Gestión y política, por Gonzalo Figar

Gestión y Política

Foto: La Moncloa Gobierno de España / Flickr

Confirmaba el Ministro de Hacienda hace pocos días que España, nuevamente, no ha cumplido el objetivo de déficit fijado para el año 2015: finalmente, ha sido del 5,16%, casi un punto por encima del 4,2% estipulado.

El Gobierno de Rajoy lo ha apostado todo a una buena gestión económica y resulta que ni siquiera ésta ha sido exitosa. Después de haber centrado toda su acción de gobierno durante los últimos cuatro años en la reducción del déficit, después de no haber otorgado ningún tipo de atención a otras áreas de actuación, tras haber subido los impuestos más veces que ningún otro gobierno en la historia de España y con una mayoría absoluta en las Cortes, el actual Gobierno ni siquiera ha sido capaz de rebajar el déficit a los niveles prometidos. Es más, lo ha rebajado tan sólo poco más de 4 puntos en 4 años.

En realidad, la situación es mucho más esperpéntica: ese dato del 5,16% no incluye el rescate financiero que España recibió de la Unión Europea, por lo que la cifra real es aún mayor. No olvidemos tampoco que el Gobierno, además, ha renegociado con Bruselas en varias ocasiones un aplazamiento en los objetivos de déficit; es decir, el Gobierno ni siquiera ha cumplido el objetivo que le había marcado después de varias concesiones. Lo que sí ha hecho el gobierno en este mismo plazo ha sido aumentar la ratio de deuda pública sobre el PIB en 30 puntos, unos 300 mil millones de euros de deuda más sobre la espalda de los españoles.

Algunos alegarán que el desvío del déficit se debe al incumplimiento de las Comunidades Autónomas, no de la Administración Central. Sí, es cierto, pero es labor del Gobierno hacer cumplir los objetivos de déficit y meter en cintura a las Autonomías. Precisamente para eso se aprobó la Ley de Estabilidad Presupuestaria en 2012, o eso nos quiso vender el mismo ministro que ahora intenta echar las culpas a otros.

No se detiene aquí la lista de “méritos” del PP de Rajoy: también ha conseguido perder un tercio de los votos del Partido Popular, ha logrado que un grupo populista radical como Podemos domine la agenda política y que los independentistas catalanes hayan cobrado una fuerza desmesurada. ¡Ah! Y el paro sigue por encima del 20% (aunque, hay que admitirlo, este dato algo sí ha mejorado).

El fiasco económico es consecuencia directa del abandono ideológico del que ha hecho gala este Gobierno. La filosofía de “centrarse en la gestión y no en la política” no es que esté equivocada, sino que es en sí misma contradictoria: no es posible gestionar bien un país si no se tiene una visión de futuro y una estrategia para llevarla a la práctica. Es decir, un plan político.

Además, se generan dos problemas añadidos cuando no se basa la acción de gobierno en unos principios políticos claros y definidos: primero, se pierde toda capacidad de iniciativa. Cuando no sé sabe qué se defiende, no se sabe qué hacer y se acaba actuando de manera simplemente reactiva. Durante estos últimos cuatro años, los acontecimientos y otros actores políticos han llevado las riendas mientras que el Gobierno se ha definido más por reaccionar ante la realidad.

Segundo, cuando no hay un programa político que guíe al gobierno, es muy fácil caer en la incoherencia. Se toman medidas contradictorias entre sí y, como es lógico, no hay “gestión” que pueda ser exitosa. Así, se suben los impuestos sin medida sabiendo que esto ahoga al motor económico del país, las empresas y las familias; se pretende bajar el déficit pero se convocan más plazas de funcionario público (en año electoral, ¡qué casualidad!); se dice que Cataluña es el “mayor problema de España” mientras durante años no se ha hecho nada porque sólo preocupaba la prima de riesgo; se intenta reformar la educación pero se deja fuera de la reforma la clave del sistema, el profesorado; se dice combatir la corrupción pero los ejemplos se siguen amontonando y los de siempre siguen agarrados a su silla (porque o mucho me equivoco o Rajoy y Arenas llevan ya algún año que otro en Génova…).

Es necesario que el PP entienda que no hay gestión sin política que valga; ambas fracasan por separado y sólo conjuntamente pueden dar resultados e ilusionar al ciudadano. El PP no conseguirá volver a liderar una mayoría electoral con capacidad de gobierno sino se reconstituye en una verdadera alternativa liberal-conservadora a las opciones de PSOE y Podemos; alternativa que defienda un Estado limitado, una Administración pequeña pero eficaz, un mercado libre y competitivo, una vibrante y emprendedora sociedad civil, un Estado del Bienestar actualizado y una unidad de España incuestionable. Sobre esta visión sí que pueden llevar a cabo una gestión eficaz. Y, lo que es mejor, España volverá a ser tierra de oportunidad y prosperidad.

Gonzalo Figar
FLORIDABLANCA CAFÉ

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