Giner de los Ríos. El español auténtico, por José Mª Marco

Francisco_Giner_de_los_Ríos_(1881)

Francisco Giner de los Ríos en 1881

Francisco Giner de los Ríos, de cuyo fallecimiento se celebra ahora el centenario, estuvo a punto de casarse con una Machado, María, tía de los poetas Manuel y Antonio. El noviazgo se extendió largo tiempo pero no llegó a buen puerto porque Giner, tal vez para quitarse el compromiso de encima, se empeñó en reeducar a María para que se acoplara a su propia forma de ver la vida.

Es un episodio triste, de sabor a ceniza, como muchos otros de la vida de Giner. Giner necesitaba romper la personalidad de sus discípulos (no digamos ya de las mujeres, que en la Institución Libre de Enseñanza debían ser reeducadas de arriba abajo) para encajarlos en su proyecto. El proyecto de Giner, efectivamente, consistía en la creación de una minoría (nunca se fio de la democracia ni se interesó por la alfabetización del conjunto de la población) educada vitalmente, desde el principio mismo, en el conocimiento personal, íntimo (la intimidad es el concepto fundamental de la acción de Giner) de los códigos que harían posible la creación de una nueva España. Esta sería la única auténtica, ajena a los usos de la vigente, España africana, ajena a Europa, sucia, ignorante, sin gusto, católica, a veces incluso afrancesada, que es la peor de las perversiones.

El legado de aquel hombre, con una personalidad fuera de serie y una capacidad estratégica extraordinaria, se ciñe a dos líneas. Una es el radicalismo político, que preservó contra viento y marea en los tiempos eclécticos y dialogantes de la Monarquía constitucional (la detestada “Restauración” liberal) para luego pasarlo a quienes se encargarían de configurar la Segunda República, un régimen de exclusión. La otra está en las claves, más estéticas aún que espirituales, y más espirituales que ideológicas, de esa nueva España conformada según un ideal de depuración infinito, que acaba despeñado en la cursilería y está en la base de una de las grandes líneas del nacionalismo español: un regeneracionismo estético y espiritual de largo alcance.

Hoy en día, Giner se ha convertido en uno de los santos patrones de la izquierda. Mejor dicho, después del descrédito que está sufriendo el viejo Pablo Iglesias, el único todavía en pie. Giner es el primer español moderno, el español ideal, el patriota radical. No acatar la idolatría a Giner de los Ríos, como se le ocurrió hacer a quien firma estas líneas en su biografía del personaje -la única que existe, y no debe de ser casualidad- es un ejercicio de alto riesgo. Avisados quedan los amigos de Floridablanca, un grupo sin dogmas ni depuraciones ni exclusiones, incluso un poco afrancesado, al que estoy orgulloso de pertenecer.

José María Marco

[Escritor y profesor de Relaciones Internacionales en la UPCO]


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