Deconstruyendo Podemos en la Conferencia del PP, por Luis Asúa Brunt

La conferencia política del PP se celebra en estos días y con estos calores. Mal mes para pensar y discutir, aunque es bueno que, al fin, se ocupe algo del espacio en los medios de comunicación. Apunto una cuestión que entiendo crucial y que no sé si estará en la agenda.

Uno de los problemas más interesantes e intensos de la actualidad es cómo afrontar el debate con Podemos.

Por un lado, hay que evitar que Podemos ocupe el espacio político, lo que se denomina la centralidad o el protagonismo, de nuestra vida política. La razón es obvia: dar pábulo implica ayudar a Podemos en su intención de convertirse en la única alternativa al PP una vez laminada IU. Su objetivo inmediato es “pasokizar” al PSOE hasta dejarlo en la irrelevancia. El Partido socialista griego PASOK, que ha gobernado Grecia durante muchos años, tiene hoy algo menos del cinco por ciento del electorado cuando -coincidencias con España-  desde 1981, año en que ganó sus primeras elecciones, siempre se había movido en más de cuarenta puntos porcentuales del electorado.

Por otro lado, no hay que minusvalorar a Podemos, que ha obtenido en muy poco tiempo un éxito fulminante y va cumpliendo todos los hitos de su estrategia de convertirse en la primera fuerza de la izquierda española.

(Foto: Vicente José Nadal Asensio / Flickr)

(Foto: Vicente José Nadal Asensio / Flickr)

No hay que infravalorar tampoco sus intenciones totalitarias. Su proyecto ideológico está trufado de totalitarismo, de rechazo total de la sociedad liberal y de intervencionismo máximo. Pretenden una sociedad redistributiva en la que la iniciativa privada será eliminada o, mejor aun, extinguida en una nueva cultura común (hegemonía) en la que no cabe la mayoría de  España: La España que representa el PP y la izquierda más moderada.

Podemos es un partido que acoge un número de movimientos o “mareas” que en una relación de equivalencia (no entraremos en más profundidades) se institucionalizan en una sola voz que es la de Iglesias y Podemos.

Por tanto y siguiendo mi razonamiento, que hay que evitar que copen el espacio político, la centralidad a la que me refería antes, debemos “deconstruir” Podemos y afrontar cada uno de esos movimientos o “mareas” que lo integran. O al menos a las cuestiones más importantes pues la heterogeneidad de demandas sociales es muy grande.

Pero tampoco hay que olvidar una cuestión general, una sóla.  Y es que no se pierdan voces como la de Aguirre, que acierta al denunciar el neo-comunismo de Iglesias y Cía. Ahí está la clave, negar y denunciar el timo del “transversalismo”. Podemos es, hoy sólo, un partido transversal que intenta incorporar a su movimiento un amplísimo espectro social, mucho más allá del voto tradicional de la masacrada IU. Reitero: son lobos con piel de oveja que pretenden un tipo de sociedad que ha dado numerosos ejemplos de fracaso a lo largo de la historia.

También es esencial que el PSOE se incorpore al debate. Más que una gran coalición es necesario que el PSOE recupere su espacio en el debate. El PSOE sí es un partido transversal y no puede perder esta vocación. El que el PSOE se envuelva en la bandera de España a estas alturas implica que renuncia a pelear por la recuperación del electorado que apoya a Podemos.

Reitero, no pido una gran coalición, sino un debate constructivo, con acuerdos, y a tres bandas. La agenda, sin reconocer la centralidad, sería los movimientos que se integran en Podemos.

Y así, por ejemplo, hay que debatir y llegar a un acuerdo sobre la cuestión de los desahucios con la dación en pago y, en su caso, si es posible mediante un alquiler capitalizado.

Afrontar las mareas sanitarias denunciando y entrando en el debate a fondo de los distintos modelos de gestión y su eficacia es cuestión de todos. No tiene sentido que el PSOE haga una gestión mixta en Andalucía y denuncie donde no tiene el poder. Y publicitar, que pese a que alguno diga que nuestra sanidad es tercermundista, tenemos una expectativa de vida de 82 años, dos años menos que el líder, Japón, y por encima de casi todos los países de la UE.

(Foto: Vicente José Nadal Asensio / Flickr)

(Foto: Vicente José Nadal Asensio / Flickr)

Debemos demostrar que un sistema de educación privada y pública pueden convivir. Reconocer que los conciertos son obra del PSOE de los ochenta. Y que la apuesta debe ser la excelencia, de donde estamos muy lejos de cualquier ratio aceptable. Hablemos del cheque escolar como posible solución, o el sistema de cooperativas de padres que ha revolucionado el panorama educativo en el Reino Unido y Suecia. También hay que poner en orden a los currícula, y redefinir la comprensividad. Creamos en nuestros principios y en que el acicate de la competitividad y el esfuerzo van a eliminar mucha anomia, que es, al final, el problema más acuciante en nuestra sociedad.

Explicar que el modelo productivo está cambiando y que por eso generamos empleo con tasas bajas de crecimiento. Que no podemos volver a la vieja receta de gasto público y a la inversión en ladrillo o en servicios de poco valor añadido para crear un empleo barato y efímero. Profundicemos en el nuevo modelo de empresas que exportan, competitivas y que requieren de capital para desarrollar nuevos productos.  Tenemos el talento para hacerlo.

Busquemos un acuerdo para generar empleo joven. Es absolutamente necesario ocupar, aunque sea parcialmente, a los jóvenes. Este es el verdadero cáncer de nuestro país.

Resolver la corrupción. Hay que echarle más voluntad política. Dar más medios a los jueces, fiscales y policías. Habrá injusticias que deberán ser indemnizadas, pero nuestro compromiso debe ser firme. La democracia interna es un clamor de los ciudadanos. Hay que sacrificar poltronas y retiros dorados.

Como anticipé, esta relación no agota el catálogo de activistas o movimientos sociales, pues la diversidad es inmensa, pero creo que son las cuestiones más importantes. Una referencia rápida a las que dejo sin tratar podría ser: la cuestión de  la sociedad de la información. Hay que recordar que la acampada del 15M surge contra la Ley Sinde, las cuestiones de orientación sexual, movimientos okupas, animales, TTIP, etcétera.

“Deconstruir” Podemos implica afrontar problemas muy importantes y necesarios de nuestra sociedad y también dar respuesta a las muchas corrientes, pero de una en una. Esta atomización permite romper la centralidad del proyecto del partido Podemos, por lo que perderá protagonismo en favor de las distintas corrientes. Creo que esta es la clave para desalojarlos de la centralidad que tienen actualmente en la política española. Sino mucho me temo que la diabólicamente inteligente operación política que hay detrás de Podemos llegue a su objetivo final, el poder nacional, y con su deriva totalitaria nos pasemos muchos años, sino décadas lamentándonos.

Luis Asúa Brunt

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