La política y los principios, por Fernandino

No pretendo que nuestros queridos lectores caigan en el enésimo desengaño -o desencanto- en el que caemos de vez en cuando si nos referimos a la tan comentada y manida clase política española. Pero la actualidad manda, sobre todo en un año tan electoral como es 2015. La opinión pública se encuentra en un proceso de transformación ideológica en el que, con motivo del desgaste que han sufrido socialistas y populares en su alternancia en el poder, vuelven a demandar ciertos principios y valores que los partidos tradicionales parecen haber abandonado en el transcurso del período democrático iniciado tras la muerte de Franco.

© Coentor (Wikimedia Commons)

© Coentor (Wikimedia Commons)

Muy a mi pesar, comparto esa impresión con muchos otros españoles. Tras la consolidación de la democracia a principios de los años 80, los partidos políticos han entendido su función como un servicio al propio partido y no como un servicio a los ciudadanos. La clase política se ha organizado para lograr un único fin: alcanzar el poder y perdurar en él. Los principios, los valores, los militantes, los programas electorales, la sociedad civil y, en definitiva, las ideologías a las que se supone que representan, se han convertido en herramientas moldeables y cambiantes para conseguir cuotas de poder. La primera legislatura de Mariano Rajoy es un buen ejemplo de ello.

Durante muchos años, los partidos políticos se han sentido muy cómodos en un sistema en el que la sociedad, más o menos organizada dependiendo del momento, no ha podido participar en los asuntos públicos. La falta de una organización fuerte por parte de la sociedad civil ha provocado una escasa y distante relación entre el ciudadano y la clase política. Y la imperfección natural del hombre ha hecho el resto: corrupción, abuso de poder, estructuras cerradas, privilegios fiscales, falta de democracia interna, incumplimiento de las promesas y, en muchos momentos, incluso desprecio por su votante.

Por todo ello, no debe extrañarles a nuestros políticos que el español medio les dé la espalda de manera tan explícita como sucede ahora. Richard M. Weaver, una de las principales figuras del pensamiento moderno conservador en Estados Unidos, dijo que “todo ser humano que forma parte de una cultura es consciente de ejercer tres niveles de reflexión: las ideas que le inspiran las cosas concretas, sus creencias o convicciones y su ideal metafísico del mundo”[1]. Pues bien, partidos políticos mayoritarios como el Partido Popular o el Partido Socialista han abandonado en buena medida la aplicación real de las cuestiones ideológicas que aparecen reflejadas en sus respectivos programas electorales, han relegado las creencias y los principios a un segundo plano y han dejado de tener un ideal concreto de lo que quieren para la sociedad, el cual varía en función del contexto cambiante con el que se encuentran para conquistar el poder o afianzarse en él.

© José Antonio Griñan (Flickr)

© José Antonio Griñan (Flickr)

Ante este desolador horizonte, el surgimiento de nuevos partidos con cierto éxito no debe extrañar a nadie. Y no es que partidos como Podemos o Ciudadanos representen principios concretos y bien definidos, pero el votante medio sí que identifica en sus propuestas lo que no quieren que continúe siendo el panorama político español. Canalizar la indignación de los ciudadanos para provocar un cambio en el actual sistema político sí que resulta una opción válida para muchos españoles, que son conscientes de que los grandes partidos no van a mover ficha -de manera interna- para regenerar la política en favor de la sociedad.

En definitiva, el ciudadano español no encuentra en los partidos tradicionales unas siglas que pueda identificar con sus principios y valores, y por otro lado, reconoce y valora a unos partidos de reciente creación que representan el hastío de aquellos que quieren recuperar las ideas fundamentales que siempre han liderado “los partidos de toda la vida”. Si el PP o el PSOE siguen siendo marcas políticas válidas pero mantienen a unos dirigentes alejados de los votantes a los que representan, expresemos sin miedo y con convicción que los ciudadanos queremos unos políticos que se identifiquen con nuestra manera de ver, sentir y transformar el mundo en el que vivimos. Como dijo Edmund Burke, “hay un límite en que la tolerancia deja de ser virtud”[2].

Fernandino

[1] Weaver, Richard M. (2008): Las ideas tienen consecuencias. Ciudadela Libros, Madrid.

[2] Burke, Edmund (2003): Reflexiones sobre la Revolución en Francia. Alianza Editorial, Madrid



floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Las nuevas alternativas como Podemos o Ciudadanos tienen principios y valores? En caso afirmativo, ¿cuáles son? En caso negativo, ¿qué aportan, teniendo en cuenta que aún no han gobernado nunca? ¿Qué habría que cambiar para evitar que los partidos se transformaran en las estructuras clientelares que son hoy?

 

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