¿Qué hacer? (III), por Alicia Delibes

ARTÍCULO DELIBES

Lenin cumplía condena en Siberia cuando, en marzo de 1898, se celebró en la ciudad bielorrusa de Minsk el primer congreso del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR). Ante la diversidad ideológica que se había puesto de manifiesto en las reuniones de aquel congreso, Lenin concibió la idea de crear un periódico que fuera el órgano de transmisión del auténtico pensamiento socialista revolucionario ruso (es decir, del suyo) y que unificara los distintos grupos constituidos en otros países europeos.

En enero de 1900, liberado de su condena, Lenin abandonó Rusia para unirse a Plejánov y los exiliados rusos en Europa. Llevaba consigo el primer número del periódico que se llamaría, Iskra (“La Chispa”), por el lema de “A partir de una chispa el fuego se reavivará”). La publicación de este primer número se realizó en Leipzig antes de finalizar el año. El objetivo de la revista era lograr la unificación de las organizaciones socialdemócratas en el extranjero. A Lenin le preocupaba, sobre todo, la tendencia “economista” de algunos dirigentes. Los llamados “economistas” defendían la supeditación de la lucha política del proletariado a la lucha económica (de ahí su nombre) lo que, en la práctica, significaba la aceptación de la representación sindical y la participación en el juego democrático de los países occidentales. Para Lenin era necesario acabar con esa tendencia “oportunista” que podía minar el espíritu revolucionario del partido.

Como la revista apenas tuvo trascendencia entre los socialistas rusos, para frenar definitivamente el peligroso avance de esta tendencia “desviacionista” del recién nacido POSDR, Lenin decidió escribir un largo panfleto, ¿Qué hacer?

Qué hacer, se pregunta Lenin, para evitar las tentaciones burocráticas y pequeñoburguesas de algunos dirigentes socialdemócratas. Qué hacer para extender la conciencia política y revolucionaria a amplios sectores de la población. Qué hacer para crear un partido fuerte que dé respuesta a las inquietudes revolucionarias cada vez más extendidas en la sociedad rusa. Qué hacer para extenderse sin traicionar el espíritu revolucionario del movimiento. No puede haber términos medios, advertía Lenin a los desviacionistas. La ideología o es burguesa o es socialista, y “todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa”.

La organización del partido que proponía Lenin debía basarse en un único principio, “el de la más severa discreción conspirativa, la más rigurosa selección de afiliados y la preparación de revolucionarios profesionales. Si se cuenta con estas cualidades está asegurado algo mucho más importante que el ‘democratismo’, a saber: la plena y fraternal confianza mutua entre los revolucionarios”.

Los afiliados a una organización así “no tienen tiempo para pensar en formas pueriles de democracia, (…) sabiendo por experiencia que una organización de verdaderos revolucionarios no se parará en nada para librarse de un miembro indigno”.

Las propuestas de Lenin para extender el partido a todas las capas sociales y evitar que se cayera en el aburguesamiento eran la propaganda, la agitación, las denuncias y las depuraciones.

En 1903 se celebraría, en Bruselas y Londres, el III Congreso del POSDR. El empeño de Lenin por imponer su doctrina iba a provocar la escisión del partido en dos facciones, la de los bolcheviques, seguidores de Lenin, y la de los mencheviques que se oponían a su estrategia. Desde entonces Lenin vivió en el exilio casi ininterrumpidamente hasta que, en abril de 1917, llegó a la estación Finlandia de Petrogrado (hoy San Petesburgo) en aquel famoso tren blindado que salió de Ginebra y atravesó, en plena guerra, toda Alemania. En febrero había estallado en Rusia la Revolución que obligó al zar a abdicar y constituir un Gobierno provisional. En octubre el partido bolchevique dirigido por Lenin se levantó contra ese Gobierno y se hizo con el control absoluto del poder.

El escritor ucraniano Vasili Grossman (1905-1964), en su obra póstuma Todo fluye, acusaba a Lenin de haber sido el fundador del Estado totalitario y liberticida que más tarde construyó Stalin. Para Grossman, Lenin no tomó el camino de la Revolución por amor a la humanidad, ni por el deseo de acabar con la miseria y la explotación de los campesinos, ni tampoco lo hizo porque creyera en la verdad del marxismo o en la justicia socialista, su único objetivo fue siempre alcanzar el poder, y, para ello, «inmoló, mató lo más sagrado que Rusia poseía: la libertad».

Alicia Delibes
FLORIDABLANCA CAFÉ

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