Reseña: «De la fruta madura a la manzana podrida», por Jorge Martín Frías

9788416495207El último libro de Tom Burns Marañón, De la fruta madura a la manzana podrida, es el capítulo final a la tetralogía iniciada con sus Conversaciones sobre el Rey (1995), Conversaciones sobre el socialismo (1996) y Conversaciones sobre la derecha (1997). Todas ellas marcadas por y a causa de la Transición.

En las Conversaciones, Tom Burns aspiraba a entender y transmitir al lector el surgimiento de las formaciones políticas –algunas de ellas todavía inexistentes en esas fechas –; el papel que jugó la Corona y, en especial, el Monarca; y, por último, pero no menos importante, cómo los actores de la Transición se habían enfrentado a las exigencias y dificultades de un nuevo régimen político, la democracia, deseado y asentado en forma de idea entre la opinión pública, que estaba por llegar en forma de intuición, pero no de realidad.

En De la fruta madura a la manzana podrida. El laberinto de la Transición española – subtítulo aclarador de las intenciones del autor– se da continuidad, en cierto modo, a las Conversaciones. La estación de salida es el antiguo régimen: el franquismo. La estación de llegada, el nuevo: la democracia. El trayecto entre una y otra, la Transición. Las vías para hacer llegar el tren a “destino” requerían de unos cauces jurídicos (ir de la ley a la ley), políticos (la concordia) y sociales. También, cómo no, de un buen maquinista (el Rey).

El tren llegó al destino, la democracia, gracias al acertado hacer de una serie de personas que fueron coherentes consigo mismas y con sus ideas, y que dieron los pasos necesarios, a pesar de que ello supusiera el sacrificio de algunos de ellos, para que aquello que estaba presente en forma de intuición en la sociedad española pasara a  materializarse.

Fue una labor que requirió de extrema delicadeza y audacia – palabra asociada a la figura de Adolfo Suárez como una de las características más destacables de su labor política – para la que la sociedad estaba preparada y el régimen franquista, en parte, también. La transformación del régimen político de la dictadura a la democracia se hizo con éxito.

Pero ese éxito, esa transformación del régimen autoritario al régimen democrático, no alcanzó a la “cultura política” y sus hábitos. Y éste es, en mi opinión, el quid que asalta al autor, quien vuelca otra vez su mirada aristotélica hacia la platónica Transición con el objeto de indagar y dar respuesta a través de la historia al acontecer tan propiamente español – y no tan propio si leemos su Hispanomanía.–.

Así, Burns se sumerge de nuevo en su amada Transición, a la búsqueda del problema y con el afán de dar con la causa por la que los hábitos adquiridos del franquismo se mantuvieron en la democracia. Para ello, pone al servicio de su causa sus tres facetas: la del filósofo que sabe que la vida es un teatro que se mueve al dictado de un guion por acabar, pero no por ello ininteligible: el acontecer; la faceta del periodista, que constata lo que acontece; y la del historiador que pone orden en lo acontecido para ser aprehendido.

Adolfo-Suarez_scalewidth_460Se sentirán decepcionados aquellos que busquen en la lectura de La fruta madura el dedo acusador o la tabla de los diez mandamientos de cómo salvar a España. Porque la visión que tiene el autor de la historia es una visión claramente influida por Ortega y Gasset. Esto es, las acciones de los hombres no siempre responden a razones de orden moral o político, sino simplemente a razones vitales, aquello de la vida como realidad radical y del “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” de las Meditaciones del Quijote.

Hay dos maravillosos ejemplos que demuestran hasta qué punto la fruta estaba madura – la transformación hacia la democracia permanecía latente – y hasta qué punto ambos sujetos tenían que salvarse a sí mismos. Los protagonistas son nada más y nada menos que Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio, y Francisco Franco. A los dos, por distintos motivos, los abordó Miguel Primo de Rivera. A su tía con el fin de obtener su voto a favor de la Ley para la Reforma Política, a lo que doña Pilar le contestó: “Tienes toda la razón, pero mi historia es mi historia”. A Franco, le transmitió en más de una ocasión la necesidad de evolucionar hacia la democracia, a lo que éste le dijo: “Eso tú, eso tú, eso vosotros, eso la juventud. No me pidas a mí que sea traidor a cuarenta años de historia. Pero vosotros si lo tenéis que hacer”.

La fruta estaba madura y la Transición española pasó a la Historia como un ejemplo de éxito político. Las claves del éxito las recoge Tom Burns, y algunas de ellas sorprenderán al lector, sobre todo porque han pasado desapercibidas, no se sabe si intencionadamente o no. Probablemente, hayamos querido salvarnos a nosotros mismos al no asumir que estamos como estamos, mucho mejor que en tiempos pasados, por haber dado continuidad a la historia de España, que no continuismo.

El libro de Tom Burns es, sin lugar a dudas, un incentivo para recuperar la conversación sobre lo que somos y lo que nos queda por hacer para avanzar “sin ruptura hacia otra cosa”, en palabras de Julián Marías, el otro orteguiano con el que convive Burns en sus reflexiones.

Jorge Martín Frías | editor de Floridablanca
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