La nota de Carlos

agosto 04, 2015

Más que la independencia a la clásica, lo que parecen desear el montón de manifestaciones habidas, a cada año mas lejos de su parlamento, es, más bien, una carta de libertad, esa que dicen no encontrar en la carta constitucional del 78 o haberse perdido entre sus líneas con el paso de la justicia constitucional.

Como libertad colectiva y segregación territorial no son metas idénticas, quizá nos ahorraremos descubrir mediterráneos a numerosos amigos de manifestarse por la independencia, si, primero, pasamos todos a hablar de libertades hasta ese día de septiembre.

Discurrir entre Barcelona y los madriles que ir de independientes no es un bien per se, y menos después de siglos de destino común, o que, aparte de cero realista, sea quimérico, estrictamente idiota, en esta zona euro del mundo, seguro que es perder el tiempo.

Dejemos pues de boquear alrededor del anzuelo de la tal independencia, que luego haya de entrar con el derecho propio en la UE. Tal ficción es iglesia de pocos creyentes. Mucho mejor discurrir por ambos lados en qué menoscaba una democracia española las libertades catalanas -preferible siempre el nombre en plural y con minúscula- porta una carga de positivo interés, para una política de Estado que, amén de prudente, se desee persuasiva y moral.

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