El tamaño de la vitola no mide fortalezas, por Mariano J. Vílchez

DSC_1131Reunirse en torno a un sillón en una abierta conversación, con múltiples ruegos y preguntas, tras un lúcido análisis de uno de los principales referentes periodísticos liberales de España. Con este, el chileno John Müller daba inicio a un exitoso tercer encuentro de los denominados Cafés de Floridablanca al que esta vez, se ha unido al Think Tank Civismo.

Todo ello, en una casualidad no intencionada aunque si muy interesante; en un prospero debate sobre la figura del presidente y del Gobierno en la parte reservada de un famoso Club de habanos de Madrid. Un salón que mide importantes inquietudes aunque venga a cerrarse con una pequeña vitola.

DSC_1064Sin el humo propio, ese que inunda de forma habitual la sala, rodeada ésta de libros y tapetes para el juego de cartas, el debate en torno a la situación de la política española y a la delicada etapa que atraviesa -y por ende también la del Partido Popular- tras las últimas debacles electorales han fluido sin filtros y a bocanadas.

La crítica ha constituido la clave de bóveda del encuentro, constructiva y sin cortapisas, como viene siendo costumbre. Un análisis certero para superar el tan manido mensaje de la falta de comunicación y de la cercanía a los ciudadanos.

Plantear las soluciones a una crisis organizativa sin precedentes, entre gobierno y partido, este último ejemplificado en la desconexión con su base social -por su enlace con el poder-, han sido en resumen los puntos de inicio y fin de la propia discusión.

DSC_1147Si la renovación debe ir acompañada de la reacción del líder que, tal y como señalaba el periodista tras las preguntas de los asistentes, debió producirse ante la importante crisis acontecida ante el famoso caso de corrupción de Génova 13; los cambios, o se producen a su debido tiempo, o el partido del Gobierno se verá abocado a ocupar un puesto en la oposición por un largo tiempo. Nunca fue un partido de pactos fáciles, algo que ha mermado la libertad económica del propio país; pero, a pesar de todo, demostrado queda que es el único referente que mantiene viva la inquietud de las clases medias y productivas.

El problema se va detectando desde el primer momento, no se convierte tanto en un fallo del diseño institucional del partido, algo que parece señalado tras los discretos últimos cambios, como un problema de diseño y mando.

DSC_1119Tras varias cuestiones y respuestas el mensaje queda claro: no existe posibilidad de renovación sin conexión con la militancia. Las bases, que han conseguido aupar al centro derecha, son la clave y el punto de partida en las que se debe confiar para así recuperar la fuerza de un espectro ideológico abandonado, por desconocimiento y rendición, como es el de los principios liberales conservadores.

Una voz generalizada apuesta por recuperar las raíces o, por el contrario, supone el fin -con una peligrosa y dura oposición, con un país fragmentado-. Si los “líos no gustan a nadie”, estos a veces si que deben enfrentarse, pues sirven de catarsis.

El país, sus ciudadanos y la libertad económica del mismo, necesitan que el centro derecha, sin complejos y con decisión, recupere estos debates sin miedo. Reuniones como esta hacen posible confiar en que la senda que se ha de recorrer sea factible pues, con autocrítica y oratoria, se convierten en el vehículo para que aparezcan las soluciones necesarias.

DSC_1180Si importante era el invitado, igual lo son siempre los participantes. Anónimos representantes de varias esferas de la sociedad civil y de publicaciones especializadas, con un importante margen para la pluralidad, algo que enriquece y hace útil la libre discusión.

Comprendido queda que no es tiempo para rodearse en exclusiva de aduladores, ni de caer en síndromes de la incomprensión. Evitar dejarse llevar por la autoindulgencia se convierte en el aire que da vida a estos Cafés que, en torno a la tradición liberal, vienen a permitir abiertos turnos de preguntas ordenados, educados e incluso ácidos si se torna necesario.

Hacer partícipe a la ciudadanía volviendo a lo básico, desde el más simple salón, como este, nunca fue tan fácil. La necesidad de recuperar las ideas, de permitir las preguntas y los coloquios, se muestra innegociables. Estos, que han sido los principales puntos de partida del liberalismo en cualquier lugar, de forma principal en esa España que a menudo es iniciática en grandes actos pero pocas veces se ve recompensada por los mismos, deben seguir siendo las principales virtudes de un grupo que, de forma ya regular y sin duda lejos de excluir, se reúne en distintos puntos de encuentro una vez al mes.

Si a la idea romántica del Café se le une un serio pragmatismo y útil raciocinio, algo que desgraciadamente ya no ondean otros grupos, los beneficios no pueden dejar a nadie indiferente.

Mariano J. Vílchez

[Pseudónimo]

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