La agresión de Rusia contra Ucrania, por Javier Rupérez

© Mstyslav Chernov

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Habría que comenzar recuperando la utilización adecuada de las palabras para describir las situaciones. Lo de Ucrania no es un “conflicto” entre dos partes sino una “agresión” de una parte – la Federación Rusa, presidida por Vladimir Putin –  contra otra parte, la agredida República de Ucrania. No es baladí la utilización de los términos adecuados si de verdad se quiere comprender lo que está ocurriendo, cuáles sus alcances y consecuencias y cómo debería reaccionar la comunidad internacional para detener la agresión, hacer respetar los derechos soberanos de Ucrania y castigar adecuadamente a los que de manera grosera e injustificada han violado las normas más elementales de Derecho Internacional, e incluso sus propios compromisos.

No hace falta contar con los informes confidenciales de la CIA para saber que en el Este de Ucrania los que están invadiendo el territorio ucraniano no son separatistas locales sino soldados rusos dotados y armados por la Federación Rusa. Como tampoco hace falta gran imaginación y sólo un poco de memoria reciente para recordar que Rusia se ha anexionado ilegalmente la península de Crimea con la utilización directa de sus fuerzas armadas, aunque, también en contravención de las normas internacionales sobre la guerra, sus componentes no llevaran distintivos que los distinguieran y fueron conocidos como los siniestros “hombres de verde”.

© David, Flickr

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Nadie quiere la guerra. Nadie excepto Putin, que ya ha demostrado suficientemente en esta ocasión, como ya lo hiciera en otras, dentro y fuera de Rusia, su falta absoluta de escrúpulos cuando se trata de utilizar la fuerza para la consecución de sus objetivos. En esa disyuntiva cuando los que pretenden detener la agresión comienzan por anunciar que la situación “no tiene una solución militar” están diciendo precisamente lo que el autócrata ruso quiere oír: que el único dispuesto a la utilización de elementos militares es él, asegurando la ventaja que ello concede a la hora de sentar pérdidas y ganancias en el campo de batalla o en la mesa de negociación. Al menos Obama, incluso con sus vacilaciones, ya ha anunciado que “todas las opciones están sobre la mesa”. ¿Tanto les hubiera costado a los pacatos líderes europeos decir lo mismo, aunque no llegaran a créeselo?

Tampoco hace falta desempolvar la bola de cristal para predecir que Putin seguirá acosando a los ucranianos en el Este del territorio y que con ello seguirá intentando obtener lo que de manera transparente deja ver: la partición de Ucrania, la adquisición para Rusia de la mitad oriental, la consagración de la anexión de Crimea y la creación en el resto del territorio de una república que preste vasallaje a Moscú. Un programa vigoroso de sanciones puede retrasar e incluso condicionar las pretensiones imperiales del nuevo autócrata del Kremlin pero necesitarán de consistencia, unidad y paciencia y siempre con la firme manifestación de lo evidente: la situación solo se regularizará cuando las tropas rusas abandonen Ucrania y devuelvan Crimea y Putin deje de intervenir violentamente en los asuntos de ese y otros países vecinos.

¿El sueño de una noche de verano? La alternativa equivale a premiar la agresión y con ello envalentonar aún más al agresor, que tiene en sus voraces alforjas otros objetivos: Letonia, Estonia, Lituania, Georgia, Azerbaiyán, Moldova y si la ocasión surge y el Occidente sigue mostrándose dubitativo, Polonia. ¿Por qué no? Así empezó en los años treinta del siglo XX un individuo de origen austriaco con bigote, flequillo y dado a la reclamación territorial. Se llamaba Adolf Hitler. ¿Les suena?

«Por lo que he visto de mis amigos y aliados rusos durante la guerra, estoy convencido de que no hay nada que admiren mas que la fuerza y nada por lo que tengan menos respeto que la debilidad, especialmente la debilidad militar» – Winston Churchill, discurso sobre la «Iron Curtain» en Westminster College, Fulton, Missouri, 5 de Marzo de 1946.

Javier Rupérez

[Embajador de España]


floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Debe la Unión Europea continuar con la política de saciones económicas y diplomáticas o debe dar un paso más y contemplar una intervención militar? ¿Es Europa demasiado timorata? ¿Puede esta agresión ser la antesala de un conflicto mayor que envuelva a otros países de la antigua esfera soviética?


 

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