¿Europa está en guerra?, por Ana Capilla

Voice of America, public domain

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Tres días después de los atentados cometidos en pleno centro de París, el presidente Hollande inició su intervención en la solemne sesión conjunta de la Asamblea Nacional y el Senado celebrada en Versalles declarando que Francia estaba en guerra. Estas palabras resultan un tanto sorprendentes si se echa la mirada atrás y se recuerda que Francia y Alemania promovieron la oposición de Europa a la Guerra de Irak y el rechazo al concepto de «guerra contra el terrorismo» que había acuñado la Administración Bush. La postura defendida por el presidente Chirac y el canciller Schröder abrió una brecha con Estados Unidos pero también provocó fuertes divisiones en el seno de Europa. El clásico liderazgo franco-germano fue desafiado por ocho países miembros de la Unión Europea que en enero de 2003 hicieron pública su adhesión a la política de Estados Unidos en relación a Irak con una carta que llevaba el elocuente título «Europa y Estados Unidos deben mantenerse unidos».

La fractura entre la nueva y la vieja Europa comenzó a cerrarse en 2004, cuando José Luis Rodríguez Zapatero sustituyó a José María Aznar al frente del Gobierno de España. Aznar no sólo había sido uno de los firmantes de la carta sino también uno de los aliados más sólidos de Estados Unidos a este lado del Atlántico, tal y como se plasmó en la célebre foto de las Azores. Esta imagen tuvo su reverso en la fotografía que Zapatero, Chirac y Schröder se hicieron con las manos entrelazadas con ocasión de la celebración de una cumbre en Madrid en septiembre de 2014. De este modo escenificaron que «la vieja Europa está como nueva» y que su posición contraria a la política exterior estadounidense había acabado por imponerse en el continente.

Zapatero, Chirac y Schröder (EFE)

Zapatero, Chirac y Schröder (EFE)

Fruto del nuevo consenso, el Tratado de Lisboa, que recogió los restos del naufragio que supuso el proyecto de Constitución Europea, consagra el tradicional enfoque del terrorismo como una cuestión de seguridad interior, que debe ser combatida desde el ámbito policial y judicial. De este modo, en la denominada cláusula de solidaridad se contempla la obligación de todos los integrantes de la Unión de asistir a un Estado Miembro que haya sufrido un atentado terrorista o catástrofe natural o de origen humano. La mención expresa al terrorismo en la cláusula de solidaridad despeja toda duda acerca de la aplicabilidad a este supuesto de la otra posibilidad contemplada por el Tratado, la cláusula de asistencia mutua. La misma procede del Tratado de Bruselas de 1948 que dio origen a la Unión Europea Occidental y que se configuró como una alianza militar clásica. En consecuencia, la cláusula de asistencia mutua prevé que si un Estado Miembro es objeto de agresión armada debe ser asistido con todos los medios por el resto de países europeos.

Teniendo en cuenta lo expuesto, ha sido toda una sorpresa que Francia invocara tras los atentados la cláusula de asistencia mutua y no la de solidaridad. Pero más sorprendente aún es que ningún Estado Miembro haya puesto reparos a la decisión francesa. Es cierto que incluso Alemania, siempre tan reticente a las operaciones militares, se ha comprometido a ayudar a Francia con el despliegue de tropas en Malí, tal y como solicitó el Ministro de Asuntos Exteriores en la reunión del Consejo de la UE celebrada los días 15 y 16 de noviembre. No obstante, ello no significa que todos los Estados Miembros hayan aceptado este cambio de doctrina a favor de la noción de guerra contra el terrorismo y todo lo que ello conlleva. Un buen ejemplo de ello es que cuando la Vicepresidenta del Gobierno fue preguntada por los ataques de París y los bombardeos sobre Siria en el debate electoral del pasado 7 de diciembre, respondió que la mejor receta para combatir al Estado Islámico era más cooperación policial, judicial y a nivel de inteligencia. Su contestación, por tanto, estaba más próxima a la línea defendida por Chirac o Zapatero que a la de José María Aznar, presidente de honor de su partido. El Gobierno de España no es el único que se ha puesto de perfil frente a la solicitud de ayuda francesa pues Hollande tampoco logró arrancar de Renzi un compromiso concreto en cuanto a refuerzo de tropas. Por todo ello parece que, lamentablemente, hará falta aún más años y más víctimas para que Europa tome realmente conciencia de que está en guerra.

Ana Capilla

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