Los nihilistas rusos (I), por Alicia Delibes

ARTÍCULO DELIBES

El término “nihilista” fue popularizado en Rusia con la novela Padres e hijos de Iván Turguénev (1818-1883), publicada en 1862. El protagonista de la novela, Bazárov, es un estudiante de medicina que se declara ateo racionalista. El autor lo describe como un tipo arrogante que se cree en posesión de la verdad y desprecia a sus semejantes, no conoce la compasión, se muestra escéptico ante el amor y tampoco confía en la amistad. Turguénev califica a Bazárov de “nihilista” porque es “una persona que no se doblega ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como un dogma de fe, por mucho respeto que ese principio infunda a su alrededor”.

La novela levantó gran polémica en su época. Turguénev no ocultaba cierta simpatía por esa nueva juventud dispuesta a poner patas arriba el mundo de sus mayores. Sus detractores le acusaron de oportunismo, de querer quedar bien con unos jóvenes que no mostraba el menor respeto por las ideas, costumbres y creencias en las que habían sido educados.

Un año más tarde, Nikolái Chernyshevski (1828-1889), escritor y filósofo revolucionario, publicó ¿Qué hacer? Los hombres nuevos. Esta novela, con mucho más contenido político, se convertiría en el evangelio de los jóvenes nihilistas rusos de la segunda mitad del siglo XIX.

El nihilismo supuso en la Rusia de la década de 1860 la bandera de enganche para jóvenes rusos de buena familia que buscaban “dar sentido a su vida” y trataban de encontrarlo en el rechazo de toda autoridad, la de los padres, la de la Iglesia y la del Estado. Luchaban contra lo que consideraban mentiras convencionales de la sociedad civilizada. La sinceridad absoluta era uno de sus distintivos. Eran “los hombres y mujeres nuevos” que Chernyshevski había descrito en su novela ¿Qué hacer?

De aquellas actitudes individuales de rebeldía surgió una organización clandestina, Tierra y Libertad, cuyo objetivo era la sublevación de los campesinos. Sus miembros, casi todos intelectuales e hijos de terratenientes, fueron llamados “populistas” por su estrategia de acercamiento y adaptación a la vida de los campesinos para impulsar la revolución contra el sistema opresor de los zares.

El 21 de noviembre de 1869, en un estanque de los alrededores de Moscú, fue hallado el cadáver de un estudiante de Agricultura. Tras recibir un disparo en la cabeza, había sido arrojado al agua con unas piedras atadas al cuello. La policía descubrió que el crimen había sido cometido por un grupo de cinco personas e instigado por un anarquista que se decía discípulo de Bakunin, Serguéi Necháyev.

El caso fue novelado por Dostoyevski en su obra Los demonios, publicada en 1872. Dostoyevski hace en la novela constantes referencias a los intelectuales que, como Turguénev o Chernyshevski, jalearon a los jóvenes nihilistas, sin ser conscientes de que alguno de ellos podía acabar convirtiéndose en un despiadado asesino. Necháyev está representado en la novela por un joven cruel y sin escrúpulos llamado Pyotr Stepanovich. Cuando el padre de Pyotr, Stepan, un intelectual de la primera generación de nihilistas seducidos por Chernyshevski, se entera de las intenciones demoníacas de su hijo busca en la novela ¿Qué hacer?, que “había hecho vibrar en otros tiempos su corazón”, argumentos que le permitan comprender el radicalismo de su hijo. Horrorizado, reconoce en la crueldad de éste y en su desprecio por todo signo de humanidad la idea que él mismo había contribuido a propalar, y exclama: “Fuimos los primeros en sembrarla, en cultivarla, en preparar el terreno (…) Pero ¡Dios Santo! ¡Qué manera de expresarla, de retorcerla, de mutilarla!”.

El mismo año en que apareció publicada Los demonios, Necháyev, que después de cometer su crimen había huido a Suiza por miedo a que le arrestaran, fue detenido en Zurich. Devuelto a Rusia, fue juzgado y condenado a veinte años de trabajos forzados. Murió en prisión diez años más tarde.

Alicia Delibes
FLORIDABLANCA CAFÉ

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