“Fools, frauds and firebrands” de Roger Scruton, por Luis Asúa

“Fools, frauds and firebrands” de Roger ScrutonEste último título del interesantísimo autor británico Roger Scruton, aborda los pensadores de la nueva izquierda.

Los locos, fraudes y agitadores (que sería la traducción del título) principales son Hobsbawm, Thompson, Galbraith (sí, Galbraith), Dworkin, Habermas, y muchos franceses: Sartre, Foucault, Althusser, Lacan, Deleuze, y también Gramsci y Said.  Hay muchas referencias a otros autores de la nueva izquierda.

Lo primero que destaca del catálogo es que no se encuentra ningún autor hispanoparlante o hispano pensante.  Pese a la influencia entre los podemitas de Ernesto Laclau y su señora, hoy viuda, Chantal Mouffe; en el libro apenas hay una referencia a Laclau y de forma muy marginal en una cita de otro autor.  No critico esta ausencia porque no tengo bases para afirmar la importancia de éstos.  La nueva izquierda, como otros arcanos que tienen su propia jerga como los estructuralistas, el derecho urbanístico, las carreras de caballos o incluso el fútbol me interesan muy poco y siempre he considerado estos ejercicios teóricos bastante estériles.  Suelen justificar tiranías -como la del que se acaba de morir en Cuba- o aventuras para alcanzar el poder como la de Pablo Iglesias/Errejón.

El libro de Scruton es divertidísimo y supone una revisión (más bien una revelación, arrancamiento de velos o verdadero striptease) de unos autores de los que por pereza, desinterés o dificultad apenas vislumbrábamos su aportación intelectual.  La crítica se hace desde una lectura profunda, lo cual me lleva a manifestar mi agradecimiento y conmiseración por acometer tal aventura -desde mi punto de vista de un aburrimiento y esterilidad infinitos; pues casi todos estos autores utilizan una jerigonza grave y una sintaxis imposible para manifestar unos planteamientos teóricos disparatados cuya aplicación práctica, aunque sea parcial, ha sido siempre catastrófica.  El problema común suele ser que son incapaces de reconocer lo más esencial de la realidad: la condición humana y sus aspiraciones.

Me quedó con las reflexiones de Scruton sobre la utopía y la capacidad de la izquierda para reescribir el presente, y el pasado, como una lucha entre lo virtuoso (la emancipación) y los abusos de la derecha.  Esta reescritura les permite justificar regímenes abyectos.  Una reescritura que nace de la frustración de ver cómo todos los movimientos políticos de la izquierda (Podemos supongo que estará a punto de sucumbir) hace que los dos objetivos supremos de liberación y justicia social se hayan institucionalizado y sean promovidos por las burocracias occidentales.

Especialmente graciosa es la descripción del fin último de la utopía, la vida en la sociedad comunista.  Scruton se extraña de que sea tan levemente tratada y sólo encuentra una referencia en Marx cuando escribe en La Ideología Alemana que toda persona vivirá según sus deseos y necesidades y se dedicará a “cazar por la mañana, pescar por la tarde, atender al ganado al anochecer y a la crítica literaria después de cenar”.  Sólo por esta estupidez pastoril habría que liquidar de un manotazo (intelectual, por supuesto) todo la pseudociencia de Marx y sus discípulos.

Recomendaría a algún editor una rápida traducción.  Sin duda bien comercializado sería un éxito de ventas para las gentes de izquierda que quieran aparentar saber algo de estos autores (una especie de digesto que habría que vender con unas camisas o cubiertas ad hoc de color rojo y con un título adecuado como el de Reflexiones para una izquierda de nuestro tiempo).  Aunque quizá sea muy optimista, conociendo a nuestra gauche pensante, que como las viejas religiones sólo admite la glosa, no la crítica.

Luis Asúa
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