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Diagnóstico

El IRPF es una figura tributaria que pese a haber sido reformada recientemente, debe proseguir en su mejora. Se trata de un impuesto en el que conviven excesivos tramos -que en muchos casos provocan la progresividad en frío, que lastra la eficiencia del impuesto, y múltiples deducciones junto con tipos altos, que dirigen excesivamente la voluntad de los ciudadanos, pues incentivan el gasto en determinadas cuestiones, por encima de las preferencias que tenga el individuo para aplicar su renta disponible.

Vía de reforma

Debe caminarse hacia una reducción de tramos impositivos en la parte estatal, con una acotación al mismo número de tramos en la parte autonómica. Las deducciones deben eliminarse en su práctica totalidad y deben bajarse, en equivalencia, los tipos marginales en la medida de la misma cuantía que se pierde con las deducciones, para garantizar la sostenibilidad de la recaudación en el corto plazo. En el medio y largo plazo, la recaudación aumentará por una mayor actividad económica fruto de la mayor renta disponible media que tendrán los individuos gracias a la mayor eficiencia del impuesto y la bajada de tipos, y el mayor poder de decisión de los individuos para aplicar la renta, que puede redundar en una mayor actividad por sinergias. Las CCAA podrán establecer los tipos que consideren dentro de los tramos establecidos, pero no deducciones.