Democracia vs. Partitocracia: El populismo democrático, por Manuel Pastor

IMG_0878Cabe una acepción positiva y razonable del populismo, término que tradicionalmente ha tenido unas connotaciones negativas, generalmente izquierdistas y anti-sistema, tanto en el léxico político como en la historiografía de las ideologías. Es probable que este nuevo significado positivo se deba a la tradición generalmente democrática del populismo en los Estados Unidos (desde Teddy Roosevelt hasta el Tea Party) frente a un Establishment bipartidista “sui generis”, ya que los partidos políticos americanos, a diferencia de los europeos, siempre han sido organizaciones laxas, flexibles, sin estructuras jerárquicas y disciplinarias, como grandes coaliciones de intereses y corrientes ideológicas afines, actuando más bien como maquinarias electorales que como oligarquías políticas permanentes. En otras palabras, Estados Unidos se ha beneficiado de un sistema democrático perfectible en claro contraste con los sistemas partitocráticos incorregibles de Europa.

Históricamente, a partir de 1900 en Estados Unidos se producirá un punto de inflexión que va a condicionar el sistema de partidos, profundizando las pautas democráticas en su cultura política. Por una parte, la adopción del sistema de elecciones primarias para la selección de candidatos, algo que se venía ensayando en algunos Estados, pero con el nuevo siglo se establecerán con carácter permanente, primero en Minnesota y en Wisconsin, y progresivamente en otros Estados. Por otra parte, la aparición de un movimiento/partido, populista/progresista, que a diferencia del populismo tradicional americano, en cierto modo anti-sistema y con pulsiones colectivistas (desde los Know-nothing hasta el People´s Party de W. J. Bryan en la década de 1890) se afirmará como defensor de las libertades individuales, de un capitalismo con fundamentos éticos, contra la partitocracia y la corrupción del Establishment, apoyándose precisamente en el nuevo instrumento de las primarias.

Theodore Roosevelt (© Lehigh County Historical Society / Wikimedia Commons)

Theodore Roosevelt (© Lehigh County Historical Society / Wikimedia Commons)

Theodore Roosevelt será el iniciador de este nuevo populismo, democrático y constitucional, tras terminar sus dos mandatos presidenciales, con la plataforma progresista del “Nuevo Nacionalismo” (1910) y su candidatura presidencial como líder del Partido Progresista Nacional (Bull Moose Party) en 1912. El tercer intento presidencial de TR fallaría, pero su campaña contribuyó a inocular algo definitivo en el proceso de democratización de la cultura política americana: las elecciones primarias directas, la elección directa de los senadores, el voto femenino, la publicación de los gastos de campaña, etc., aparte de un esbozo inicial de Welfare State, como ha analizado mi amigo el politólogo Steven J. Rosenstone, hoy canciller del sistema universitario del Estado de Minnesota[1].

Precisamente en el Estado de Minnesota se instaura en 1901 el sistema de elecciones primarias en algunos condados y distritos, y en Wisconsin se hará en la totalidad del Estado ya en 1903. En ambos casos se establecen por ley estatal, es decir, no por voluntarismo exclusivo de los partidos –que las practicaron en algunos casos aislados como experimentos democratizadores-, siendo los precedentes históricos de las elecciones primarias americanas en el siglo XIX[2].

Con el inicio y establecimiento gradual de las primarias en la democracia americana, se generará una literatura crítica sobre los partidos políticos, que apoyándose en la sociología de las élites y oligarquías (Mosca, Pareto, Costa, Ortega…), pergeña el concepto de oligarquía partidista o “partitocracia” (Ostrogorski, Michels, Duverger…). La voluminosa obra de Mosey Ostrogorski, Democracy and the Organization of Political Parties[3] dedica precisamente el segundo volumen a los partidos en la democracia estadounidense y percibe el impacto que en un futuro van a tener las primarias como antídoto a la partitocracia. Si Ostrogorski analizó los partidos burgueses, Michels extenderá la tesis de la “ley de hierro de la oligarquía” a los partidos y sindicatos obreros. Merece recordarse la obra del pensador conservador español Gonzalo Fernández de la Mora, La Partitocracia[4], publicada coincidiendo con la irrupción de los partidos políticos –auténtica sopa de letras- y las primeras elecciones en nuestra joven democracia.

Sin entrar ahora en otras cuestiones relativas al sistema electoral, sin duda esenciales para una profunda reforma democrática que tendremos que abordar en algún momento, destaquemos la importancia de la institución básica de las primarias y el modelo ideal que se ha depurado en el proceso histórico de la democracia americana: su carácter individualista y espontáneo (de los candidatos) frente a las listas de los partidos elaboradas por los dirigentes; su carácter abierto y directo ante todos los electores frente a los sistemas cerrados de los partidos y sus miembros o militantes; y su regulación por los poderes legislativos de los Estados y no por el arbitrario de los partidos.

zeigefingr-262103_1920La partitocracia ha sido favorecida por las peculiaridades de los sistemas parlamentarios en Europa (basados en la fusión de los poderes legislativo y ejecutivo), mientras que el sistema “presidencialista” en Estados Unidos (de estricta separación de poderes) ha facilitado la autonomía individualista de los candidatos ante el electorado. No olvidemos que las primarias son elecciones dentro de los partidos para la elección del poder legislativo (Congreso) y del poder ejecutivo (Presidencia), y asimismo se practican para todos los puestos electivos estatales y municipales.

Finalmente, para completar el cuadro, conviene tener en cuenta lo que algún politólogo ha denominado las “primeras primarias”, es decir, la capacidad de los potenciales candidatos individuales de consolidar una organización propia, o “mini-partido” (cuyo índice significativo es, sobre todo, la capacidad de obtener la mayor cantidad de dinero de los simpatizantes y donantes) con antelación al calendario propiamente dicho de las primarias en cada ciclo electoral.

La expresión puritana invocada en las colonias “Vox Populi, Vox Dei” (y su traducción constitucional “We the People”) subyace en la mística del populismo democrático que ha encontrado en las elecciones primarias su estructura fundacional.

Manuel Pastor

[Catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional de la UCM y miembro del Consejo Asesor de Floridablanca]

Notas |

[1] S. J. Rosenstone y otros,Third Parties in America. Citizen Response to Major Party Failure, Princeton University Press, 1984, páginas 85-86

[2] Clarence Hein, The Adoption of Minnesota Direct Primary Law, tesis doctoral todavía inédita -según creo- presentada en la Universidad de Minnesota, St. Paul-Minneapolis, 1957, aunque se publicó un extracto de la misma en la revista Minnesota History, December 1957

[3] Macmillan, Democracy and the Organization of Political Parties, London, 1902.

[4] Gonzalo Fernández de la Mora, La Partitocracia, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977.


floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Son las elecciones primarias en los partidos la solución a la partitocracia que impera en España? ¿Se puede imponer un sistema de primarias como se hizo en los EE.UU. o debe ser libre elección de cada partido? ¿Cuál es el mejor sistema de primarias para elegir un líder de un partido? ¿Es mejor un sistema de listas abiertas?

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