La explosión demográfica del Islam y los retos que plantea, por FGH

Mezquita Badshahi en Lahore, (Foto: Michael Foley / flickr)

Mezquita Badshahi en Lahore, (Foto: Michael Foley / flickr)

Como recogen las estadísticas del Pew Research Center, el perfil religioso del mundo está cambiando rápidamente, debido principalmente a las fuertes disparidades en el crecimiento demográfico de los fieles de los distintos credos y a las conversiones.

Aunque las proyecciones estadísticas parecen apuntar a que el Cristianismo seguirá siendo la religión mayoritaria en las próximas cuatro décadas, el fuerte crecimiento de los seguidores de Mahoma podría dar lugar, a partir del año 2050, a cambios en el perfil religioso del mundo.

Si se cumplen las predicciones, el número de musulmanes igualaría al de cristianos (algo menos de 3.000 millones de personas por cada religión, el 60% de la población mundial); en Europa, los musulmanes representarían el 10% de la población; India, a pesar de seguir manteniendo una población mayoritaria hindú, se convertiría en el país con la mayor población musulmana del mundo, superior a la de Indonesia o Pakistán; y en EE.UU. el judaísmo dejaría de ser la segunda religión tras el cristianismo, cediendo su lugar al Islam.

Esto responde principalmente a los patrones actuales de crecimiento demográfico. Los musulmanes de media tienen una tasa de fecundidad de 3,1 niños por mujer, por encima de los 2,7 de media entre los cristianos y los 2,4 entre los hindúes.

El ejemplo de Pakistán

Un buen ejemplo de esto es la República Islámica de Pakistán. La población ha pasado de 34 millones de personas, según un censo de 1951 -poco después de la partición con India e independencia en 1947-, a cerca de 200 millones en la actualidad. Esto representa un crecimiento del 435%, o lo que es lo mismo, la población se ha multiplicado por cinco en 64 años. Con esta población, Pakistán se ha convertido en el sexto país con más habitantes del mundo tras China, India, EE.UU., Indonesia y Brasil. No obstante, si se mantiene el ritmo de crecimiento actual, se convertiría en el cuarto país más poblado en 2030, superando los 242 millones, y alcanzaría los 300 millones de habitantes en 2050, según las nuevas proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas recogidas en el informe “World Population Prospects 2015”.

Esto supone un colosal desafío para un país en desarrollo. Pakistán se enfrenta ya de por sí a enormes dificultades socioeconómicas. El país ocupa el 146º puesto del Índice de Desarrollo Humano, un 49 % de su población padece pobreza de múltiples dimensiones y un 21 % sobrevive con menos de 1,25 USD diarios.

El problema se agrava con el aumento del consumo y la distribución de recursos menguantes (agua, alimentos, electricidad, etc.), debidos al Cambio Climático, entre una mayor población, planteando un reto político, económico, social y de desarrollo al que se enfrentan los sucesivos gobiernos de Pakistán.

En grandes ciudades como Karachi o Lahore existe ya una presión perceptible en la demanda de recursos, infraestructuras y servicios públicos, dado el crecimiento exponencial de la población y la urbanización no planificada. Este rápido crecimiento demográfico está acrecentando la existente tensión entre los distintos grupos sociales y étnicos que conforman el país, agravados por la incapacidad institucional para escolarizar a la población joven –en un sistema educativo ya de por sí muy deficiente- o para prestar servicios sanitarios públicos. A esto hay que añadirle la escasa absorción de esa masa de jóvenes en el mercado de trabajo, que se agrava por su escasa formación.

Protesta por la subida de precios del gas en Islamabad, (Foto: Usman Malik / Flickr)

Protesta por la subida de precios del gas en Islamabad, (Foto: Usman Malik / Flickr)

De los alrededor de 188 millones de habitantes de Pakistán, 62 millones (33,63 %) tienen entre 15 y 34 años de edad. Lamentablemente, apenas un 17 % completa la educación secundaria y un porcentaje muy pequeño adquiere cualificaciones que permitan obtener un empleo.

Para ello, los distintos gobiernos han puesto en marcha programas sociales como el Plan de Préstamos a la Juventud del Primer Ministro Nawaz Sharif, o el Benazir Income Support Programme del gobierno anterior. Sin embargo, éstos sólo suponen un parche temporal y no representan una solución definitiva. Según las estimaciones, Pakistán tendría que mantener una tasa de crecimiento del PIB del 8% en las próximas décadas para poder proporcionar empleo a los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo y mantener los niveles actuales de renta per cápita. Pero lejos de alcanzar esa cifra, el PIB de Pakistán apenas ha crecido un 3,5% de media en los últimos cinco años, por lo que el país tiende a empobrecerse en términos de renta per cápita (una renta similar se divide entre un número mucho mayor de personas). Esto, combinado con un presupuesto estancado de educación (2%), probablemente conducirá al aumento de la tasa de analfabetismo (el índice de alfabetización actual se sitúa ya en un reducido 45 %) y el desempleo entre los jóvenes de este país, lo que representa un perfecto caldo de cultivo para fomentar, aún más, el radicalismo, la intolerancia religiosa y la violencia entre los jóvenes.

Todo ello además en una región donde el fanatismo religioso lleva enraizándose desde la invasión soviética de Afganistán por el apoyo de países del Golfo Pérsico y de EE.UU. a los antiguos muyahidines (actuales terroristas islámicos), la actual inestabilidad de Afganistán y la competición entre Arabia Saudí e Irán, que en el caso de Pakistán se materializa en la financiación de madrazas de corte deobandi (seguidoras de las doctrinas wahabíes de Arabia Saudí, unas de las más radicales del Islam), donde los escolares reciben una enseñanza coránica y de otras materias a precios muchos más competitivos que otras escuelas y donde se les provee además de alimentación.

FGH
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