Gratis, por Víctor Santana

Vayamos por donde vayamos, en todo el mundo occidental, nos vamos a encontrar con jóvenes idealistas que se creen en posesión de la verdad absoluta, una verdad que les permite saber más que otras personas y que les concede esa superioridad moral para decirte con palabras casi divinas que es tu culpa que la gente se muera de hambre.

Es a esos jóvenes idealistas que protestan en las bolsas de medio mundo, vestidos de Zara y H&M, a favor de los pobres y en contra de las grandes corporaciones, a los que hay que agradecerles el resultado de las elecciones británicas. Jóvenes idealistas que marchan el Día del Orgullo con camisetas del Che pintado de colores. Jóvenes idealistas que se enorgullecen de que países como Cuba y Venezuela pertenezcan al pueblo. Jóvenes idealistas que se encargan de dejar claro todo lo que opinan en sus posts de Instagram, Twitter, Facebook y SnapChat.

Por supuesto, los férreos votantes de UKIP han acabado votando a Corbyn, y la mitad de Escocia ya no quiere hablar de independencia. Pero cualquier análisis electoral debe centrarse en ellos.

Son los mismos jóvenes idealistas que estaban muy ocupados para votar por Ed Miliband hace dos años o para participar en las primarias del partido laborista pudiendo haber apoyado a Owen Smith. Y los mismos que no se molestaron en ir a votar el día del referéndum de Brexit. Esos son los que han aupado a Jeremy Corbyn de un 30,4% del voto al 40% que sacó el jueves pasado en las elecciones británicas.

Es muy fácil olvidarse del pasado, de lo que una persona ha defendido. Un Corbyn que apoya al IRA, a Hamás, a Hizbulah; que adora a Fidel y a Chávez, y a quien le hubiese gustado que la Guerra Fría acabase de otra manera, ha conseguido sacar el mejor resultado de su partido en muchos años, movilizando a unos jóvenes idealistas que hasta ayer pasaban de la política. Convenciéndoles con promesas sin necesidad de explicar cómo va a llevarlas a cabo.

Su campaña no se ha basado en ideologías, carisma, medidas contra el terrorismo, ni siquiera ha ido sobre independencia o corrupción. Corbyn, al igual que otros líderes por Europa, ha descubierto que la palabra mágica es “gratis”. Sí, los jóvenes idealistas son los más fáciles de comprar, se han movilizado ante el grito de más dinero para educación, sanidad, policía y administración. Se han vendido ante la promesa de universidades gratis, todo asumido por ricos y empresas.

Pero la pregunta es quiénes son los ricos y cuáles son las empresas. ¿Acaso tú, joven idealista, no quieres montar una empresa y ser rico? ¿No quieres que todo el mundo pueda montar su empresa y ser rico? ¿O eres tú, joven idealista, el más elitista de los elitistas que sigue pensando que al pobre hay que darle dinero porque es pobre, el pobre?

Gratis también es la lección que nos han enseñado. No podemos parar ni un día de hacerles ver que la libertad y la prosperidad de la que disfrutan tiene un precio. Nuestra batalla, la batalla por la libertad, no tiene fin.

Víctor SantanaApp-Twitter-icon
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