La moda de la economía, por Jesús Sánchez Ruiz

La economía está de moda. Y no es una buena noticia. Muchos de ustedes no estarán de acuerdo con lo que acabo de decir, y no sin razón aparente, pero si me permiten un par de párrafos, les explicaré el motivo de mi afirmación.

Hoy en día una mayoría de la población domina términos económicos como prima de riesgo o mercados de deuda que antes estaban reservados a la prensa especializada y a los economistas. Tampoco se puede ignorar que a una gran parte de los ciudadanos le interesa saber si España cumplirá o no el déficit impuesto por Bruselas, por no mencionar los intensos debates que se entablan en los bares a cuenta de si es mejor tener deflación o inflación. Si hasta los niños discuten los lunes por la mañana en el patio del colegio sobre quién ganó el debate del anterior sábado entre Rallo y Garzón. Salvando esto último, todo lo demás es bastante cierto, pero la causa de que esto se produzca no es debido a un repentino entusiasmo generalizado de los ciudadanos por los procesos económicos, sino que responde más bien a la reacción natural de una sociedad que ha sido brutalmente golpeada por una crisis y que precisa averiguar si la somanta de palos ha acabado o necesitan ajustarse los machos porque vienen más curvas. Y esto, tiene que ver más con el instinto de protección que con un entusiasmo por la economía.

Si prestan atención, comprobarán que la mayoría de los conceptos de moda son vocablos que corresponden a datos macroeconómicos que se manejan y modifican desde los gobiernos, quedando, por lo tanto, alejados de cualquier posible influencia por parte de la ciudadanía, y descartándose además, por la naturaleza de los mismos, que su incorporación a la cultura general se haya debido a los beneficios económicos que los ciudadanos puedan obtener de ellos. Lo que no deja de ser extraño, pues poco sentido tiene ocuparse de asuntos que están fuera de nuestro alcance, y menos aun cuando son intrascendentes para nuestro día a día.

La única explicación comprensible a este comportamiento es una consciencia generalizada por parte de la sociedad de que la gestación de la crisis tuvo su origen en los despachos de los políticos y, por consiguiente, desde allí saldrán los datos que indiquen el final de la misma. Es la voluntad de estar prevenidos, y no un repentino fervor por la economía, lo que explica este inusitado interés. Argumento también válido para explicar lo inexplicable: que el programa de mayor audiencia del sábado por la noche tenga el formato de una  tertulia económica-política.

Qué distinto sería este artículo si en vez de la economía lo que estuviera de moda fuera la educación financiera. Imaginen el bienestar de una sociedad en cuyos bares se debatiera sobre renta fija-renta variable y fondos de inversión, o cuyos ciudadanos conocieran la fuerza del interés compuesto o la reducción del riesgo por la diversificación sectorial. Sería todo un espectáculo. Pero por desgracia no es el caso, y mira que es una pena, pues una sociedad educada financieramente nunca habría permitido los desmanes de nuestros gobernantes y menos aún la manipulación de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Ambas prácticas -por si aún no lo saben- fueron el verdadero origen de esta crisis, que dicho sea de paso, tuvo en otra moda su vehículo canalizador. Y es que la famosa burbuja inmobiliaria no fue más que una moda que además de tiempo y términos, involucró dinero, mucho dinero. En esa época, la población se apuntaba a comprar viviendas como si no se fueran a construir más, los bancos daban hipotecas como si no hubiera un mañana y los políticos invertían en obra pública como si existiera un concurso para ver quién gastaba más. Una moda que, como todas, acabó pinchando con las nefastas consecuencias de sobra conocidas. Al menos nos queda el consuelo de que el día que pinche ésta de la que hablamos, la única consecuencia negativa será la vuelta de algún programa con Ramón García de presentador a la noche de los sábados, lo que fácilmente se soluciona -el que quiera- apretando un botón y abriendo un libro.

Acabo, por lo tanto, reivindicando mi afirmación: Ha sido la crisis la que ha generado el interés por la economía, popularizando un amplio abanico de términos antes restringidos al mundo de las finanzas. O dicho de otra manera: La economía está de moda porque la crisis también lo está y eso, como dije al inicio, es una mala noticia.

Jesús Sánchez Ruiz | Club de los Viernes

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