La economía española: ¿por qué son necesarias las reformas estructurales? (I), por Jaime Gormaz

Reformas estructurales. Plan E

Foto: ukberri.net / flickr

“Aquellos que no conocen la historia están destinados a repetirla.”

Edmund Burke

La crisis económico-financiera que comenzó en el año 2008 es frecuentemente comparada con la Gran Depresión que tuvo lugar en el año 1929. En ambas ocasiones, la profundidad y prolongación en el tiempo tuvieron como consecuencia profundas secuelas sociales, políticas y  económicas. Estas secuelas provocaron profundos cambios en la estructura económica y en el  modelo productivo de los Estados Unidos, el país que fue origen de la crisis y que vivió enormes cambios sociales como consecuencia de ella.

Un análisis histórico de la evolución económica de los Estados Unidos en las décadas posteriores al crack del 29 refleja que esa crisis fue consecuencia de las múltiples carencias de distinta índole que albergaba su modelo económico. Pero también refleja que los Estados Unidos supieron diagnosticar esas carencias y adaptar su economía para evitar los mismos errores que originaron la crisis, así como las devastadoras consecuencias que tuvo sobre el nivel de vida y las expectativas de futuro de sus ciudadanos. Estados Unidos aprendió de sus errores y el país ha superado las crisis de décadas posteriores con mayor fortaleza.

El panorama económico mundial a principios del año 2016 es un reflejo de las consecuencias que todavía tiene la crisis del año 2008 en la mayoría de países desarrollados y emergentes. Los riesgos y desafíos son mayores que nunca. Prácticamente todos y cada uno de los drivers que han sido motor del crecimiento económico mundial en estas últimas décadas están sufriendo un drástico cambio de tendencia. A peor.

Estados Unidos, la locomotora mundial, tiene unas expectativas de crecimiento menores para los próximos años y una creciente inestabilidad política. El colapso del sector de las infraestructuras en China es un evento de consecuencias impredecibles para la economía mundial (el gigante asiático ha supuesto el 50% de la demanda energética y de materias primas a nivel mundial en los últimos años). La fuerte caída del precio del petróleo y de las materias primas también tendrá enormes consecuencias negativas. Y todo ello tras una política monetaria expansiva de los grandes Bancos Centrales (Reserva Federal, BCE, Banco Central de Japón) en los últimos años, que han inundado de liquidez el sistema financiero, con consecuencias imposibles de predecir por no haber precedente alguno.

Si a esta situación le añadimos la inestabilidad geopolítica mundial (ISIS, Oriente Medio, ruptura del proyecto común europeo, etc.) nos encontramos con que puede suceder que dentro de poco tiempo tengamos ante nosotros otra “tormenta perfecta”.

En este escenario internacional marcado por una creciente incertidumbre, cabe preguntarse cuál es el escenario económico y político que presenta España y cuál es en estos momentos su capacidad para hacer frente a los retos y desafíos actuales.

En el caso de la crisis global que dio comienzo en el año 2008, España ha sido uno de los países europeos más castigados. Pero esto no es una casualidad. La economía española no estaba preparada en modo alguno para una crisis de esta magnitud. La dureza de la crisis fue mayor en España que en otros países desarrollados porque su estructura económica y productiva sufría, y sigue sufriendo, importantes carencias: exceso de regulación, rigidez del mercado laboral, elevado endeudamiento privado, dependencia del sector bancario para la financiación de la economía (frente a la financiación privada) y fuerte exposición del sector financiero al sector inmobiliario, entre otras. Unos fundamentos endebles para hacer frente a una crisis financiera de enorme magnitud, como la vivida a partir del año 2008.

España no solo no estaba preparada para hacer frente a una situación de profunda crisis económica, sino que además tenía un Gobierno socialista que negó la crisis cuando ésta comenzaba a mostrar los primeros síntomas; precisamente cuando más importante es actuar para minimizar su impacto en la medida de lo posible. Y cuando comenzó a actuar, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero aplicó la peor de las recetas: aumentar el gasto público de manera desmesurada.

Las reformas estructurales acometidas por el Gobierno del Partido Popular en los años 2012 y 2013 (mercado laboral, sector financiero, reestructuración en el sector inmobiliario) dotaron de mayor flexibilidad a la estructura productiva del país. Como consecuencia, en el año 2015 la economía española creció a una tasa del 3,2%. Y las previsiones del Gobierno del PP para los próximos años apuntan a crecimientos superiores al 2%. Pero lo cierto es que la economía española no hubiera crecido a ese ritmo sin dos factores externos de vital importancia: la política monetaria expansiva del BCE y la caída del precio del petróleo.

Jaime Gormaz
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