El teorema de la Imposibilidad del Socialismo, por Carlos Tuñón Sanz

El auge de partidos de ideología radical ha sido frecuente a lo largo de la historia de la democracia en épocas de depresión económica. Estos apuestan por cambios profundos en la organización social, siendo una de sus características más usuales la defensa de un mayor intervencionismo del poder público en el funcionamiento del sistema económico. Ello fue apreciable tras la Gran Depresión de 1929 en Europa y, por desgracia, es claramente contrastable en nuestro país en la actualidad.

Ahora bien, ¿es posible mejorar la situación del conjunto de los ciudadanos mediante una mayor intervención estatal? Esta es la gran cuestión a la que han tratado de dar respuesta numerosos intelectuales, economistas y políticos a lo largo de la historia.

"Ludwig von Mises" © Ludwig von Mises Institute, Wikimedia Commons

Ludwig von Mises (© Ludwig von Mises Institute, Wikimedia Commons)

El filósofo liberal Ludwig von Mises trató de dar una explicación, a principios del siglo XX, a la inviabilidad de que el Estado pudiese mejorar la situación de los ciudadanos mediante una mayor intervención.

Para ello, Mises señaló que los individuos tienen deseos y preferencias de índole meramente subjetiva y que, en base a ellas, toman constantemente decisiones que transmiten información al resto de individuos acerca de cuáles son esas necesidades. De este modo, el resto de miembros de la sociedad interpretarán esa información y tratarán de dar solución a esa necesidad para obtener un beneficio económico.

Ambas partes, es decir, aquella que presenta una necesidad y aquella que desea satisfacerla, efectúan un cálculo económico de forma tal que, si a ambas partes les interesa, llevarán a cabo un intercambio libremente pactado. En caso de que una de las partes no considere que su situación vaya a mejorar al realizar dicha transacción, ésta no se llevará a cabo.. Y tanto si el intercambio se produce como si no, se genera nueva información que es transmitida al resto de individuos, proceso que continúa ad infinitum, y siempre con el objeto de satisfacer el mayor número de necesidades posibles del conjunto de la sociedad.

Como podemos observar, para que este proceso de intercambio voluntario pueda ser llevado a cabo es imprescindible que los individuos actúen libremente, pues en caso contrario, es decir, que exista intervención estatal –aunque ésta sea mínima–, esa información que permite la toma de decisiones por parte de consumidores y productores se altera de manera considerable, impidiendo una correcta coordinación en el proceso de cooperación social.

Friedrich Hayek, (Wikimedia Commons)

Friedrich Hayek, (Wikimedia Commons)

Posteriormente, Hayek, el discípulo más destacado de Mises, continuará esta línea de pensamiento señalando que la sociedad es un orden espontáneo del que participan millones de individuos que intercambian volúmenes de información de un tamaño inmensurable.

Así, según este autor, los defensores del intervencionismo estatal asumen erróneamente que una autoridad central tiene capacidad suficiente para hacerse con todo ese volumen de información que se encuentra disperso en la mente de todos los individuos, interpretarlo y actuar en consecuencia para satisfacer las necesidades de cada sujeto.

Resulta evidente que no hay mente humana capaz de llevar a cabo semejante tarea y que, por ende, es necesario que sea todo el conjunto de la sociedad civil quien trate de dar respuesta a las necesidades que ella misma posee.

Sin embargo, Hayek va más allá, y señalará en sus ensayos que el gran volumen de información no es el único factor que hace imposible la toma de decisiones de manera centralizada, sino que además dicha información no es estática y, por tanto, se encuentra en un cambio constante que da lugar a que se vuelva obsoleta muy rápidamente.

Así, aun aceptando a efectos dialécticos la posibilidad de que el Estado pudiese hacerse con un volumen de información tan elevado y disperso e interpretarlo para actuar en consecuencia, la velocidad con la que dichos datos cambian hace inviable que una sola institución pueda adaptarse constantemente a las nuevas necesidades de los individuos.

En líneas generales, esto es lo que conocemos como Teorema de la Imposibilidad del Socialismo, el cual no es únicamente aplicable al socialismo puro, sino a cualquier forma de intervención estatal por muy bienintencionada que esta sea.

Por todo ello, los ciudadanos debemos tener presente que, en épocas de declive económico, la solución no consiste en confiar el poder a aquellas ideologías que apuestan por un mayor intervencionismo del poder público en el sistema económico, sino por una sociedad civil abierta, libre y alejada de toda coacción institucional.

Carlos Tuñón Sanz

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¿Estás de acuerdo con estos autores? ¿Es la sociedad suficientemente racional para lograr un punto de equilibrio en el que todos estén de acuerdo? ¿La falta de intervención no genera ineficiencias (injusticia, pobreza…)?

 

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