Europa y la lucha contra la Yihad, de Florentino Portero

Los recientes atentados yihadistas en Francia han puesto de manifiesto hasta qué punto los europeos habíamos decidido libremente olvidar las lecciones supuestamente aprendidas de los grandes atentados de Nueva York, Washington, Londres y Madrid. Hemos vuelto a plantearnos la naturaleza de la amenaza, quiénes son y qué quieren de nosotros, si estamos en guerra o sólo bajo una amenaza a nuestra seguridad que compete en exclusiva a la policía y a la inteligencia, cómo reaccionar, qué tratamiento deben dar los medios de comunicación a estos sucesos así cómo si los gobiernos deben movilizar o calmar a la población.

La reacción a los atentados de París, tanto en Francia como en España, sugiere que por algún mecanismo psico-social nos habíamos llegado a convencer de que retirados Bush, Blair y Aznar los tambores de guerra quedarían definitivamente atrás, como si hubieran sido ellos los que hubieran declarado la guerra y no al-Qaeda como el común de los mortales debería recordar. He vuelto a oír con horror que no debemos caer en la tentación de reaccionar como si estuviéramos en guerra… ¿Qué es necesario para que algunos de nuestros conciudadanos reconozcan lo obvio? No es cuestión opinable. Nos han declarado la guerra, llevan años repitiendo la declaración, que en cuanto pueden confirman provocando atentados ¿Qué le ha pasado a este Viejo Continente para que sus habitantes sean incapaces de entender lo evidente?

Es responsabilidad de la clase política explicar a la ciudadanía la realidad tal cual es, garantizando que se hará todo lo posible para evitar que los yihadistas logren atentar, pero reconociendo que no siempre se conseguirá. No es fácil ni agradable dirigirse a la población para tratar estos temas, pero es su obligación y su interés. De no hacerlo se encontrarán con reacciones desproporcionadas cuando los atentados ocurran, como de hecho está sucediendo en buena parte de Europa.

Manifestación en París en apoyo a Charlie Hebdo, Olivier Ortelpa

Manifestación en París en apoyo a Charlie Hebdo, Olivier Ortelpa

Tan importante como reconocer que estamos y estaremos amenazados durante bastante tiempo es explicar la naturaleza de la amenaza. De entrada hay que dejar de hablar del terrorismo como si de un actor se tratara. El terrorismo –uso indiscriminado de la fuerza con fines políticos- es un medio. Ni es el sujeto ni el objetivo, sólo una forma de lograr que el enemigo ceda golpeando allí donde parece más vulnerable. Son los yihadistas, aquellos musulmanes fanáticos y violentos que han decidido purificar el islam de elementos “corruptos”, el sujeto de la acción. No siempre actúan con medios terroristas. En determinados campos de batalla combaten como milicias más o menos profesionales. Es indiscutible que en Siria, Iraq, Yemen, Libia o Nigeria están luchando de forma convencional frente a ejércitos nacionales. Sin embargo en otros campos de batalla, como el occidental, prefieren hacer uso de estrategias asimétricas, mediante las cuales pueden lograr más fácilmente sus objetivos.

¿Qué buscan atentando en Europa y Estados Unidos? Varios objetivos complementarios:

  • Mostrar nuestra vulnerabilidad, para generar un ambiente de desasosiego y desunión que limite el margen de maniobra de los respectivos gobiernos.
  • Ganar prestigio en el conjunto del Islam, atrayendo a su causa al mayor número de simpatizantes y de combatientes.
  • Forzar a los gobiernos occidentales a dejar de apoyar a gobiernos musulmanes no islamistas, facilitando así su caída.
  • Provocar un aumento de tensión entre comunidades musulmanas y no musulmanas en Occidente, mostrando al conjunto del Islam la incapacidad para una convivencia pacífica.
  • Mediante una combinación de miedo y tensión cultural lograr el reconocimiento de la Sharía como fundamento de un espacio jurídico exclusivo para los musulmanes que viven en un país occidental.

Dados estos objetivos ¿Hemos respondido de forma inteligente? ¿Estamos actuando en el marco de una estrategia coherente? Al Qaeda es incapaz de mantener un mando en Europa. A pesar de sus muchos intentos, hace años que no ha conseguido ejecutar un macroatentado. Como hemos podido ver en París, sus operativos tienen una formación limitada y no disponen de explosivos sofisticados. El uso de AK-47 en plena calle es tan impactante como prueba de sus limitaciones. A ello hemos respondido:

  • con un extraordinaria movilización de gente y élites políticas;
  • replanteando en los medios de comunicación la realidad y gravedad de la amenaza;
  • con declaraciones políticas absolutamente contradictorias, que alimentan la desazón de la ciudadanía;
  • enviando portaviones al Mediterráneo Oriental al tiempo que se niega que la situación sea grave;
  • reabriendo el debate sobre la islamofobia mientras se olvida la condición judía de buena parte de las víctimas.

En breves palabras, les hemos hecho el juego. Pueden considerar lo sucedido  como una victoria porque han logrado tanto los objetivos inmediatos, atentar, como los secundarios: reconocimiento de su importancia estratégica, inquietud y miedo entre la población, desunión y desconcierto entre las clases dirigentes, unos medios de comunicación trasladando una sensación de alarma…

No es justificable que catorce años después de los atentados en Nueva York y Washington no hayamos consolidado un análisis de la amenaza yihadista y una estrategia para contenerla y eliminarla. Si no somos capaces de entender que la reacción a los sucesos de París supone un triunfo para al Qaeda y un aliciente para nuevos atentados las perspectivas sólo pueden ser pesimistas.

Florentino Portero

[Del Consejo Asesor de Floridablanca]

 

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