Cruz vs. Rubio: Campaña presidencial USA-2016 con sabor hispanoamericano, por Manuel Pastor

Marco Rubio (izquierda) y Ted Cruz (derecha) (Foto: Gage Skidmore / Flickr)

Marco Rubio (izquierda) y Ted Cruz (derecha) (Foto: Gage Skidmore / Flickr)

El tradicional término “hispanoamericano” hoy ha sido desplazado por el de “latinoamericano” (por influencias francesa e italiana) y por el de “iberoamericano” (por influencia portuguesa), pero en los Estados Unidos se sigue utilizando preferentemente el adjetivo “hispano” para referirse a los individuos, la cultura o términos en la lengua de la Hispanidad, y a la creciente comunidad (legal e ilegal) dentro de la nación americana, esa gran “nación de naciones” como la calificó Walt Whitman, no como mosaico confederal sino como resultado de un melting pot federalista (expresión que también utilizará nuestro Azorín en su ensayo “Los norteamericanos” de 1918, desmarcándose del tradicional “arielismo” y anti-americanismo del 98).

Un gran embajador estadounidense en España, asimismo gran historiador de la Universidad de Columbia y conocedor de nuestra historia, Carlton J. H. Hayes, escribió en 1944 un prólogo para una biografía del hoy santo Fray Junípero Serra, en donde afimaba: “Los españoles se limitan a considerar la América Latina como tope de la Hispanidad; pero yo diría que todas las Américas son España y España es toda América”. Es lo que pensaba también otro gran embajador de esa gran nación –en mi opinión el mejor informado y cualificado para el cargo en España desde la Segunda Guerra Mundial- el “hispano” cubano-americano, Eduardo Aguirre.

Desde el censo de 2010, dicha comunidad ha superado ya con creces los 55 millones de personas, lo que la convierte en un bloque electoral muy importante.

Aunque tradicionalmente los hispanos mayoritariamente apoyaban al Partido Demócrata, desde el 2000 el panorama se ha hecho más complejo y hemos asistido a la emergencia de líderes políticos hispanos en el campo conservador del Partido Republicano (embajadores, ministros y congresistas federales, gobernadores estatales, etc.). Un punto de inflexión puede ser la actual campaña de las elecciones presidenciales y generales de 2016, en las que dos destacados candidatos republicanos, con ancestros españoles, pueden jugar un papel decisivo en las primarias presidenciales: Marco Rubio, senador de Florida, y Rafael “Ted” Cruz, senador de Texas.

Ambos cubano-americanos, y ambos promovidos por el movimiento regenerador anti-Establishment del Tea Party (Entre paréntesis: algunos ignorantes periodistas del programa La Noche en 24 Horas de TVE vienen repitiendo que tal movimiento –al que no pertenece Donald Trump- es de “extrema derecha”, que ha fracasado y ha desaparecido… Aunque lo piensan, no se atreven a calificarlo de “fascista”, como hizo hace tiempo el prestigioso crítico literario de Yale, e inepto político, Harold Bloom).

Los cubano-americanos, como los puertorriqueños, generalmente se quieren diferenciar de los “hispanos” (de origen mejicano o sudamericano), pero no hay duda de que todos son hispanoamericanos. Los padres de Rubio, ambos, eran nativos cubanos que emigraron a los Estados Unidos en 1956. El padre de Cruz lo hizo después de la revolución castrista, y se casó con una ciudadana estadounidense. Quizás ello explica que Rubio hable español con más fluidez que Cruz. Éste lo compensa con una mayor sofisticación intelectual y legal de su inglés (hay que recordar que es graduado de la Escuela de Derecho en la Universidad de Harvard, como Obama). Si el actual presidente era el estudiante favorito del profesor de Derecho Constitucional progresista Laurence Tribe, el hoy candidato presidencial Cruz lo era de los profesores más conservadores, e incluso del reputado profesor demócrata y pro-Israel Alan Dershowitz.

El penúltimo debate pre-primarias de los candidatos republicanos, organizado por FBN (FOX) y WSJ, tuvo lugar el pasado 10 de noviembre en Milwaukee, Wisconsin, estado en el que se fundó en 1856 el partido Republicano  –GOP-  que llevaría a Lincoln a la Presidencia en las elecciones de 1860. La mayoría de las encuestas sobre dicho debate y las opiniones de los expertos coincidieron en que Ted Cruz y Marco Rubio fueron los ganadores en la noche de Milwaukee, aunque las encuestas generales seguían dando una cierta ventaja a Trump y Carson.

En realidad fue un punto de inflexión hacia una  tendencia, que se ha consolidado, de ascenso sostenido de los dos candidatos cubano-americanos. Partiendo de la última encuesta nacional de FOX (22 de noviembre) sobre las primarias republicanas, observamos los siguientes resultados: Trump, 28%; Carson, 23%; Cruz, 14%; Rubio, 14%; Bush, 5%; los demás candidatos se quedan en torno al 3% o menos. La misma encuesta ofrece una muestra de la popularidad en las redes sociales (concretamente en Twitter), en la que destacan sobre los demás Trump y Cruz.

Una encuesta posterior, sobre Iowa, sitúa a Cruz muy cerca de Trump, y paralelamente, el senador tejano ha obtenido el importante aval (endorsement) del popular y prestigioso representante conservador en el Congreso federal por Iowa, Steve King, y del sector evangélico, muy importante en este estado.

Otra encuesta general posterior del reputado centro de la Quinnipiac University (2 de diciembre), arrojaba los resultados siguientes (indicando la variación respecto a la anterior del mismo centro): Trump, 27% (gana 3 puntos); Rubio, 17% (gana 3 puntos); Cruz, 16% (gana 3 puntos); Carson, 16% (pierde 7 puntos).  Es decir, Trump se mantiene como líder; Rubio y Cruz siguen virtualmente empatados, ambos subiendo; y Carson inicia su aparente descenso. En fin, otra posterior de la CNN (5 de diciembre) sitúa a Trump y a Cruz como líderes… (El candidato oficialista Bush queda relegado al 3 %). Y el 7 de diciembre, nueva encuesta para Iowa, situaba por primera vez a Cruz por delante de Trump.

Aunque Cruz y Rubio tienen algo en común, el primero se ha convertido en el símbolo del republicanismo conservador anti-Establishment, mientras Rubio ha sido cooptado por el Establishment republicano para simbolizar la necesaria regeneración desde dentro: sus diferencias más importantes residen en el problema de la inmigración ilegal. Cruz es más estricto, más próximo a Trump aunque discrepen en algunos métodos; mientras Rubio está más próximo a Bush y el Establishment a favor de una amnistía. Cruz piensa que Rubio es más tibio en este tema porque está apoyado por el  “Cheap Labor lobby”. Otra discrepancia entre ellos, que Cruz posiblemente va a explotar en los próximos debates es que Rubio ha apoyado los subsidios al lobby del azúcar. The Wall Street Journal  ha llegado a calificar a Rubio Sugar´s Baby, por sus conexiones con el empresario cubano-americano Fanjul, el “rey del Azúcar”.

No oculto al lector que, aun reconociendo los méritos de Rubio, mi favorito es Cruz (en esta especie de “concurso-oposición” la memoria política de Rubio, An American Son, Sentinel, New York, 2013, en mi opinión es mucho menos interesante, inteligente y sustancial que la de Cruz, A Time for Truth, HarperCollins, New York, 2015). Si el héroe político de éste es Ronald Reagan (Jeffrey Toobin, “The Absolutist”, The New Yorker, June 30, 2014, p. 36), el de Rubio, como reconocía él mismo recientemente (The Wall Street Journal, December 12-13, 2015, p. C11) es Jack Kemp, famoso jugador de fútbol americano y después político. La biografía de Rubio, a mi juicio, presenta perfiles de una personalidad, a veces, un poco inmadura, como su adhesión temporal al Mormonismo, o su excesiva fascinación por el fútbol americano, ese deporte tan raro en la tradición hispana o cubano-americana, probablemente legado de una educación universitaria de menos calidad, en Florida, que la recibida por su rival en Harvard. Kemp fue el candidato a vicepresidente en 1996 con Robert Dole, el cooptado por el Establishment GOP, y uno más en la clásica línea de los grandes perdedores como Gerald Ford, George Bush Sr. (en su reelección), John McCain, y Mitt Romney, que en la presente campaña representan típicamente Jeb Bush y en cierta medida, como alternativa, Marco Rubio, pese a sus orígenes populistas en el Tea Party.

Estamos todavía en una fase previa, muy temprana, de la larga carrera hacia la Casa Blanca. El “factor Trump”, pese a los esfuerzos del Establishment republicano, es una incógnita todavía no despejada, y no comparto la mayoría de los prejuicios sobre él de los medios de comunicación nacionales e internacionales (incluidos los conservadores), aunque tengo mis reservas sobre su estilo abrasivo. A partir de febrero, con el comienzo de las elecciones primarias, veremos si se van confirmando algunas hipótesis.

A mediados de diciembre se ha publicado una nueva encuesta en la que Cruz aventaja notablemente a Trump en Iowa, lo cual ha desatado los celos del empresario neoyorquino y la polémica entre ellos. Dos populares comentaristas conservadores de la radio, Mark Levin y Rush Limbaugh, han salido en defensa de Cruz frente a los ataques ahora de Trump y antes de Rubio, insinuando que ambos utilizan contra el senador de Texas los mismos argumentos que el Establishment Republicano/Demócrata, lo que Cruz ha venido llamando el “Cártel de Washington”, la partitocracia y la corrupción dominantes hoy en la política norteamericana, que también han denunciado otras voces genuinamente conservadoras como Newt Gingrich, Sarah Palin, Sean Hannity, Ann Coulter, Laura Ingraham, o los mencionados Levin y Limbaugh.

En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que el “factor hispanoamericano” va a jugar un importantísimo papel, no solo por el numeroso electorado en dicha comunidad sino también, por primera vez, por los candidatos republicanos “hispanos” Cruz y Rubio a la presidencia (o vicepresidencia) de los Estados Unidos.  

El último debate del año para las primarias republicanas tuvo lugar la noche del 15 de diciembre de 2015 en Las Vegas (Nevada). Unos nombres tan hispanos como el de la ciudad y el estado, fueron el marco adecuado para el enfrentamiento entre Cruz y Rubio. Trump se mantuvo discretamente sin ganar ni perder, pero Bush tuvo otra oportunidad fallida. Coincido con los analistas Andrea Tarantos y Sean Hannity de que el triunfador absoluto de la noche fue Rafael “Ted” Cruz. Incluso Bill O´Reilly reconoció que la brillante exposición del senador de Texas dominó la mayor parte del debate.

En el tema de la inmigración ilegal, Rubio se quedó sin argumentos cuando quedó patente su colaboracionismo con los demócratas (la “banda de los ocho” y el cheque en blanco a Obama), aparte de insinuar maliciosamente falsedades sobre su rival cubano-americano. Cruz, por su parte, esbozó una estrategia de seguridad nacional frente al terrorismo islamista muy sofisticada (en una línea similar a la del dirigente israelí Bibi Netanyahu), que merece un análisis detenido en otro momento, pero que subrayaba precisamente un control más riguroso de las fronteras y de los flujos inmigratorios.

Casi todas las encuestas desde entonces han destacado, aparte de Donald Trump, la preferencia de los encuestados por las candidaturas de Ted Cruz y de Marco Rubio -en ese orden- en la media nacional.

Postdata:

Tras escribir este ensayo, he podido comprobar que National Review publicó otro con el mismo título: Ramesh Ponnuru, “Cruz vs. Rubio” (Dec. 31, 2015). Asimismo, el semanario TIME acababa de publicar el artículo de Philip Elliot y Zeke J. Miller, “Marco vs. Ted” (Dec. 14, 2015); finalmente, National Review ha vuelto sobre el asunto con el ensayo de Eliana Johnson, “A Cruz-Rubio showdown would electrify conservatives” (Jan., 2016).

Manuel PastorCatedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional de la UCM y miembro del Consejo Asesor de Floridablanca
FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías