El nuevo campo de juego de la lucha antiterrorista, por Javier Lesaca Esquiroz

La ola de atentados yihadistas que ha sufrido Francia a comienzos de 2015 ha vuelto a poner de actualidad las teorías que describen el terrorismo como un fenómeno de comunicación pública (Schaffert, 1992; Clutteburk, 1985). El guión de los actos terroristas de París estaba planificado con la intención de generar y difundir a los medios de comunicación imágenes dramáticas y violentas que atrajeran la atención de los periodistas (Nacos, 2006) y, de esta manera, situar la reivindicación de su causa en el centro de la opinión pública mundial.

No es nuevo. La “espectacularidad” de las imágenes de atentados como el 11-S en Nueva York, el 11-M de Madrid o incluso el de los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972 responde a que los terroristas conocen perfectamente los mecanismos de la cultura audiovisual que han marcado hasta el día de hoy el proceso de creación  de agenda en la opinión pública.

© Robert Cudmore / Flickr

© Robert Cudmore / Flickr

Sin embargo, esta teoría que se aproxima al fenómeno terrorista desde la ciencia de la comunicación, ha evolucionado en los últimos años de una manera rápida e inquietante. La popularización de las redes sociales como elemento de comunicación directa entre ciudadanos ha debilitado el papel mediador de los medios de comunicación. En el ámbito de los movimientos identitarios radicales (etno-nacionalistas, de clase, personalistas o religiosos) estas nuevas herramientas de comunicación se han convertido en el elemento estratégico de difusión y movilización de sus ideologías. Tal y como explica la profesora Briggite Nacos, a día de hoy los grupos terroristas pueden influir en la opinión pública “sin pasar por la puerta de los medios de comunicación tradicionales” (Nacos, 2006).

El caso del terrorismo yihadista del Daesh (ISIS) es paradigmático. El viernes 9 de enero, el mismo día en el que las fuerzas de seguridad francesas abatían a los terroristas del Charlie Hebdo y al secuestrador de un supermercado judío, los simpatizantes del grupo terrorista ISIS pusieron en marcha en Twitter el hastag #JeSuisKouachi, en solidaridad con los terroristas abatidos. En menos de seis horas se convirtió en la quinta conversación más seguida en Twitter a nivel mundial, con 46.252 tweets y una audiencia de casi 22 millones de usuarios únicos en todo el mundo, que recibieron de manera directa los menajes del grupo terrorista.

Ninguna de estas campañas de terror en las redes sociales es espontánea. Al contrario, detrás de cada hastag, cada video y cada campaña mediática hay una planificación y una estrategia perfectamente definida para socializar el terror, adoctrinar nuevos miembros y movilizar a simpatizantes.

No hay que olvidar que el pasado 19 de noviembre de 2014, los terroristas del ISIS pusieron también en marcha a través de Twitter la campaña #Whatareyouwaitingfor, acompañada por un video en el que varios jóvenes de origen francés animaban (en idioma francés) a sus ciudadanos a cometer actos terroristas en Francia en nombre del grupo yihadista. Apenas tres meses después se produjo el atentado contra el periódico Charlie Hebdo y contra el supermercado judío.

De igual manera, el pasado 13 de enero, los propagandistas del ISIS difundieron a través de Twitter la campaña #Uncoveringanenemywithin, donde aparecía un video en el que un niño de origen Kazajo asesinaba a sangre fría a dos supuestos agentes de inteligencia rusos.

Esta campaña de terror digital contra Rusia se producía después de que el 21 de noviembre de 2014 el mismo grupo terrorista difundiera la campaña y el video #Racetowardsgood, con subtítulos en ruso y en inglés, donde varios niños de regiones de la antigua Unión Soviética amenazaban con matar infieles. Entre ellos se encontraba el mismo menor que dos meses después saltaba a la opinión pública mundial ejecutando a dos agentes rusos.

Esta estrategia de generar odio y difundir terror a través de las redes sociales no se circunscribe en exclusiva al terrorismo de corte yihadista. Se trata de un fenómeno global.

© Zorion, CC-BY-SA, Wikimedia Commons

© Zorion, CC-BY-SA, Wikimedia Commons

En España, los simpatizantes  de las asociaciones próximas al entramado de ETA son especialmente activos en este tipo de estrategia. Sin ir más lejos, los pasados 10 y 12 de enero, lograron colocar en Twitter dos Trendind Topic a nivel nacional, en defensa de los derechos de los terroristas de ETA. El 10 de enero a través del hastag #Stopdispersionnow, que generó 22.000 tweets y alcanzó una audiencia de más de 10 millones de usuarios únicos, y el 12 de enero con el hastag #abokatuaklibre, que generó un tráfico de 18.000 tweets y tuvo una audiencia de casi 7 millones de usuarios únicos.

La proliferación de los mensajes de odio a través de las redes sociales son un fenómeno inquietante que requiere una profunda reflexión. Los grupos terroristas han dejado de ser, en su mayor parte, pesadas estructuras militares, para convertirse en maquinarias de generación y distribución de mensajes de odio que difunde de manera masiva a la opinión pública. De igual manera, la lucha antiterrorista debería de tener en cuenta este nuevo campo de juego.

Urge crear y difundir en las redes sociales y en el ámbito digital mensajes que contraprogramen la estrategia de los grupos terroristas, que difundan el testimonio de las víctimas del terrorismo y que alerten de las consecuencias del adoctrinamiento en el odio. Esta partida se produce en un terreno de juego especialmente complejo y delicado, como el del ámbito digital. Pero no hay que olvidar que es en ese terreno donde se conforma actualmente de manera principal la opinión pública de las nuevas generaciones. Y es ahí donde las democracias se están jugado su futuro.

Javier Lesaca Esquiroz
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