La nota de Antonio

febrero 05, 2016

Parto de dos premisas para llegar a una conclusión. La primera es que la política es un servicio público y como tal debería ser una actividad desinteresada (lo que no implica que los políticos estén bien remunerados) y temporal (por lo que defiendo la limitación de mandatos). La política no puede asemejarse a una carrera profesional. Esos tiempos deberían acabarse. La segunda idea es que la política se hace con personas puesto que son las personas las que reflexionan y actúan movidas por unos ideales, forman equipos y eligen a sus líderes. Sin la persona, no hay política. El primer y el único activo de los partidos políticos son sus militantes, sus trabajadores y sus cuadros dirigentes. Un partido político, como cualquier organización humana, es un ente vivo, dinámico que está organizado de una determinada forma y que tiene su cultura propia. La conclusión a la que llego es que, en general, los partidos políticos no tienen una política de gestión de sus recursos humanos. Los partidos políticos, que son las organizaciones que están llamadas a representarnos no cuidan de sus personas. Ejemplos que ilustrarían tal conclusión: en muchas ocasiones, no se comunica a determinados dirigentes si renuevan sus cargos internos enterándose éstos por la prensa; en muchas ocasiones nadie se pone en contacto personalmente con los diputados y senadores en ejercicio para informales que no irán en listas y éstos se enteran por la prensa; en muchas ocasiones, no se comunica a los profesionales que trabajan para los políticos que no se les renueva el contrato hasta el último día o si se comunica dicha decisión se hace por vía indirecta; en muchas ocasiones diputados, senadores y eurodiputados han solicitado durante años una entrevista personal con su secretario/as general y no han sido recibidos. Estos ejemplos, además de ser buena muestra de la incapacidad profesional y de la catadura moral de determinados dirigentes políticos lanzan un devastador mensaje en el interior de los partidos políticos como organizaciones humanas. ¿Es posible motivar a los cuadros y al personal de los partidos políticos en estas condiciones? Si se quiere reconquistar el valor de la política habría que comenzar por dar clases de educación (y de gestión) a los dirigentes políticos, sería una forma de recuperar la ilusión en el seno de los partidos políticos y de transmitirla a los ciudadanos. Ah, y a quien hierro mata, a hierro muere…

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