Desigualdad, libertad y la búsqueda de la felicidad, por Gonzalo Schwarz

Traducción y edición del artículo original en inglés de Ignacio Ibáñez Ferrándiz

Mi esposa Stephanie y yo emigramos a los EE.UU. hace ocho años. Dejamos atrás países latinoamericanos incapaces de ofrecernos las oportunidades necesarias para progresar económicamente Al llegar, comprobamos de primera mano lo que hace de los EE.UU. un país excepcional: sus instituciones y el gran aprecio a la cultura del emprendimiento.

Mi esposa y yo pensamos que nunca podríamos haberles hecho un mejor regalo a nuestros hijos que el de haber nacido en los EE.UU., pues aquí podemos decirles sin miedo a equivocarnos que pueden llegar a ser lo que quieran. Creemos que este país ofrece las mejores oportunidades del mundo. No obstante, tanto la izquierda como la derecha están hoy de acuerdo en que la movilidad económica está estancada. La movilidad económica es básicamente la capacidad o posibilidad que una persona tiene para moverse de un estrato económico a otro, ya sea en términos absolutos, comparándose con su propia posición, o de manera relativa, con su posición frente a otras personas.

Las campañas políticas rara vez se centran en problemas económicos de fondo, pero la campaña presidencial de 2016 en EE.UU dejó entrever un destello al centrarse ambos partidos en la necesidad de fomentar oportunidades económicas. A pesar de que una marea de ataques y acusaciones personales a menudo ahogaron este punto, los candidatos y los partidos centraron gran parte de sus discursos en revitalizar el “sueño americano”. Aunque acertaron al prestar atención a este problema, parece que lo hicieron ignorando las verdaderas barreras que están impidiendo que los estadounidenses persigan sus sueños.

Los padres fundadores de los EE.UU. se preocuparon por que sus ciudadanos tuvieran oportunidades de progresar, pero no pusieron el acento, como se hace en el mundo moderno, en la desigualdad de resultados sino más bien en una desigualdad de oportunidades. Las investigaciones contemporáneas sobre desigualdad de ingresos y movilidad económica no se ajustan a la realidad; se centran en los síntomas o las consecuencias. Dichas investigaciones se centran en la movilidad residencial y ciertos factores sociales, como los nacimientos en contextos no matrimoniales y el depender de asistencias sociales, los cuales son factores importantes pero no explican por sí solos qué impide la movilidad económica.

Miles Corak, un economista de la Universidad de Ottawa especialista en estos temas, al correlacionar en un gráfico la movilidad de ingresos (o económica) con la desigualdad, mostró que los países con baja movilidad también tienen una alta desigualdad. El gráfico de Corak fue después bautizado por Alan Krueger, un profesor de Princeton que fue presidente del consejo de asesores económicos del presidente Obama, como la “curva del Gran Gatsby”. En ella, los países escandinavos obtenían mejores resultados—menor desigualdad y mayor movilidad—que EE.UU. o Reino Unido—mayor desigualdad y menor movilidad—. España se sitúa en la curva entre esos dos grupos de países industrializados, teniendo una movilidad y desigualdad medias.

Algunos autores criticaron la curva porque entendían que mostraba una correlación débil y sin fundamento causal. El propio Corak precisa que “al analizar un grupo más numeroso de países, he encontrado que los países con rentas más bajas ocupan un lugar aún más alto en la curva del Gran Gatsby que los de la OCDE, pero esto probablemente se deba a factores estructurales que no son tan relevantes en el ámbito de los países de rentas altas”.

Esos factores estructurales a los que se refiere Corak pueden sin embargo ofrecer reveladoras explicaciones sobre los obstáculos a la movilidad de ingresos. Podemos pensar en algunos ejemplos de estas barreras ilustrados por algunos índices que miden la capacidad de un país, en este caso EE.UU., para generar nuevas empresas, competir a nivel mundial, y mantener instituciones y un Estado de Derecho sólidos. Firm entry, que mide el porcentaje de empresas de menos de un año en relación al número total de empresas existentes, muestra que mientras que el porcentaje de nuevas empresas era del 15 por ciento en 1978, en 2011 pasó a ser de un 8 por ciento. El ranking Doing Business, elaborado por el Banco Mundial, a pesar de situar a EE.UU. en octava posición en total, lo coloca en el puesto 51 en materia de facilidad para abrir un negocio, lo que podría explicar por qué ha decrecido sustancialmente la formación de nuevas empresas. En el caso de España el ranking clasifica al país en la posición 32 a nivel mundial y en la posición 85 en la categoría de facilidad de abrir un negocio. El Global Competitiveness Index, que realiza el Foro Económico Mundial, sitúa a los EE.UU. en tercera posición en total, pero en materia de instituciones lo sitúa en una pésima vigesimoctava posición, lo que muestra una debilidad estructural seria. De manera aún más preocupante, el índice “Estado de Derecho” del World Justice Project sitúa a los EE.UU. en decimoctava posición en el mundo, lo cual cuestiona la reputación que el país tiene como una de las luminarias de la justicia y del debido proceso en el planeta. En el caso de España el ranking de competitividad pone al país en la posición 32 con sus instituciones en la posición 55. En cuanto a Estado de Derecho, el World Justice Project clasifica al país en la posición 24 pero de tan solo 113 países.

Estos índices son imprecisos pero al analizarlos en conjunto muestran un claro declive en la cultura del emprendimiento y en la fortaleza del Estado de Derecho en los EE.UU., los pilares fundamentales en que se asienta la movilidad económica.

El Archbridge Institute es una nueva organización que pretende precisamente revitalizar el sueño americano y mejorar políticas públicas tanto a nivel local como internacional que afecten a la movilidad economía y a la desigualdad de oportunidades, analizando y tratando de resolver estos problemas. Para ello, el instituto desarrolla, financia y disemina proyectos de investigación académica y política que tienen por objetivo eliminar las barreras que impiden la movilidad económica reivindicando los principios de la responsabilidad individual, el Estado de Derecho y la cultura del emprendimiento. Desde un punto de vista multidisciplinario, queremos investigar las causas de la falta de movilidad económica y encontrar soluciones para aumentarla.

En el camino que he transitado hasta fundar este instituto, he tenido el privilegio de contar con mentores como Alejandro Chafuen, presidente de ATLAS y miembro del Consejo Asesor de Floridablanca, Leonard Liggio y Tom Palmer. Uno de ellos, el presidente del American Enterprise Institute, Arthur Brooks, siempre me aconseja que explique por qué hago las cosas que hago. Así que le haré caso: hago lo que hago porque revitalizando el sueño americano estoy yo mismo realizando mi propio sueño americano que es, fundamentalmente, contribuir lo más posible a promover la eliminación de barreras a la movilidad económica y aumentar las oportunidades y la esperanza de un futuro mejor para todos, incluidos mis hijos.

También hago lo que hago porque pienso que el papel de los empresarios en nuestra sociedad está claramente infravalorado, y ese es uno de los principales obstáculos para el verdadero progreso de nuestras sociedades. Al denigrar la creación de riqueza que generan los empresarios, se está atacando la dignidad humana. Deirdre McCloskey, una gran economista que ha mostrado en sus obras el crucial papel de los empresarios en el desarrollo histórico de nuestras sociedades, señala que “las ideas de la dignidad humana y de la libertad son la clave. (…) Fueron las ideas (…) las que dieron lugar a nuestro desarrollo económico y con él vinieron nuestras libertades modernas”.

La gente no emigra a los EE.UU. por el béisbol o por Disneyworld. Con seguridad, tampoco lo hacen por las Kardashians. Las personas vienen a los EE.UU. porque, buscando mejorar sus vidas y las de sus hijos, reivindican su dignidad y su libertad.

Gonzalo Schwarz

Presidente y CEO del Archbridge Institute, un think tank con sede en Washington D.C. que tiene por objeto el estudio de las políticas públicas necesarias para eliminar las barreras que frenan la movilidad económica

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