiento político totalitario, basado en la eliminación física (asesinato) del rival político y en la instauración de un nuevo sistema legal basado en la homogeneidad cultural e identitaria, donde existen unos ciudadanos dignos de tener derechos (los nacionalistas vascos) y unos ciudadanos desposeídos de todo tipo de derechos, incluido el derecho a la vida (los no nacionalistas vascos).

Los españoles no se deben de inquietar por la salida de prisión de Arnaldo Otegui. Por el contrario, lo que sí debería de generar una profunda preocupación es el hecho de que miles de jóvenes de Euskadi, Navarra, incluso del resto de España (con Pablo Iglesias y Podemos a la cabeza) muestren su simpatía y fascinación por el líder de un movimiento político totalitario y liberticida que ha justificado y amparado el asesinato de 850 ciudadanos españoles y ha promovido la persecución, amenaza y coacción de decenas de miles.

La siempre eficaz maquinaria de ingeniería social de la izquierda abertzale ha creado una  poderosa narrativa, con especial impacto en las redes sociales y en los medios audiovisuales, donde Arnaldo Otegui es comparado a figuras como la de Nelson Mandela. Otegui tiene una cuenta en twitter con 64.000 seguidores, un documental, una red internacional de amigos y simpatizantes, así como un lobby social y mediático que ha conseguido captar el interés de la prensa, de la academia y de movimientos sociales internacionales.

La izquierda abertzale hace sus deberes y los hace muy bien. Es muy consciente de que las batallas políticas de la postmodernidad no sólo se libran en los tribunales, sino que, y sobre todo, se está jugando en las mentes y en los corazones de las generaciones más jóvenes. Es decir, en la opinión pública.

La gran tragedia del Estado de Derecho en España no es que Arnaldo Otegui salga de prisión. La gran tragedia de la democracia española es que mientras decenas de miles de jóvenes españoles aclaman a una persona condenada por terrorismo, la memoria de Ortega Lara, de Gregorio Ordóñez, de Miguel Ángel Blanco y de otras 850 víctimas del terrorismo de ETA y de la Batasuna de Otegui languidece en el olvido, ante la pasividad de los políticos y de la sociedad civil.

La democracia y el Estado de Derecho se construyen día a día, y no sólo con leyes, sino que también con símbolos y con relatos colectivos que ilusionen y cohesionen a los ciudadanos. La historia reciente de la democracia en España está cimentada en gran medida en la memoria de aquellos que dieron su vida por defenderla. Sin embargo, la sociedad española ha renunciado a honrar a sus héroes, al mismo tiempo que los que abogan por derrumbar el Estado de Derecho suben a las altares de la opinión pública.

Javier Lesaca Esquiroz | periodista e investigador
FLORIDABLANCA CAFÉ

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