El mapa local: nacionalismo y populismo

junio 15, 2015

Con la constitución de las entidades locales se han despejado todas las dudas relativas a quién ha ganado y quién ha perdido el poder local: ha ganado el populismo y el nacionalismo y ha perdido la democracia liberal. Han ganado los proyectos que apuestan por la ruptura y el revanchismo y ha perdido nuestro modelo de convivencia que se sustentaba – y garantizaba – nuestra Constitución. Ha perdido la creencia en la ley como garante de nuestra libertad y ha triunfado la arbitrariedad.

Foto: EFE

Joseba Asiron, alcalde de Pamplona por EH Bildu (Foto: EFE)

Algunos han pensado que con el populismo el nacionalismo pasaba a un segundo lugar y hay quien ha llegado a creer que el populismo, en cierto modo, podía vertebrar España y que, en caso contrario, ambos pelearían por el mismo espacio electoral lo que les llevaría a enfrentarse. Nada más alejado de la realidad. Ambos “ismos” comparten el mismo objetivo: acabar con la España constitucional y todo lo que ella implica (libertad, concordia, pluralidad e igualdad).

El Gobierno del Partido Popular tuvo en sus manos la oportunidad de reformar la ley electoral local estableciendo un sistema de doble vuelta que garantizaría la gobernabilidad y estabilidad de las corporaciones locales así como evitaba una excesiva fragmentación política. Oportunidad que perdió y quién sabe si no confiando en el PSOE, como si no se hubiera alertado lo suficiente y los españoles hubiéramos olvidado el afán del partido socialista por el poder y su complicidad con los proyectos que apuestan por la ruptura de la España constitucional.

Tampoco puede cogernos desprevenidos lo acontecido. Lo recogido en estas elecciones es fruto de lo que se ha sembrado y no ha obtenido respuesta, y cuando la había era en el último momento y mediante apelación al miedo. Al nacionalismo no se le ha hecho frente y ahí están los resultados obtenidos por el PP en Cataluña, País Vasco y Navarra. Curiosamente, en ninguno de estos tres territorios sus “líderes” han puesto su cargo a disposición del partido. Hecho que contrasta con los realizados por otros compañeros suyos.

Ada Colau, nueva alcaldesa de Barcelona, en una manifestación de la PAH (Foto: ABC)

Ada Colau, nueva alcaldesa de Barcelona, en una manifestación de la PAH (Foto: ABC)

Se ha abandonado Cataluña, País Vasco y Navarra. Se ha confiado en el agotamiento como estrategia de desgaste y no se ha hecho cumplir la Ley, sólo la ley pero todo el peso de la ley. Se ha dejado al albur de su suerte a los compatriotas vascos, catalanes y navarros y se ha llegado a hablar de mayorías silenciosas. ¿Dónde están esas mayorías? ¿Y no es acaso un mal síntoma que tengan que estar silentes y no puedan disfrutar de lo recogido en nuestra carta magna?

Por otro lado, si algo ha dejado claro la constitución de las entidades locales es que votar al PSOE es votar a Podemos y sus sucursales cuando no a las opciones nacionalistas.

La labor que queda por hacer no puede ser más dura e ingrata, pero ¿no es para esto por lo que se está en política? ¿Para convencer y persuadir de que un proyecto político es mejor que otro?¿Hay acaso un proyecto político mejor que aquel que hace de la libertad su guía, de la igualdad su mandato (la aplicación de la ley) y de los valores constitucionales y de la Transición su seña de identidad? Es momento de renovar, sumar, aportar y dejar de lado los solipsismos del “esto lo veníamos diciendo” – como si esto tuviera algún valor político – y es hora de hacer frente sin miedo ni pudor a las amenazas que sufre nuestro modelo constitucional: el nacionalismo y el populismo.Sello

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