El eslabón débil, por Alejandro Muñoz González

Fotógrafo: Jordi Bedmar. Gabinete de prensa del presidente. Generalidad de Cataluña

Cataluña ha perdido Madrid. Lo manifiesta la descomposición del hombre que pontificaba desde el Palace. Quien fuera Barcelona en la Corte, el arquetipo de señor catalán, Duran i Lleida, ha perdido las elecciones. Descuartizado y sustituido por el primitivismo de Junqueras. El fracaso de Unió es la desaparición del catalanismo. Del catalanismo como fuerza política española que sabía cómo exprimir a los políticos de Madrid, que posibilitaba gobiernos y sacaba tajada, que hacía y deshacía en Cataluña consciente de la impunidad que le otorgaba su catalanidad.

Cataluña ha sido CiU igual que Andalucía es el PSOE, el País Vasco es el PNV o Valencia fue el Partido Popular. Autonomías diseñadas por y para unas elites partidistas que hicieron de las instituciones regionales una extensión de los aparatos de partido. Pero ahora todo eso está llegando a su fin. En pura lógica marxista, el catalanismo ha engendrado a sus propios sepultureros. Tenemos al padre de la patria, Pujol, con todas las podredumbres al aire. Y las elecciones plebiscitarias han concitado el mejor resultado para los constitucionalistas que se recuerde en años. En dos direcciones distintas pero igual de mortíferas el procés está acabando con todo lo que nos han hecho creer siempre que era Cataluña.

(Foto: Rubén Moreno / Gabinete de prensa del presidente. Generalidad de Cataluña)

(Foto: Rubén Moreno / Gabinete de prensa del presidente. Generalidad de Cataluña)

Mas ha destruido el centro derecha catalán. Ha acabado con treinta años de rentable complicidad y lucrativo victimismo. Treinta años de palo y zanahoria. El president en funciones ha dinamitado todo el patrimonio político que suponía CiU y ha hurtado a la clase política catalana una influencia en Madrid como ninguna otra tenía. Cuando la derecha catalana reflexione se lamentará de todo cuanto ha perdido y se dará cuenta que ha entregado a unos reaccionarios su todopoderosa Generalitat y todo por una quimera. Dentro de poco el votante tradicional de Convergencia descubrirá su desamparo. Si yo fuera hoy un catalán catalanista de toda la vida estaría furioso con Mas por haber sido el eslabón débil de la cadena.

Cataluña no volverá a ser la misma tras esta tragicomedia y la forma en que cambie determinará a España. Lo que está claro es que hasta ahora el resultado es la devastación de la derecha catalana. Aún queda diciembre y la manera en que los independentistas comparecen a la cita nacional (cuando Convergencia era Convergencia sabía que para mantener Barcelona había que tener Madrid), entonces sabremos cuanto se puede hacer aún el ridículo.

 

Alejandro Muñoz González | Politólogo y socio fundador del Foro para la Concordia
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