El Frente Nacional y la política francesa, por Vauvenargues

(Foto: AFP)

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Dice Éric Zemmour, el famoso autor del reciente best-seller Le Suicide français, que «la izquierda ha abandonado la nación en nombre del universalismo y la derecha ha abandonado el Estado en nombre del liberalismo: ambos han traicionado al pueblo». Se trata de una fantástica síntesis del clima político, entre reaccionario y populista, que se respira en una parte importante del mundo intelectual francés de hoy. Esta posición, que ha calado profundamente en la opinión pública, es difícil de comprender en España, donde las identificaciones políticas son más o menos binarias y algunos elementos parecen no poder combinarse entre sí.

Captura de pantalla 2015-06-25 a la(s) 09.06.30Así, en Francia es del todo normal que quien tiene un discurso similar al de la izquierda radical respecto al poder de los bancos, las finanzas y las multinacionales sea a su vez profundamente hostil a las políticas «progresistas» respecto a la inmigración, el matrimonio homosexual o el feminismo. En definitiva, se trata de la famosa simbiosis entre la izquierda económica y la derecha moral, muy arraigada en el país galo, en virtud de la cual se considera que el único freno posible al poder de las elites económicas son los valores fuertes y las fronteras. Asimismo e inversamente, se sitúa frente a ellos una supuesta alianza de la izquierda moral y la derecha económica, alianza representada, con mínimas diferencias, por los partidos de centro-derecha y de centro-izquierda. Esta combinación se percibe como natural, pues, siguiendo la vía iniciada por Christopher Lasch, se considera que la inmigración descontrolada, el libertinaje y el relativismo favorecen profundamente el capitalismo descontrolado, y viceversa.

Captura de pantalla 2015-06-25 a la(s) 09.00.49Si la izquierda francesa hubiese mantenido, entonces, un discurso nacional y no hubiese claudicado a la moral progresista, muy probablemente habría conservado gran parte de su otrora enorme base social. Hoy, en cambio, parece destinada a ser la opción de las clases medias-altas urbanas políticamente correctas, una opción muy minoritaria en un país cada vez más volcado a la derecha, que cree que sus elites políticas no representan los valores de una nación revuelta contra el legado del 68. Así, el positivo carácter moderador que ejercen las elites en la política representativa llega, en el caso francés, a un peligroso punto de gran distanciamiento. En este contexto, el Frente Nacional es quien pretende reducir la distancia existente entre políticos y sociedad, abanderando un discurso populista y nacionalista que se mueve, como decíamos, entre la izquierda económica y la derecha moral.

Sin embargo, esta ideología del partido de los Le Pen no siempre fue así: el contexto de la Guerra Fría no permitió, como vamos a ver a continuación, esas combinaciones hoy tan extendidas. Recordemos, en primer lugar, que la forma con que Jean-Marie Le Pen se hizo con el control del Front National en los años setenta responde de manera bastante aproximada al patrón por el cual los partidos radicales entran en el juego de la democracia liberal: dejando atrás un sinfín de familias antagónicas en lucha, desprendiéndose de los miembros más ideologizados y, por ende, menos proclives a aceptar las concesiones del juego político, y embarcando al partido en una senda de acción pragmática. No obstante, tras tentar varias vías programáticas, la verdadera irrupción del FN en la vida política francesa (muy favorecida por un gobierno socialista interesado en fraccionar el voto a la derecha) se produce cuando el partido hace de la “preferencia nacional” su gran bandera transversal. En el resto de cuestiones, o bien oscila erráticamente entre posiciones casi antagónicas, o bien mantiene un perfil bajo para explotar todo el potencial de un variopinto electorado anti-inmigración que, finalmente, ve cómo Le Pen lleva al debate político una gran preocupación social que, como decíamos, hasta el momento era tabú para las elites.

Captura de pantalla 2015-06-25 a la(s) 09.04.33En cualquier caso, esa misma transversalidad que había sido la clave del éxito inicial del partido constituía también un límite natural que el FN sólo podía romper madurando su posición, definiéndose con mayor precisión y superando el rol de ‘partido-protesta’. En este sentido, tanto a Jean-Marie como a Marine se les han presentado siempre dos claras alternativas:

  1. Dar prioridad a su electorado de clase media y convertirse en un partido moderadamente a la derecha del centro-derecha, tal y como ha hecho en Italia la Alleanza Nazionale; esta posición le permitiría llegar a eventuales alianzas de gobierno y ‘normalizaría’ su discurso económico.
  2. Dar prioridad a su electorado popular y mantener un discurso social que atraiga, principalmente, al votante de izquierdas no progresista; esta posición hará que el FN se presente como principal alternativa real a un sistema formado, desde su retórica, por un statu quo liberal y progresista.

Así pues, por un lado Jean-Marie Le Pen, de manera oportuna, dejaba que le apodasen el «Reagan francés» y optó, en principio, por la primera vía. Por otro lado, su hija Marine, en un contexto muy distinto de pérdida de popularidad del capitalismo en los últimos años, ha optado por una vía claramente populista de oposición al liberalismo y a la globalización, una vía en la cual la nación enarbola su faceta más social. Este camino le ha permitido aprovechar al máximo los caladeros de los que, en el fondo, el Frente Nacional ha extraído siempre la mayor parte de sus votos: de los abandonados votantes de izquierda.

Captura de pantalla 2015-06-25 a la(s) 09.01.33Con todo, pese a que, en muchos aspectos, el Frente Nacional representado por Marine es más populista y radical que el derechista Frente construido por el padre, al mismo tiempo, ésta ha conseguido construir un perfil menos «escandaloso» para su partido; es decir: ha conseguido ‘normalizarlo’ llevándolo por una senda de respetabilidad que, pese a lo anterior, no asuste a su electorado de clase media. Y es que, mientras que las salidas de tono radicales del indomable padre eran y siguen siendo constantes y notorias, la hija, muy al contrario, no concede ningún espacio a quienes utilizan la llamada ‘diabolización’. Así pues, el nuevo Frente mantiene un perfil en el fondo y otra en las formas; es una alternativa más o menos radical y populista que, sin embargo, acepta las reglas establecidas y hace suyos, como nunca antes había hecho, la República y sus ideales. En este sentido, Marine parece haber acertado de lleno al ‘republicanizar’ su nacionalismo: la inmensa mayoría de sus electores no son gente de extrema-derecha, sino franceses que estiman que, a día de hoy, la República sólo puede ser defendida con dureza. Éste es, sin duda, un mensaje que ha calado hondo en la política francesa: lo escuchó Sarkozy hace tiempo girando a la derecha la UMP, y hoy creando el partido de Les Républicans. Y, por momentos, también parece escucharlo Manuel Valls cuando presume de firmeza para cautivar al electorado perdido de la izquierda.

Vauvernagues

[Pseudónimo]

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