La economía española: ¿por qué son necesarias las reformas estructurales? (II), por Jaime Gormaz

La economía española sigue teniendo enormes carencias. De hecho, las dramáticas consecuencias sociales de la crisis de 2008 ponen en entredicho los fundamentos básicos del modelo productivo de nuestro país.

España, desde principios de la década de los años 60, ha vivido uno de los mayores períodos de prosperidad económica de su historia. Pero no es menos cierto que este período también ha reflejado importantes “fallos” en el modelo productivo que ponen en duda su capacidad para asegurar la prosperidad de las próximas generaciones. Elevadísimas tasas de paro, continuados déficits en las cuentas públicas, desindustrialización o un crecimiento basado en el endeudamiento frente a un modelo basado en las exportaciones, entre otros.

La reciente crisis ha manifestado en toda su crudeza esta situación. Y la realidad es que no basta con plantear una serie de reformas estructurales que permitan ganar en flexibilidad a nuestro modelo productivo. Estas reformas tienen que ir más allá. Deben ser planificadas y ejecutadas con un único fin: el cambio en profundidad del modelo productivo.

Un modelo productivo que actualmente es excesivamente intervencionista, con un peso e influencia del sector público en todos los ámbitos que termina afectando negativamente a la iniciativa privada, que es el elemento básico y fundamental para la generación de riqueza. Como afirmaba el economista británico Adam Smith “el papel de los Gobiernos debe limitarse a administrar justicia, asegurar los derechos asociados a la propiedad privada y defender a la nación frente a las amenazas”. La libertad económica y la iniciativa privada son los principales factores de éxito en una economía, y el intervencionismo público en este ámbito no es más que un factor distorsionador que no asegura la prosperidad en el largo plazo, sino todo lo contrario.

Sin embargo, parece que los principales partidos políticos en España no quieren percibir esta realidad. Es más, la actual situación de incertidumbre política es un obstáculo que imposibilita hacer frente al enorme reto económico al que nos enfrentamos. Tras las elecciones generales del 20D, España vive una situación de parálisis institucional sin precedentes.

A la preocupación por la situación de inestabilidad institucional cabe unir las expectativas de que el nuevo Gobierno tenga la capacidad, la visión y la voluntad necesarias para aplicar los cambios profundos que España necesita. Los mensajes y los programas electorales de los principales partidos políticos no parecen invitar al optimismo.

El Partido Popular ha sido la formación que ha insistido en mayor medida en la necesidad de acometer reformas estructurales. Sin embargo, el PP no ha planteado un diagnóstico serio de las consecuencias sociales de la crisis y no ha manifestado una fuerte voluntad por acometer políticas de verdadero cambio en el modelo productivo. Tampoco ha dedicado grandes esfuerzos a explicar por qué es crucial que las reformas sean implementadas a la mayor brevedad, cuáles son las prioridades a abordar, cómo deben ser acometidas y cuáles serían los efectos positivos de las mismas. Es decir, ha acusado una falta de un diagnóstico claro y una senda reformista perfectamente detallada como proyecto de futuro para España. La primera consecuencia de ello es la falta de conciencia entre los ciudadanos acerca de la importancia que tiene en estos momentos el implementar reformas estructurales en España.

Economía española

Ministerio de Economía (Foto: jepeto /Flickr)

Por su parte, las recetas del resto de partidos políticos (Partido Socialista, Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida…) defienden un modelo que, en mayor o menor medida, continúan el actual modelo productivo. No solo no defienden las necesarias reformas estructurales sino que propugnan un mayor intervencionismo del Estado, en detrimento de la iniciativa privada.

La incertidumbre domina el contexto político y económico también a escala mundial. Cada vez son más numerosas las voces que apuntan a que nos encontramos ante las puertas de otra crisis de grandes dimensiones a corto o medio plazo. ¿Está España preparada para superar con garantías una nueva crisis?

La respuesta es que nuestro país necesita acometer profundos cambios en su modelo productivo o en la próxima crisis el impacto será inevitablemente mayor que en otras economías avanzadas. Cabe el riesgo de que en este caso la historia se repita. O la economía española cambia su estructura o volverá a sufrir graves consecuencias en forma de alta tasa de paro y endeudamiento para las generaciones futuras.

Los ciudadanos debemos ser conscientes de por qué es importante acometer reformas estructurales e identificar estas reformas como la única vía posible para no repetir los errores pasados. Y que ello se convierte a su vez en un motivo legítimo a la hora de exigir responsabilidad a los gobernantes para que estén a la altura de las circunstancias y orienten sus políticas hacia propuestas económicas que tengan impacto en el largo plazo. Algo que hasta ahora ha sucedido en pocas ocasiones.

España se encuentra en la mayor encrucijada política e institucional desde la Transición. Con unos partidos políticos que no parecen tener en cuenta la evolución de la economía en las tres últimas décadas, los errores cometidos y las políticas necesarias para adaptarse a un mundo en constante cambio. Quizás cabe concluir que no parece que hayamos aprendido de nuestros errores y que por tanto no estaremos suficientemente preparados para la próxima recesión, llegue cuando llegue.

Decía Milton Friedman que “solo una crisis -actual o presentida- produce un cambio real.” Toda crisis supone una oportunidad de mejora. España demostrará haber superado definitivamente la crisis si aprende de los errores y acomete cambios en profundidad que permitan asegurar la prosperidad de las próximas generaciones.

Jaime Gormaz
FLORIDABLANCA CAFÉ

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