Expectativas, por Alejandro Muñoz González

El Vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Pablo Casado, declaraba en los Desayunos de TVE que la continuidad de Cospedal como secretaria general del PP no era algo que interesara a “la gente”. A la gente, siempre preocupada por sus lentejas, mejor no molestarla con asuntos menores. Esta parece ser la consigna oficial. Tampoco parece que el XVIII Congreso sea un asunto que interese a nadie más que a políticos y periodistas (sic). En ese caso, supongo que el reto está en convertirlo en algo relevante para los militantes, los simpatizantes y los votantes, y para España entera. Si lo asumimos con la abulia de un mero trámite estaremos desaprovechando otra oportunidad más.

Muchas cosas han cambiado desde 2012. Y no sólo por la irrupción de nuevos partidos. Existen hoy infinidad de temas que apenas se llegaban a intuir hace cinco años. Asuntos que preocupan a las personas porque afectan a su vida. Problemas como la financiación de las pensiones, el envejecimiento de la población, la defensa y dignidad de la vida, los cambios en el clima, la debilidad de la Unión Europea… Todos los encargados de las ponencias coinciden en la necesidad de actualizar el proyecto y construir un programa para los próximos años adaptado a las nuevas incertidumbres. En efecto para eso se convoca un congreso, de ahí que lo lógico hubiera sido plantearse estas preguntas antes de los comicios.

No obstante, ya que se presenta la oportunidad lo mejor será clarificar nuestras ideas y rearmar el proyecto. Si el PP se encuentra en minoría y si la estrategia pasa por asumir un rol transaccional conviene definir los principios para conocer el camino que estamos dispuestos a recorrer. El PP tiene la obligación de dar respuesta a los problemas de las personas con la coherencia propia de lo que es y de lo que representa.

«Si creemos que la unidad del centro-derecha es necesaria por el bien de España, entonces debemos de ser capaces de permitir esa unidad»

Pero lo más importante, no por categoría sino porque encierra todo lo anterior, es la de conseguir un partido abierto. Muchas veces se ha apelado a la unidad como un bien en sí mismo. Es verdad que la unidad es necesaria pero no se puede confundir con uniformidad. Si España es más plural y si nuestros votantes y simpatizantes son más transversales (como ingeniosamente se manifestaba en aquel spot de campaña) lo debe ser también el partido. Asumir que el debate y la confrontación de ideas son parte de la vida de un partido es la única manera de ser honestos con nosotros mismos y evitar el quebranto que supondría ir desechando partes simplemente porque no se pliegan al criterio mayoritario.

Ahora se habla mucho de la disciplina de voto a raíz de lo ocurrido en el grupo parlamentario socialista en la sesión de investidura. En su día, cuando cinco diputados del PP se saltaron la disciplina para votar en conciencia, de acuerdo con el programa electoral y para no traicionar a sus votantes, muy pocos hablaron de ello. Estos diputados se quedaron fuera de las listas el 20-D y su voto en conciencia fue en contra de la reforma de la ley del aborto que confirmaba la ley de plazos de Zapatero. Es un ejemplo de lo que ha ocurrido en otras ocasiones, porque algo similar les ocurrió a los que plantearon sus dudas ante la postura del Gobierno frente al desafío independentista en Cataluña.

Si creemos que la unidad del centro-derecha es necesaria por el bien de España, entonces debemos de ser capaces de permitir esa unidad. Si este es un partido diverso, tolerante y abierto, en definitiva, si es un partido liberal, tiene que ser capaz de permitir el debate y asumir la discrepancia como una seña de identidad que nos fortalece.

No me parecen que sean unas expectativas altas. Son las expectativas que tiene un simple y humilde militante. No espero que todo el partido piense como yo, ni en lo grande ni en lo menudo, ni en lo importante ni en lo intranscendente. Aspiro a que mis ideas, que son las de muchos otros, puedan seguir teniendo su espacio en la que creíamos que era “la gran casa del centro derecha español”.

Alejandro Muñoz González

Politólogo. Miembro fundador del Foro para la Concordia Civil de Granada

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