La responsabilidad de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy

Foto: La Moncloa, Gobierno de España /Flickr

Un mes y veinticinco días después de las elecciones generales del 20 de diciembre, el Partido Popular sigue preso del inmovilismo de su actual directiva. Lejos de hacer un análisis crítico de los resultados obtenidos y de asumir responsabilidades, los intereses personales se están anteponiendo a los generales.

Mariano Rajoy y todo su equipo (aquellas personas que han formado parte de su núcleo inmediato de poder) han sufrido un severo castigo que responde a diversas motivaciones, entre otras, la falta de determinación e incapacidad para hacer frente a la corrupción; la pasividad ante las señales que la opinión pública española está enviando a la clase política; el alejamiento del ideario y principios propios del partido que representan; y la perseverancia en hacer del PP un partido distinto del que es, ya no caben todos, y en el que no se cuenta con sus afiliados – quienes, por otra parte, ya no saben cómo defender lo indefendible –.

Mariano Rajoy

Foto: La Moncloa, Gobierno de España /Flickr

Esta inactividad manifiesta y los errores cometidos han propiciado que el país se exponga a quedar en manos de opciones políticas cuyos programas ponen en riesgo la unidad de España y la recuperación económica. No se puede argüir que la situación política actual era inevitable. Una lectura correcta de los resultados electorales del pasado 20-D habría permitido vislumbrar posibilidades y márgenes de actuación que facilitaran pactos de gobierno con otras fuerzas políticas.

Mariano Rajoy y su equipo han preferido ignorar que la llave para desbloquear cualquier negociación pasaba por su dimisión, haciendo incluso creer a sus votantes y simpatizantes que el ser leal y patriota significaba estar callado. Por una supuesta estabilidad. Por el supuesto bien de España. ¿Pero no ha sido este inmovilismo lo que, por el contrario, ha debilitado y, a la postre, está lastrando la solución más favorable a las necesidades de la democracia española? ¿No constituye esta preservación de lo propio y minúsculo, el verdadero perjuicio a los electores del Partido Popular y de todos los españoles? Nosotros, en Floridablanca, hemos ido ofreciendo respuestas a estas preguntas desde el 21 de diciembre.

La situación es insostenible, como demuestra la simbólica eclosión de numerosos casos de corrupción en los últimos días.  Mariano Rajoy, como presidente del Partido Popular, no puede seguir eludiendo sus responsabilidades; debe entender que:

  • Ha pasado más de una década (13 años) desde que asumió la presidencia del Partido Popular. Se han celebrado desde entonces tres Congresos Nacionales, aunque deberían haberse celebrado cuatro, de acuerdo con los estatutos que están incumpliendo [1]. En este periodo se han sucedido distintos equipos en la dirección bajo una misma presidencia. Nadie salvo Rajoy puede asumir con plenitud la responsabilidad sobre todo lo ocurrido en este periodo, lo mejor y lo peor, lo político y lo organizativo.
  • Su legitimidad reside en el apoyo recibido en los Congresos y en el respaldo obtenido por los ciudadanos. El primero caducó hace más de un año, cuando tenía que haberse convocado el Congreso; el segundo se ha perdido paulatina y reiteradamente desde las elecciones europeas hasta las generales, donde ha perdido la confianza de casi cuatro millones de españoles.
  • La situación es tan grave para el Partido Popular y, lo que es más importante, para el espacio político que representa, que a estas alturas no queda más que una última oportunidad. Ésta pasa inexorablemente por asumir las consecuencias de las decisiones, las tomadas y las eludidas. Y exige la convocatoria urgente de un congreso abierto (un militante un voto) que dé paso a un completo cambio en la dirección, para que nuevos equipos libres de ataduras anteriores puedan impulsar un nuevo proyecto para un nuevo Partido Popular.Sello

Nota |

[1] El Congreso ordinario debía haberse celebrado en febrero del año pasado, ya que los Congresos “se celebrarán cada tres años” (Pág. 46), tal y como queda contemplado en los estatutos del Partido Popular.

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