El reto del Partido Popular: Recuperar el atractivo político, por José Ruiz Vicioso

(Foto: Partido Popular PP/ Flickr)

(Foto: Partido Popular PP/ Flickr)

Los proyectos políticos resultan exitosos cuando se hacen atractivos al electorado. Este atractivo suele ser el resultado de una multiplicidad de factores –iniciativa, liderazgo, mensaje claro, organización abierta, entre otros- que hacen posible la conexión del proyecto que se trate con una mayoría de la sociedad que lo percibe favorablemente y se identifica con él. Del mismo modo, los proyectos o partidos pueden perder su capacidad de conectar con la gente, cuando los electores dejan de considerarlos como instrumentos eficaces para la defensa y aplicación de unas ideas determinadas. Esa capacidad de percepción favorable es por tanto imprescindible para el éxito electoral y constituye uno de los recursos fundamentales de la competición política.

La trayectoria del partido conservador británico en las últimas décadas resulta paradigmática –y por tanto muy ilustrativa- al respecto. Tras los éxitos de Thatcher, el “miércoles negro” de 1992 fue el gran fracaso político de John Major que se llevó por delante toda la credibilidad de los tories como organización capaz de asumir de forma competente el gobierno del Reino Unido. A partir de entonces, los conservadores perdieron todo atractivo frente al Nuevo Laborismo de Tony Blair, que se alzó como el proyecto carismático que logró un gran consenso social y tres mayorías consecutivas. Solo David Cameron fue capaz, tras trece años de oposición, de recuperar para los conservadores el atractivo perdido, revirtiendo la etiqueta del nasty party (la percepción social negativa) y acercando a su partido de nuevo a la sociedad británica. Algo que consiguió mediante una renovación del ideario y de la organización. Tras la mayoría absoluta de mayo de 2015, los conservadores son de nuevo el partido hegemónico de Gran Bretaña que proyecta una indudable imagen de competencia dentro y fuera del país.[1]

El caso de los conservadores británicos enseña, en primer lugar, que en política nada es irreversible: los que hoy no atraviesan su mejor momento mañana pueden recuperar la iniciativa y encaminarse de nuevo al éxito. Pero para ello es imprescindible saber ver el problema y tener voluntad de resolverlo. No conviene sentarse a esperar a que el de enfrente se equivoque sino trabajar activamente para darle la vuelta a la situación desfavorable. Tengamos en cuenta que los tories pasaron una larga “travesía del desierto” antes de volver al gobierno: el más prolongado periodo de su historia en la oposición.

(Foto: UK in Spain/ Flickr)

(Foto: UK in Spain/ Flickr)

En la actualidad el Partido Popular ha perdido el atractivo político en su espacio electoral en favor de Ciudadanos. Los resultados de las elecciones autonómicas de Cataluña y la encuesta de Metroscopia que publicaba El País hace pocos días no dejan  lugar a dudas. Ciudadanos se ha convertido en la fuerza política atractiva del espacio de centro-derecha, nutriéndose en gran medida de antiguos votantes del PP que ya no perciben a esta formación como adecuada para defender sus ideas. Que este fenómeno sea producto del marketing político más que de la consistencia ideológica o que en realidad Ciudadanos no se ubique en el espacio del que recibe su apoyo resulta irrelevante en lo que a efectos se refiere. La cuestión es que el PP tiene hoy un claro problema de percepción negativa que debe solucionar. Le ha surgido un rival que resulta más atractivo entre gran parte del electorado. ¿Cómo afrontar la nueva realidad política? ¿Cómo atraer a todos esos jóvenes que no son de izquierdas pero que pretenden votar a Ciudadanos? ¿Cómo recuperar a los votantes que le retiraron su confianza en las pasadas autonómicas y locales y europeas? ¿Cómo movilizar, en definitiva al conjunto del electorado liberal-conservador?

Como venimos defendiendo desde Floridablanca, para que el Partido Popular sea capaz de recuperar ese atractivo que un día tuvo (1996, 2000, 2011) debe erigirse de nuevo en la casa común del centro-derecha: recuperar la iniciativa política por medio de un liderazgo fuerte y decidido; reelaborar el ideario –al estilo de Cameron- de forma que este sea claro, coherente e identificable por los electores; debe abrir la organización a las bases (mecanismos de participación interna) y a la sociedad, hacerla más transparente y democrática -la exigencia de funcionamiento democrático es hoy ineludible-. En un partido que se caracteriza por la ley de hierro de las oligarquías (ver Michels) es inevitable que la cualificación de los cuadros haya ido empobreciéndose progresivamente. Por ello, el PP también tiene que ser capaz de atraer el talento, que fue otra de sus antiguas señas de identidad frente al socialismo mediocre.

La perspectiva planteada por las próximas elecciones generales tiene la suficiente gravedad como para que el PP empiece a considerar seriamente los problemas de percepción que afronta. Podrá retrasar más o menos su solución, pero cuanto antes muestre al electorado su vocación de renovación –y en estos dos meses puede hacerlo- mejores resultados obtendrá el 20-D, e igual hasta se ahorra la travesía en el desierto que desgarró a los conservadores durante más de una década.

Decía Ortega que la claridad debe ser la cortesía del filósofo. Más bien debe ser la cortesía de todo aquel que trata de explicar algo a los demás. Pues eso: El Partido Popular tiene el gran reto de recuperar el atractivo político perdido. Liderazgo, discurso identificable, organización abierta y talento.

José Ruiz Vicioso | co-editor de Floridablanca

 

[1] Un análisis del proceso de renovación que Cameron llevó a cabo en el Partido Conservador en RUIZ VICIOSO, J., Cameron y la reformulación del conservadurismo británico. Cuadernos de Pensamiento Político, nº 46, Abril/Junio 2015.

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